Cita a ciegas novela

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***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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Cita a ciegas novela Miniread

Urbano
Amor destinado
Ricos

Capítulo 1 Cita a ciegas

  • Al caer la noche, el Café Auburn de la ciudad de Greenlake se iluminó con una luz cálida. Yasmin se reclinó en la silla y miró de reojo el paisaje detrás de la ventana, con una expresión de aburrimiento en su rostro. El maquillaje espeso, la sombra de ojos oscura, los labios color rojo sangre y los pendientes ridículamente grandes amplificaban el aire hostil que quería dar en la cita a ciegas, a la que su madre la había forzado a ir.
  • —¿Está escuchando, señorita Jones? —Una voz rasposa la sacó de su trance.
  • Yasmin miró al frente y se encontró con un hombre que fruncía el ceño, mirándola molesto. Su cita, que rondaba los treinta años, se veía como un hombre promedio. Hubiera parecido un poco menos pervertido si pesara unos diez kilos menos y tuviera la línea del cabello unos cinco centímetros más abajo.
  • —Sí —murmuró ella en respuesta y levantó una ceja. Esa era su séptima cita a ciegas en un mes. A pesar de que solo tenía veintiséis años, su madre había tratado de conseguirle un novio con desesperación.
  • El hombre estaba claramente disgustado con su actitud, pero se obligó a suprimir el enfado.
  • —Bueno, señorita Jones… Estoy bastante satisfecho con su apariencia. Entonces, ¿procedemos con el compromiso?
  • Yasmin acababa de tomar un sorbo de su agua y lo escupió al oír sus palabras.
  • —Señor Lewis, si mi memoria no me falla, esta es la primera vez que nos vemos, ¿cierto?
  • —Así es, y me dijeron que usted tiene prisa por casarse, así que pensé que debería complacer su deseo. —Fennick sonrió confiado, revelando unos dientes manchados de nicotina—. Sin embargo, le informo que acabo de empezar mi negocio y que estamos cortos de fondos en este momento. Cuando nos casemos, espero una casa en la ciudad de no menos de doscientos metros cuadrados como dote. Poseo un automóvil que fue comprado con un préstamo, así que mi salario será usado para pagarlo, mientras que el suyo se usará para mantener a nuestra familia.
  • Yasmin entrecerró los ojos mientras decía con sarcasmo:
  • —Claro… ¿debo aportar un adicional de dos millones para la casa entonces?
  • —Dos millones… —Los ojos de Fennick se iluminaron al escuchar eso. Aunque se esforzó por controlarse, su voz aún temblaba de la emoción—. Bu… Bueno… No es mucho, pero es mejor que nada… Me… ¡Me parece que podemos tener nuestra boda el mes próximo! —Se estiró para tomarle la mano, pero ella la retiró hacia atrás rápidamente, con una mirada de disgusto.
  • —¡En sus sueños! —Agarró su cartera y se puso de pie, lista para irse. «¿De dónde demonios saca esa confianza?». Fennick se levantó también y se apresuró para interponerse en su camino.
  • —¿Sucede algo, señorita Jones? —preguntó confundido.
  • Cuando los dos estuvieron de pie, Yasmin pudo mirar mejor el físico de él. «Maldición, no solo es obeso, sino que además ¡es más bajo que yo, una joven de un metro sesenta! Y ni siquiera estoy usando tacones… No puedo creer que mi madre dijera que era apuesto y que estaba en buena forma…», pensó.
  • —¡No creo que vaya a funcionar, señor Lewis! —exclamó ella. Notó que estaban llamando la atención y trató de esquivarlo de prisa.
  • —¡No, somos perfectos el uno para el otro! —El hombre la alcanzó y la sujetó por la muñeca—. Creo que ha habido un malentendido, señorita Jones. Vamos a sentarnos y hablar al respecto.
  • —¡Aléjese de mí! —Yasmin sintió escalofríos por todo el cuerpo cuando él puso la palma grasienta sobre su mano.
  • Al ver eso, trató de liberarse de su agarre. Sin embargo, el hombre le soltó la mano de repente, lo que provocó que perdiera el equilibrio y cayera hacia atrás. Para empeorar las cosas, oyó el sonido de su camisa rasgándose en medio del tironeo.
  • El café estaba en su hora pico en ese momento, y la conmoción había llamado la atención de los clientes que se encontraban cerca de su mesa. «¡Esta debe ser la mayor vergüenza de toda mi vida! ¡Juro que este maldito me las va a pagar!». Yasmin comenzó a maldecir en silencio mientras se preparaba para el impacto, cuando alguien la sostuvo con fuerza por la cintura y volvió a ponerla en pie.
  • Un perfume masculino llenó su nariz, lo que hizo que su corazón se acelerara mientras yacía en los brazos de esa persona. «Esta esencia… huele bastante familiar…», pensó.
  • Yasmin miró hacia arriba, emocionada, pero se decepcionó al ver a un completo desconocido que le devolvía la mirada. Lucía excepcionalmente apuesto con sus cejas despeinadas, mirada penetrante y pupilas oscuras, que parecían absorberla como un agujero negro. Con su traje a medida, exudaba un aura de opulencia, y la mirada posesiva en sus ojos emitía una sensación dominante. También notó lo alto que era, ya que la cabeza de ella descansaba sobre sus anchos hombros.
  • —¿Se encuentra bien, señorita? —El hombre mantenía la mirada fija en su rostro. Su tono era cortés y, sin embargo, distante al mismo tiempo.
  • Yasmin se tomó un buen tiempo para recuperar la compostura y se dio cuenta de que aún estaba sujetándolo de la camisa, a pesar de que ya la había soltado.
  • —¡Lo siento! Qui… Quiero decir, ¡gracias! —Se encontró así misma totalmente ruborizada cuando lo soltó.
  • El hombre solo asintió como respuesta. Después de estirarse la corbata, dio media vuelta y se alejó caminando. Había otro hombre igual de apuesto detrás de él, que también vestía de traje. Ajustó sus gafas con marco dorado y, haciendo una reverencia respetuosa, le acercó un pañuelo húmedo descartable al caballero que la había ayudado. Yasmin frunció el ceño al verlo limpiarse las manos con el pañuelo descartable y luego arrojarlo al cesto de basura que estaba a su lado. «¿Qué sucede? ¿Está insinuando que estoy sucia o algo?», se preguntó.
  • Era común que las personas atractivas llamaran la atención de los que estaban a su alrededor, y esos hombres no eran la excepción. Yasmin notó que los clientes cercanos, en especial las mujeres, los miraban y les tomaban fotografías. «¡Qué montón de idiotas!». Sacudió la cabeza mientras se inclinaba para recoger su cartera y vio a una mujer en un vestido brillante y tacones altos corriendo hacia ella. No le prestó atención, creyendo que se trataba de otro cliente que se retiraba con prisa, y se limitó a correrse a un lado para darle paso. Sin embargo, tardó en darse cuenta de los eventos que estaban a punto de suceder: en realidad, la mujer se dirigía hacia ella con una taza de café caliente….

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