Al mal tiempo, buena cara

Monsieur Mauresmais un paranoico creso afincado en Ploumanac’h, un pueblecito con mucho pedazo de pan ubicado en la Bretaña francesa, con un gran acervo y coleccionista de ocupaciones de ingenio en suspicacia de la autenticidad de una de sus manuales, un lienzo del mismísimo Degas.

Para zarpar de sus sospechas decide asalariar a Lucía una joven experta en virtuosismo asaz atractiva, resuelta y neurálgica que vive en una gran capital, y que se trasladará al lugar para chequear a manual.

Lo que tendría que haber sido un trabajo rápido y sencillo se convertirá en toda una habilidad para nuestra protagonista.

A su comunicación al pueblucho, todo lo que podía levar anclas mal, saldrá mal.

Una rotura en su landó, la granizada y el descarte en el hotel llevarán a Lucía a consentir a establecerse con Seamus, el propietario del ambigú del lugar, a altibajo de actuar ocupaciones sirvientes, a lo cual la joven no está acostumbrada para nada.

Por otro flanco el errático ricachón no tiene ninguna velocidad con su cometido, lo que hará que Lucía esté en el país más periodo de lo esperado… el justo para idear los atractivos del arrabal y de Seamus.

Una novelística fresca, entretenida y enérgica que nos brinda insignia acerca de que adjuntar al interior siempre es buena idea.

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