EL PRODIGIO DE ARLAN de WILLIAM HERRERA

EL PRODIGIO DE ARLAN de WILLIAM HERRERA

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***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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EL PRODIGIO DE ARLAN de WILLIAM HERRERA pdf

EL PRODIGIO DE ARLAN: El Amor Es Más Poderoso Que La Muerte de WILLIAM HERRERA pdf descargar gratis leer online

A finales del dos mil catorce, luego de haber vuelto recientemente a la ciudad de Medellín, tuve la necesidad de ir a visitar a Norbey al barrio Moravia. Sin embargo, tenía claro que, para llegar hasta su casa, tendría que arriesgarme a caer en manos de mis enemigos. Recuerdo que tan pronto como llegué a uno de los flancos del barrio por la avenida Carabobo, quiso invadirme la duda de si era prudente el fundirme por aquellas calles en las que a cada esquina correría el peligro de toparme con alguno o algunos de los sicarios que me reconocerían a simple vista. Pero lo pensé solo unos cuantos segundos y continué caminando, fundiéndome por sus calles hasta llegar a la que antaño fuese también el hogar del difunto Tomás, primo de Norbey.
Cinco minutos después de haber caminado a paso largo, me hallaba de pie en medio del marco de una puerta abierta a la entrada de una casa. Saludé con un “Buenas tardes”. Y entonces desde una habitación al fondo de un pasillo, se asomó una de las primas de mis excompañeros de armas, salió por el pasillo y al acercarse me observó extrañamente por varios segundos.
—Hola, Balín —dijo y siguió mirándome.
—Hola, mujer. Vine a saludar a Norbey y a Mita.
La joven dejó salir un triste suspiro.
—A Norbey también nos lo mataron —dijo—. Él se dio cuenta de que le estaban haciendo seguimiento y entonces huyó para Segovia y hasta allá fueron y le mataron.
Hice un momento de silencio sin saber qué decir.
—¿Y Mita, Mita se encuentra? —quise saber.
—Sí —dijo señalando hacia un rincón de la sala—. Entre.
Avancé dos pasos y al girarme hacia el lado izquierdo, vi a la abuela de los muchachos sentada en la esquina del sofá con la vista perdida, totalmente ausente. Terminé de acercarme, la saludé y de manera lenta se volvió a mí observándome como si no me conociera.
—Hola, Mita —le dije tratando de que hiciera memoria—. Yo soy Balín, el amigo de Tomás y Norbey.
—¿Y quién es Tomás y Norbey? —preguntó como si a la vez intentara recordar.
Sentí un taco en el pecho, me puse de pie despidiéndome, abandoné la casa y mientras caminaba a paso largo por las calles en busca de la salida, tuve claro que, con la muerte de Norbey, habían terminado de matarlos a todos, excepto a mí…

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