240 DÍAS LABORABLES Una historia real de Karlos Martinez

240 DÍAS LABORABLES Una historia real de Karlos Martinez

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***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

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240 DÍAS LABORABLES son una historia real con tintes dramáticos. Un hombre normal se compra una casa. El día que firma esa compra no sabe que está iniciando un camino que cambiará su vida, y que lo arrastrarán a una condena. 240 DIAS LABORABLES
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Lectura de prueba de novela 240 DÍAS LABORABLES Una historia real
Normalmente, cuando se empieza un libro basado en hechos reales, es necesario apostillar con esa célebre frase de: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…´
Con eso, nos ahorramos posibles problemas por si alguien se siente identificado, el problema es que cuando quieres contar una historia real, lo que deseas es contar algo para que sirva a otras personas que pasen por los mismos avatares.
Y eso nos lleva a un conflicto semántico que intentaré resolver de una forma que probablemente sea Salomónica:
La obra que les presento a continuación, es una historia real, sin embargo, algunos de los personajes de esta obra, son inventados, otros están adaptados, siempre con motivos dramáticos, pero el fondo de la trama, ese es real, desde luego es muy real, es tan real que muchos de ustedes mis apreciados lectores se sentirán identificados, muy identificados con la historia que les voy a desvelar, incluso algunos de ustedes se sientan terriblemente identificados.
Aquí debería incluir una descripción de la obra, y quizá una explicación del tema. Pero solo voy a adelantar una certeza: 240 Días Laborables son una condena, una terrible condena a la que se enfrentará un hombre... ¿inocente? Desearía que ustedes, estimados lectores sean los jueces de este relato. Desvelemos pues el misterio…
CAPITULO PRIMERO
CUANDO EMPIEZA LA HISTORIA
Apenas cumplía treinta años y me enfrentaba a una crisis de identidad, creo que así empezó todo. La mera idea de hacerme mayor me aterraba, treinta años ya, y no tenía absolutamente nada, o eso creía yo…
Bajando por la empinada calle en la que vivía solo unas casas antes, me encontré un inocente cartel que ponía: SE VENDE y pensé
debo comprarme una casa, donde mi familia pueda vivir en paz´ y eso quedó así. Pero apenas dos días después vi a un señor en el interior. Resultó ser de la agencia que tenía la exclusiva de la venta de la casa.
Ansiaba ver esa casa
-Buenos días, mi nombre es Carlos ¿Está en venta aun?
-Buenos días, la casa está en venta aunque debo enseñarla en unos minutos, mi nombre es Javier, es un placer conocerle,-dijo mientras me estrechaba la mano-¿estaría interesado en comprarla?
-La verdad es que nunca me lo había planteado, pero me gustaría verla al menos
Nos citamos para el día siguiente a las doce del mediodía y cruce de acera para caminar los diez metros que me separaban del portal donde vivía hasta aquel momento.
Abrí la puerta y entré en el portal, me sentí extrañamente aliviado, aunque me embargó al mismo tiempo un sentimiento inexplicable de bienestar, poco me imaginaba yo que eso del embargo… pero no adelantemos acontecimientos. Estaba en la necesidad de contarle a mi mujer que íbamos a comprarnos una casa. ¿Cómo se lo iba a tomar? Nunca habíamos hablado del tema, pero el haber acordado aquella cita le daba un punto de seriedad.
-¿Quieres merendar? _La suave voz de Kali me devolvió a la realidad
-Si, tomaré café, y si hay, un poco de queso, _ daba vueltas y lo sabía ¿Cómo había de abordar el tema? ¿Cómo reaccionaría? Entré, me aseé y me puse la ropa de andar por casa en lo que nos sentábamos a merendar, entonces empecé
-¿Has visto que venden la casa de enfrente?
-¿Y que más te da?
-Ahora que subía he visto al hombre que lleva la venta, he quedado para que la veamos mañana
Hubo unos instantes de incomodo silencio, ella no se preocupa mucho de sí la casa es nuestra o no, es menos materialista, solo esperé que esto no desembocara en una pelea
-Creía que estábamos a gusto en esta casa
-Pero no es nuestra, he quedado a las doce, ¿Vendrás?
-Lo haré
Y así empezó la aventura de la compra de la casa, al día siguiente acudimos a la cita, de alguna manera la cita del día anterior no había dado resultado, así que la casa seguía allí vacía, en venta, llamándome, insistiendo en mi delirio de poseer algo, algo tangible, algo mío me adentré en aquellas estancias casi extasiado, no viendo la casa de unos treinta años quizá más,( quizá ya existía cuando yo nací )solo contemplando lo que será mi posesión, mi primera posesión en este mundo. No vi que tenía dos dormitorios en la parte de abajo, yo vi un garaje y un salón además de una cocina comedor que aún no existía, no vi solamente lo que se presentaba ante mis ojos, no, vi mi sueño y cuando el señor Javier preguntó:
-¿Les gusta?
No permití que Kali articulara palabra, nada de lo pensaremos´ oya le llamaremos´ no, como un cabestro, manifesté mi gusto por aquella construcción
-Pues si les parece -continuó Javier- vamos a la parte de arriba…
Y por supuesto que fuimos, una escalera y una reja al final de la misma que impedía el tránsito hacia la azotea, problema que Javier solventó y explicó…
Pero yo no le estaba escuchando, ni siquiera estaba mirando el pequeño trastero con techo de uralita, ni tampoco una especie de dormitorio que había a la izquierda un poco más adelante por un estrecho pasillo que se me antojaba interminable, llegamos a la azotea, mediría cuatro metros de ancho por cuatro de largo…yo no veía una azotea, yo vi mi dormitorio, yo no vi un trastero, vi un baño con dos lavabos y más cosas. A día de hoy creo que Kali no compartía mi euforia, pero siempre ha sido de bastante buen conformar y después de un par de visitas más a la casa y alguna conversación amigable, yo sabía que no habría oposición.
La voz de don Javier sonaba de fondo mientras terminábamos la guiada visita y ya en la parte inferior llegó la pregunta
-¿Les interesa?
Mi respuesta fue afirmativa después de darnos el precio, ciento cinco mil euros de nada y asegurarnos que el banco nos daría el cien por cien del importe además de los impuestos, intercambiamos teléfonos y ya les llamaré
Yo en ese momento no me lo pregunté, ¿Qué había visto Javier? Pues aunque no puedo asegurarlo hoy si tengo una teoría, vio una pareja joven que había tenido un sueño, y si le hubiese mirado a los ojos hubiese visto el signo del dólar en ellos reflejado, y no le culpo, corría el año dos mil cinco y aunque las cosas parecían ir bien, algunos indicadores económicos ya hacían presagiar que algo terrible se cernía sobre buena parte de nuestro país y por qué no decirlo sobre gran parte del mundo también.
Los días siguientes no pasó nada relevante, en las conversaciones en casa ya se olía que habría mudanza, un incidente decantó la balanza a mi favor. Cenábamos en casa con unos amigos, un poco de vino, unas risas y el volumen se eleva, y los vecinos con los que compartíamos patio nos golpearon los cristales como pidiendo silencio aunque apenas eran las once de la noche
-Que ganas de tener mi casa y que nadie me diga si puedo o no puedo hacer ruido, _dije exasperado
– Y ¿Tenéis algo a la vista?
-Si bajamos os lo enseñamos
Vimos la casa y les enseñamos nuestros sueños, (poco a poco convencí a Kali de que habría garaje y salón y mis sueños se hicieron también suyos)
Javier llamó y como no había de ser de otra manera, pidió el vil metal, había que hacer un pre-contrato y para eso se necesitaban nada más que tres mil euros. El anzuelo ya estaba puesto y yo que no tenía ese dinero caí en la trampa de pedirlo prestado. A partir de ese momento, solo cogería la huida hacia adelante. No se imaginan cuantas veces me he arrepentido de ese momento de mi vida.
Económicamente no iba mal, ganaba unos dos mil euros y Kali casi mil, pagábamos apenas cuatrocientos veinte de casa con lo cual, la economía era holgada, Javier trabajó arduamente para conseguirnos el préstamo y es que en ello le iba nada más que un diez por ciento de comisión unos diez mil euros de nada, que te arreglan un año entero, y así, en tres meses nos encontramos con una deuda de ciento doce mil euros a pagar en treinta años a un módico interés del tres por ciento con una cuota resultante de cuatrocientos ochenta y cinco euros. ¿Pero que eran sesenta y cinco euros a cambio de ser el dueño? Además, si te cansas la vendes y en un par de años con dos o tres arreglos que le hagas habrás ganado un dineral, ¿Cuál es el problema?
Pues el problema es que en esta vida nada es seguro, pero yo no sabía eso en aquel momento, eso he tenido que aprenderlo más tarde, lo que ganas hoy, no es necesariamente lo que ganarás mañana, además cuando compras una casa antigua, tienes que arreglarla, no solo lo que se ve sino también lo que no se ve.
……

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