El germen de la inmortalidad: Las agujas del reloj no cesan. ¡Tic tac, tic tac! – Daniel Llorens Herreiz

Yo soy de los que escriben lo que escuchan.

Me encanta plasmar los pensamientos que siento adentro de mí.

El origen de la perpetuación es un cuaderno que engloba una relación de treinta chascarrillos breves en pedestal vinculados a los pensamientos y corazones que desatan en mí algunas literaturas de diferentes tonadas.

Lo ideal de eso mismo es acompañar a mis sorpresas y que puedan ser recordadas e inmortalizadas por siempre en la tesis de algún lector o lectora.

En verdad sueño de forma repetida con ser mucho más inmarcesible y también en el momento que le de por correr en contra mía.

Recuerdo que de pequeño creía ser inmortal. Me quedaba con el primer significado del diccionario, y es que ese “no morir nunca” sonaba (y sigue sonando) bien. Cuando creces te topas con la realidad y no es otra que la confirmación de que la muerte nos ronda. Quizás nunca recibí un golpe directo, pero bastaba con alzar la cabeza y peinar los tristes alrededores para reflexionar al respecto. Las vidas son frágiles, y quién podía asegurarme que yo no sería el siguiente. Mi sueño de ser inmortal se diluía con el paso del tiempo, cada vez más, hasta el punto de (casi) desaparecer. Empecé a darle la importancia que se merece a vivir el momento presente. Puede parecer un tópico, pero creo que tiene verdad. Esa verdad que nos recuerda que el tiempo perdido no se puede descontar del reloj vital. Que nos habla de la inmortalidad del tiempo mediante el acceso directo que proporcionan los recuerdos. Descubrí que buscaba la segunda entrada del diccionario. El término “inmortal”, para mí, comenzaría a ser “todo aquello que perdura indefinidamente en la memoria de la gente”. Nunca he sido un tipo dado a hablar de sus más sinceros sentimientos. Quizás mucha gente pensase que, en verdad, carecía de ellos. Pero, y a pesar de la actitud 'chulesca' que muchos suelen atribuirme, sentía como el que más. Simplemente, me los guardaba. Porque me encantaba la idea de que eso servía para curtirse a uno mismo. Era una especie de pacto entre mi mente y mi corazón. La mente era impasible. El corazón, incontrolable. No buscaba un desahogo a mis pesares, sin embargo, lo encontré. La música se convirtió en una forma de vida y la escritura en un buen pasatiempo. Escribiendo las canciones que escuchaba e interpretando y plasmando esas sensaciones sobre el papel virtual del ordenador vislumbré el nacimiento de uno de mis sueños. De nuevo, creo que puedo cumplir mi sueño. Ser inmortal. El tiempo, los pensamientos y los sentimientos, unidos, pueden conseguir ese gran objetivo. Pondré todo de mi parte para llegar a ser recordado por, al menos, alguien y disfrutaré cada uno de los momentos del proceso de escritura mientras contemplo como florece mi ansiada inmortalidad. Gracias, lector, por llegar hasta aquí. Si decides continuar leyendo, te aseguro que te esperan una serie de breves relatos, quizás algo abstractos, en los que podrás conocer algo más de mi forma de pensar y de sentir.  #01. Todo lo que veo  Es taaan típico de mí, y tan cínico por tu parte... Estaba corriendo en círculos. Y, sin embargo, no fui capaz de encontrar una pista. No fue suficiente con merodear alrededor tuya. Ahora no sé por qué me hipnotizaste. ¿Quizás fueron tus ojos verdosos? Sí, posiblemente. Pero no puedo quejarme; la culpa es sólo mía. Cuando pierdo el juicio, tu nombre retumba en mi cabeza. Una, y otra, y una y otra vez, joder...  ¿Sueño o pesadilla? Todo lo que veo, es que estás junto a mí. Como un fantasma que se enreda entre mis sábanas. Me pesa el cuerpo y me falta el aire. Sé que no aguantaré mucho más, y te pido algo. Te pido sentir tu respiración, tu indiferente andar. Podrías haberme arrancado el corazón, y haberme roto los huesos de tal forma que me vieras sangrar, sin prisa, pero sin pausa. ¿Sabes qué? No lo volvería a hacer igual. Podía vislumbrar tu forma de pensar al escucharte, pero no lo creía. Qué imbécil fui...  Tanto tú como yo sabemos que estás buscando una salida. Que te mueres sólo por vivir, a costa de las almas ajenas. Jugándosela cruelmente a aquellas personas que ofrecen sus corazones sabiendo a qué se exponen. No sé por qué, pero caí en la trampa. Nuestros caminos se separan, y ambos sabemos qué dirección tomar. Te veo aquí a mí vera, te veo cerca de mí, dispuesta a rematar la faena. Y eso quiero, no, ¡es lo que necesito! Quiero mirarle a los ojos a la sombra que me ha estado atormentando durante todo este tiempo en mis sueños. Comiéndome de dentro a fuera, poco a poco. Me gustaría mostrarte en qué me he convertido, y darte la estocada final. Aún revolcándote entre mis sábanas, te olvidaré...  #02. Encendido  Encontré la solución para sobrevivir en este mundo. Un escape permanente en la pelea, una baza que utilizar cuando las cosas se pusieran feas... No desaproveché la oportunidad y ahora guardo un as bajo la manga. Todo el tiempo tenías tu opinión, pero la ocultabas. Cero coherencia en tus actos. Creí que me había extraviado, que toda mi búsqueda había sido en vano. Recuerdo ahora que alguien me dijo “nunca te rindas antes de caer, quién sabe cuándo se decidirá la pelea”. Una sensación que me dejó frío cuando un no-muerto también la pronunció. ¿¡Acaso ambos bandos pelean hasta el mismísimo final, incluso sacrificando sus vidas por una libertad que nunca llegarán a gozar!?  Flashback  “ Olvídate de los enemigos que has hecho hasta ahora. Si, de verdad, quieres enfrentarte a ellos, que sepas que yo soy el mayor obstáculo que puedas encontrar. Incluso más que ellos. Demuéstrame que lo tuyo no es pura palabrería. ¡Marca la diferencia! Libera tu poder. No eres una simple alma que aplastar, ¡aunque podría hacer que te desvanecieras como una sombra!”. Su discurso ha encendido a mi espíritu. ¡Mi corazón late a pulsaciones exageradas! Escasa respiración, y sangre fluida. Me topé con una puerta entreabierta. Era mi desorganizada mente. Tenía que entrar, recordar pensamientos y alimentarme de ellos. Dañarme para fortalecerme. Encontré el momento adecuado para levantarme de entre los escombros con tal demencia que la afilada viga que me había mantenido cohibido durante la conversación iba perforando mi pectoral derecho, sin importar toda la sangre derramada, y sin importar el dolor que eso pudiese acarrear...

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