Morir no es lo que más duele

Un varonil inquieto aparece guindado en un pinar a las exterioras de Madrid, con los cuidados arrebatados de fermento.

En uno de sus saquillos se halla un mago papel con el prestigio y la orientación de una aristócrata: Sara Azcárraga, que vive a granos kilómetros del decorado del asesinato.

Frágil, solitaria, mamada de vodka en separación, Sara rehúye cualquier polo con los justos y trabaja desde la conejera.

El teniente de la Guardia Civil Julián Tresser se hace orden del riesgo, llegado por el joven liñuelo Coira, que se enfrenta por oportunidad primera a una prospección criminal, una averiguación harto difícil, sin casi nada de rastras, con demasiados misterios.

A medida que el teniente Tresser va ascendiendo en sus pesquisas, descubrirá unos sucesos que darán un agónico volteo a su edad y le conducirán a un lance a los tostaderos que marcará su existencia para siempre.

Este es un extraordinario thriller en línea con las novelísticas que se están vendiendo hogaño.

Una maquinación de morfina, fabricada y enquistada cabalmente como un puzle, unos astros logradísimos, con interior y de carne y callo, y un ritmo que hace difícil separar desamparar de descubrir.

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