El CEO y la Bailarina Nocturna de Claudia Navarrete Díaz

El CEO y la Bailarina Nocturna de Claudia Navarrete Díaz

A compartir, a compartir! Que me quitan los posts!!

***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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El CEO y la Bailarina Nocturna de Claudia Navarrete Díaz novela

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Alyssa es hija de un gran empresario. Tiene todo lo que quiere y de vez en cuando trabaja como modelo. Es una chica educada, buena y cariñosa… O bueno, eso es lo qué todos piensan. ¿Qué pasa si Mikkel, un joven empresario amigo de su padre y CEO de su propia empresa, se entera de su secreto? Al parecer de noche es otra, y lo que menos quiere es que alguien le cuente a su familia que es la mejor bailarina exótica de BellamyNocheclub. ¿Qué estará dispuesta a hacer con tal de que Mikkel no diga ni una palabra?

Contemporáneo
De enemigos a amantes
Amor y odio
Vida secreta
Billonario/Billonaria
Ricos
Celebridad
Chica popular
Chico popular
Arrogante
Posesivo
Chica mala
Chico malo
Buenazo
Tierno

Alyssa es hija de un gran empresario. Tiene todo lo que quiere y de vez en cuando trabaja como modelo. Es una chica educada, buena y cariñosa… O bueno, eso es lo qué todos piensan. ¿Qué pasa si Mikkel, un joven empresario amigo de su padre y CEO de su propia empresa, se entera de su secreto? Al parecer de noche es otra, y lo que menos quiere es que alguien le cuente a su familia que es la mejor bailarina exótica de Bellamy Nightclub. ¿Qué estará dispuesta a hacer con tal de que Mikkel no diga…
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Lectura de prueba de novela El CEO y la Bailarina Nocturna
Me miré en el espejo y sonreí. Nunca en mi vida pensé que me iba a ver de esta forma tan sexy y provocativa, pero admito que me obsesioné bastante con esta apariencia.
Tomé el labial Mac en el tono Ruby Woo y me lo volví a pasar por los labios.
—Vas a parecer payaso si te pones otra capa más —Chyler se apoyó en el tocador con los brazos cruzados.
—Me encantan los payasos —me puse una capa más sólo para llevarle la contraria—. ¿Crees que debería ponerme la peluca?
Me puse de pie para que viera la lencería que me había puesto. Me miró de arriba a abajo y negó.
—Te ves mejor así que con esa peluca de Dora la exploradora.
—¿Perdona? Yo encuentro que esa peluca de Dora hace que mis ojos se vean hermosos —me la puse ignorando su comentario. Sé que lo dice en broma.
Arreglé mi brasier con encaje negro para que mis pechos estuvieran bien acomodados.
Ya saben, para que se vean más grandes.
—¿Supiste lo que le pasó a Elisa? Que lástima, ella era muy buena.
—Al igual que como lo hice contigo, le ofrecí el dinero para que le pagara a Bellamy lo del acuerdo de confidencialidad, pero no quiso. Fue su culpa por ser tan cabezota.
—Uno de los clientes del club conocía a su madre y le contó que trabajaba acá. Tú sabes cómo es ella, podemos estar en la misma situación económica de mierda, pero jamás dejaría que su hija tuviera un trabajo como este, y se entiende.
—De todas formas Elisa podrá buscar otro trabajo, es muy responsable y dudo que alguien no quiera trabajar con ella —comenté mientras me ponía una liga en la pierna derecha.
—Para ti es así de fácil encontrar un trabajo, Alyssa. Tú eres la única rara que tiene millones en su cuenta y muchas oportunidades maravillosas de trabajo, pero aún así elige este.
—Ser modelo de vez en cuando me gusta, pero esto es mil veces mejor. Acá puedo ser muy diferente a como debo ser con mi familia. Eso es algo que me hace sentir libre y bien conmigo misma.
—¿Sabes qué pasaría si uno los hombres que está afuera sólo para verte a ti abriera la boca? Saldrías en todos los periódicos, programas de farándula e internet y sabemos que eso no sería bueno para conservar la buena imagen de tu padre —se arregló el cabello al escuchar como las dos chicas que estaban haciendo su rutina ya habían terminado.
—Sé lo que pasaría. No cumpliría
el acuerdo y Bellamy lo demandaría y arruinaría completamente su vida —me encogí de hombros—. Confío completamente en ella, tú sabes que todos los hombres que vienen al club le tienen mucho respeto y miedo. Puede ser muy hermosa, pero la maldad que lleva dentro es más hermosa aún.
Ladeó su cabeza y después de unos segundos asintió mientras se encogía de hombros. Me dio una mirada maliciosa y habló.
—Es nuestro turno, Lilith —sonreí al escuchar el apodo que los clientes me habían puesto y caminé hacia el escenario junto a la chica que se había convertido en mi compañera favorita de trabajo.
NARRA MIKKEL:
—¿Por qué me traes a un lugar donde hay que pagar un monto considerable de dinero sólo para un acuerdo de confidencialidad? ¿Tan importantes son las chicas que bailan acá? No sé, supongo que está Ivanka Trump o alguna de esas —cerré los ojos al quedar encandilado por las luces neón que parpadeaban de morado a rojo.
—El dinero nunca ha sido un problema para ti —se encogió de hombros—. Y no, no sé quiénes trabajan acá, pero lo que sí sé es que las chicas son unas reales diosas. Quedarás anonadado por tanta belleza —Sean caminó hacia unos taburetes y yo seguí sus pasos. Me reí por su comentario tan exagerado.
Quedamos frente al escenario donde justo dos chicas habían terminado su espectáculo. No alcancé a ver nada, pero la verdad vine a este lugar obligado.
Una pelirroja con los ojos verdes se acercó a nosotros con una pequeña libreta en su mano y nos preguntó qué deseábamos tomar. Pedimos whisky en las rocas y la seguimos con la mirada mientras se iba moviendo sus caderas exageradamente.
—¿Shay te ha seguido insistiendo con lo de ir a vivir a tu casa? —preguntó Sean, mi amigo.
—Sí, no sé qué tiene en la cabeza. Le he dicho miles de veces que sólo soy su jefe y ella mi secretaria, de vez en cuando tenemos sexo para quitarnos el estrés, pero nada más que eso —contesté. La chica pelirroja llegó y nos entregó los vasos.
—Es tú culpa, sabes que eso de meterte con las trabajadoras no es bueno. Se hacen ilusiones y después no hay cómo dejarles claro que nun… —Sean dejó de hablar al ver a dos chicas entrando al escenario. Una tenía el cabello café hasta los hombros, su ropa interior era color carmesí y su piel un poco bronceada. Su cuerpo era de infarto, pero no más que el cuerpo de la chica que venía a su lado.
La peluca negra que traía hacía resaltar sus ojos azules como el cielo. Su ropa interior era negra como la noche y en su pierna derecha traía una liga que daba ganas de sacarla con los dientes. Tenía unas buenas caderas, un trasero redondo y unos pechos de buen tamaño.
—Llegó lo que muchos estaban esperando. El dúo que los deja a todos con ganas de volver a Bellamy Nightclub —una mujer cuarentona y muy sensual comenzó a hablar por el micrófono que tenía en su mano—. Con ustedes…. ¡Ardat y Lilith! —los hombres comenzaron a aplaudir y silbar.
Cada una se quedó frente a un tubo. Las luces se apagaron, sólo había dos de color rosas que estaban en el escenario apuntándolas. Comenzaron a moverse lentamente mientras sonaba una canción que la verdad no conocía, sin embargo, me pareció bastante interesante. Sin poder evitarlo, saqué mi celular a escondidas ya que al firmar el contrato aceptamos el no poder usar celular. Entré a Shazam para saber cómo se llamaba la canción; Mere Anarchy de Moby estaba sonando mientras esas lindas chicas movían sus caderas. En un momento, cuando el ritmo comenzó a ser más fuerte y rápido, las chicas se subieron al tubo y comenzaron a dar vueltas, subían, bajaban, se afirmaban sólo con las piernas, volvían a bajarse del tubo para tirarse al piso y hacer unos movimientos que me hacían imaginar cosas indebidas. Todo lo que hacían me dejaban muy confundido, no sé cómo podían moverse tan rápido.
Me desabotoné un poco la camisa al sentir un calor insoportable. No sé qué me pasaba, no era primera vez que estaba en un lugar así.
—Creo que mi amigo está despertando —Sean murmuró mientras miraba anonadado a las chicas.
Los hombres que estaban a nuestro alrededor hacían un ruido extraño mientras muchos les tiraban dinero al escenario. La chica con peluca comenzó a gatear y fue donde un hombre de unos treinta, él acercó su mano hacia los pechos de ella y le dejo unos billetes entre el tirante de su sostén.
Siguió gateando hasta que llegó hasta nosotros. Tragué duro cuando vi cómo su mirada cayó en mí, sonrió y acercó su mano a mi pecho.
Supongo que quería dinero, pero no sé lo daré tan fácil.
……

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