Tú y yo después del invierno (Latidos)

Vuelve el invierno, vuelve Valira, vuelve la nigromancia de los dignatarios de Laia Soler.

Una novelística rica en tonos, narrada desde una ojeada cotilla y harto contemporánea con la que los leedores jóvenes se identificarán con toda firmeza.

¿Quién no ha deplorado alguna ocasión el hielo en el interior?

La escritora sabe teñir como ninguno los rudimentos hechiceros con una firme fábula contemporánea que conmueve, impresiona y entretiene a partes iguales.

Qué factible sería la energía si el cariño afuera lumínico y perdurable, como prometen los relatos de casualidades.

Pero algunos flechazos aparecen poblados de precipicios e todavía tienen época de decrepitud. Y entonces no hay más resarcimiento que saltar… o llegar huyendo.

Desde que regresó a Valira, la villa de sierra que la vio agigantar, Erin lleva una efectividad tranquila y predecible cerca de su futuro Bruno, un chico ideal, y a sus amigos de toda la vitalidad.

En ese universo que tan admisiblemente conoce, Erin consigue abrigar a raya la borrosidad que desde la niñez acecha su espíritu.

En Valira, tiene un arsenal secreto: la haya esotérica de su Carmen, que desde siempre ha gobernado todas sus alternativas. Las primeras albicies, no obstante, traen consigo notas semblantes y encuentros a la escasa capital de esquí. El invierno lo cubre todo de argénteo y de frío… todo, salvo el alma de Erin, cuyos hielos empiezan a derretirse.

Puede acopiar en la seducción del árbol una sucesión más… o reconocer las aparecidas de su sentimentalismo, un municipio incierto y extraño, que ninguno salvo ella misma puede piropear.

Laia Soler, la escritora que nos hizo oscilar con Nosotros posteriormente de las doce, nos transporta de nuevo a los indestructibles horizontes de Valira en un relato turbador no obstante asimismo refulgente sobre el temor, el contratiempo y la seducción del flagrante.

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