Japón 1859 de Yoshiwara de Bonita Hakone

Japón 1859 de Yoshiwara de Bonita Hakone

A compartir, a compartir! Que me quitan los posts!!

***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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Japón 1859: El sueño de una ciudad roja pintada con mis fantasías del distrito de Yoshiwara de Bonita Hakone

Descubre el placer interracial entre Ritsu y Emma que se desarrolló en el distrito de Yoshiwara

La primera vez que Emma Foster viaja a Japón, los malos pasos de su hermano la instan a seguirlo hasta el barrio rojo en el Distrito de Yoshiwara, donde también se encuentra con su anfitrión, el señor Ritsu Okinawa, dispuesto a darle las respuestas que todos los hombres en su vida se han negado a concederle.

Este libro tiene contenido para mayores de edad (+18) y está dirigido a lectores adultos. Si eres menor de edad, abstente de leer su contenido.

«Supe que ardería en el infierno por la forma en que me gustaba esto que estábamos haciendo. Él no disimuló su sorpresa al verme desnuda de torso. Parecía complacido.
—Considero que una demostración sería más efectiva que cualquier charla que pudiéramos tener —habló con calma, como si sus dedos no estuvieran tocando el contorno de mis pechos de la forma profunda y marcada en que lo hacían—. Puedo detenerme en todo momento. Solo debe pedirme que pare.
El problema era que no quería que se contuviera. No iba a pedirle que frenara, por más Ave Marías que rezara en mi interior para que Dios me quitara la libido que se apoderaba de mi cuerpo carnal. Estaba más que consciente de que iba camino al infierno, pero mi alma estaba condenada de todas formas.
—Está bien —dije en un hilo de voz.
—Entonces continuaré.
Sentí miedo. Creí que el cuerpo me iba a dejar de responder como aquella vez. Pero sabía que no había vínculos afectivos entre el señor Okinawa y yo, y pese a que esa razón iba a condenarme aún más profundo en el infierno, era un alivio saber que podría golpear al señor Ritsu y huir de ahí si todo se salía de control. Ritsu Okinawa no era Ridley Atherton, por lo que golpearlo para defenderme no me iba a doler, ni negarle alguna muestra me partiría el corazón, de la forma que ocurrió cuando Ridley me pidió hacer algo que no quería. No tenía ningún compromiso con Ritsu Okinawa. Era libre de hacer y deshacer con él cuanto quisiera sin que mi propio corazón me recriminara por lo que había hecho».

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