Mundo Infiel 5 de L. Jellyka

A compartir, a compartir! Que me quitan los posts!!

***SOLO HOY Y ahora supera mi beso de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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Para bien o para mal vivimos en un mundo donde día a día hay infidelidades, donde las personas que dicen amarse se mienten sin si quiera parpadear, sea esto reprochable o no, lo cierto es que esto es muy erótico y muy romántico a veces, es por eso que estas son 15 Historias de infieles eróticas.

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Nota del autor:
Antes de empezar quiero aclarar que todos los personajes que están en actos sexuales tienen más de 18 años y que no tienen ninguna relación familiar, también que los personajes son muy variables, que incluso puedes ponerte a ti mismo o a ti misma como un personaje como ¨amigo¨ o ¨tutor¨, siendo así los personajes o su origen no son lo importante. La importancia de estas historias es disfrutar la esencia erótica sin más que agregar espero lo disfrutes.
¿Qué es un tutor?
Persona que se encarga de la tutela de una persona, en especial la nombrada para encargarse de los bienes o de una persona con incapacidad mental y para representarlos en los actos jurídicos, a esta persona se le denomina tutorado o tutorada, un tutor o tutora puede ser cualquier persona.
Ejemplo: «los padres podrán en testamento o documento público notarial nombran un tutor; los sujetos a tutela deben respeto y obediencia al tutor»
Deseo
Desde hacía algún tiempo soñaba con ver a mi esposa haciendo el amor con otro. Digamos que era esa mi fantasía sexual más recurrente y que, como cualquier sueño imaginaba idílico y sumamente excitante.
No me lo había planteado hasta que un día en el cine un tipo empezó a tocar la pierna de mi mujer de un modo más o menos descarado, sin que ella evitara el contacto. Imaginé en ese momento que debía haber reaccionado enfurecido, pero nada de eso me ocurrió. Al contrario, sentí que me ponía bastante cachondo, imaginando que mi mujer también lo estaba, como luego me confirmaría. No obstante fue un episodio esporádico del que además ella nunca quiso hablar demasiado, seguramente porque sintió que no estábamos actuando correctamente o de acuerdo a la moral sexual convencional.
Compartí esta experiencia con un amigo que me contó que él hacía cosas parecidas con su mujer y que, al contrario de lo que pudiera parecer, esos juegos mejoraban su vida sexual sin dañar su relación. Me contaba que uno de sus juegos favoritos era ir a algún baile y provocar que la mujer quedara sola un momento. Normalmente algún hombre se acercaba a ella y la invitaba a bailar. Si él era de su agrado ella le permitía avanzar durante el baile con besos y caricias a la vista de su marido, o incluso más tarde, a solas con el hombre, se entregaba a un juego sexual que luego contaba a mi amigo mientras follaban. Cuando yo le decía que envidiaba su relación, él me explicaba con detalle que aquello era especial y en absoluto trasladable a todas las mujeres. Recuerdo muy bien sus inteligentes recomendaciones que incluían la advertencia de que una vez iniciado, el juego podía no ser agradable para mí mismo.
Una tarde de verano, en la playa mientras yo había subido a un chiringuito en busca de un refresco, vi que alguien se había acercado a mi mujer que permanecía tumbada boca abajo en su toalla con la cabeza levantada, mirándole. Se trataba de un tipo bastante normal, un hombre alto y delgado que creí que se habría acercado a pedir fuego, la hora o cualquier tontería. Cuando vio que me aproximaba, se retiró sin decirme nada. Evidentemente pregunté a mi mujer qué es lo quería aquel tipo, a lo que ella me respondió sonriendo que únicamente se había acercado a decirla que tenía el culo más bonito de toda la playa. Me quedé un poco perplejo, pero comprobé que ella estaba encantada.
– ¿Qué le has dicho tú? – pregunté intrigado
– Le he dado las gracias. Qué otra cosa le podía decir – contestó sonriendo
– Podías haberle dicho que te lo tocara – bromeé –. Así comprobaba lo durito que lo tienes
– Pues qué lástima. No se me ha ocurrido y me hubiera encantado que lo hiciera – dijo como para sí misma, girando la cabeza hacia el otro lado para evitar el contacto visual conmigo.
Esa misma noche cenando con mi mujer a solas en un restaurante, después de una botella de vino, la lengua se me soltó lo suficiente para comentar lo ocurrido en la playa y transmitir la idea de que para mí no sería perjudicial, sino satisfactorio, que ella mantuviese otras relaciones siempre que las compartiera conmigo, de modo que nuestra propia relación afectiva o sexual fuera más interesante. Yo mismo estaba perplejo con mi atrevimiento, pero entendí que ese era el momento y no estaba dispuesto a desperdiciarlo.
Ella se limitó a asentir sonriendo, y sólo aquel hecho me pareció un avance importante, ya que esperaba una reacción abiertamente hostil hacia mí y mis pensamientos. El avance se confirmó en nuestra cama esa misma noche, follando como hacía tiempo que no lo hacíamos, seguramente porque ambos teníamos en la mente aquel tipo de la playa, aunque ninguno de los dos lo dijéramos.
Además, después de aquel día de principio de verano, a falta de bailes a los que acudir con mi mujer, pensé que la playa podía ser una buena opción para que ella se relacionara con otros y yo pudiera observarla, de modo que en los siguientes días probé siempre a dejarla un rato sola con la esperanza de que aquel tipo u otro se acercara de nuevo a ella. No hubo suerte. Podía acabar achispado en el chiringuito viendo a mi mujer tendida al sol leyendo sin novedad alguna.
Al fin perdí toda esperanza en el verano y estaba ya abandonado a la idea de buscar alguna sala de baile en mi ciudad durante el invierno cuando un día mi mujer abandonó su sitio en la playa y se acercó a un hombre que estaba unos metros más cerca de la orilla, casi en perpendicular al sitio que nosotros ocupábamos. La observé intrigado. Ella en cuclillas hablando con él, tumbado de espaldas en la toalla con un libro en la mano. Por el movimiento de sus manos pude deducir que charlaban sobre algo acerca de aquel libro. El tipo tenía muy buen aspecto y parecía encantado de compartir aquel rato con mi mujer. Yo estaba expectante, no sabía de qué iba aquello, dado que aquel gesto era impropio de mi mujer y me abordó una doble sensación de temor y morbo que me desconcertaba.
Parecía que la conversación se alargaba y yo no sabía bien qué hacer. Dudada entre interesarme por ella, acercándome donde estaba o fingir desinterés. En eso estaba cuando vi que se acercaba otro hombre a la pareja, al parecer amigo del lector, y se sentaba al lado de mi esposa, sobre la arena, dispuesto a compartir el momento con total naturalidad. Se trataba de un tipo alto, le calculé 1,80 o un poco más, con una barba a medio crecer y una barriga prominente.
El tercero entró en la conversación con buen pie, porque no hacía un minuto que se había sentado cuando observé que mi esposa reía con ganas. Debía de ser gracioso, y sin duda, estaba acalorado porque al poco les convenció para ir al agua. Observé al trío bajar hacia la orilla, mi mujer entre los dos hombres, andando como si fueran amigos de toda la vida. Cuando vi que entraban en el agua, fui hacia ellos para observarles. No lo hice frontalmente, no deseaba que mi mujer me viera, sino que me acerqué dando un rodeo, de modo que si de repente abandonaban el agua, pudiera fingir que era otro de los hombres que dedicaban su tiempo a pasear por la orilla. Pude así verlos reírse y salpicarse, y me turbó un poco comprobar la proximidad de sus cuerpos. Imaginé por un instante que alguno de ellos, o los dos, tocaban el cuerpo de ella por debajo del agua y noté que mi miembro amagaba una erección, pero deseché la idea. No era propio de mi esposa.
Al fin salieron del mar, sonrientes, y esta vez desde abajo, vi a los tres subir hacia las toallas. Se detuvieron junto al lugar en el que estaban las de los hombres y poco después, mi mujer avanzó hacia nuestro sitio, con la cabeza girada hacia la izquierda escurriéndose la melena, mientras sus nuevos amigos la observaban por detrás, deduje que admirando su hermoso culo.
Cuando me reuní de nuevo con ella me interesé por aquellos hombres y ella únicamente me dijo que eran dos chicos majos, amables y de buena conversación, sin dar mucha más explicación. Aunque a mí me apetecía hablar un poco más, no insistí por no dar importancia a algo que probablemente no la tenía.
Aquella tarde, después de comer, yo me quedé en el hotel durmiendo un poco y mi mujer bajó de nuevo a la playa a dar un paseo. Por un momento dudé en si lo hacía por buscar la compañía de aquellos tipos, pero no le dediqué mucho interés al asunto.
Al día siguiente volvimos a la playa y he de confesar que estuve toda la mañana pendiente a ver si volvía a verlos sin éxito alguno. Mi esposa tuvo la actitud de siempre, leyendo y tomando el sol, sin mostrar ningún interés en nada que no fuera, el sol, el mar o su novela.
Y esa tarde se repitió la escena del día anterior, ella paseo, y yo siesta, salvo que desperté antes de lo normal y decidí salir a su encuentro a la playa y aprovechar para darme un bañito extra. Así lo hice, con la fortuna de que, cuando salía del agua, vi al hombre al que mi mujer había abordado inicialmente el día anterior.  Iba solo, y no sabré nunca explicar por qué, sentí la necesidad de abordarlo para preguntar si por casualidad había visto a una mujer, a quien describí, aclarando que sabía que había estado con él la mañana anterior. Le conté que estaba muy interesado en invitarla a cenar alguna noche del verano. De inmediato pude comprobar que era una persona simpática y amable, y que no sospechaba en absoluto la relación que tenía con ella. Más al contrario, habló cordialmente entendiendo que yo me interesara por una mujer como ella. No obstante, me dijo sonriendo, que creía que alguien se nos había adelantado.
Puse cara de fastidio, pero insistí en que me dijera si la había visto aquella tarde, dispuesto a pelear por sus favores. Entonces el hombre se encogió de hombros, como diciendo, tú verás en qué quieres perder tu tiempo, y me indicó que le acompañara hacia uno de los extremos de la playa. Durante el paseo, me contó que la tarde anterior había estado con ella y su amigo dando el mismo paseo que ahora iniciábamos él y yo, que había comprobado que aquella chica era divina. Me contó que terminado el paseo se habían sentado los tres en unas rocas mirando el mar y que no llevaban así ni dos minutos cuando comprobó que su amigo había rodeado su cintura con un brazo y había introducido su mano por debajo del bikini de la mujer, que no hizo nada por evitarlo. Todo lo contrario, me dijo,  “vi su mano moviéndose despacio bajo la fina tela del bikini y casi pude distinguir el sonido de sus dedos mezclando los líquidos generados por la excitación de la señora.” Yo no pude hacer otra cosa que tomar su rostro, acercarlo hacia mi hombro y besarla mientras se corría. Fue muy hermoso, porque se corrió en la mano de mi amigo, pero yo sentí que lo hacía en mi boca, cuando gimió y exhaló todo su aliento en mi garganta. Luego nos dimos un baño y quedamos para hoy. Me siguió contando que estaba muy ilusionado, pero que esta tarde todo había sido diferente.
Yo no sabía qué pensar. Aquello que me contaba me parecía que tenía que ser mentira o que se estaba refiriendo a otra mujer y todo aquello era un malentendido. Seguí caminando por la orilla junto a aquel tipo oyéndole hablar de mi esposa como si fuera otra persona totalmente distinta a la que conocía.
“Cuando nos hemos encontrado – estaba diciendo – he ido a saludarla pero en seguida he visto que ella estaba interesada en mi amigo. He intentado hablar con ella, pero tengo que reconocer que en eso el gordo me supera. Es mucho más gracioso e ingenioso que yo y se sabe camelar a las chicas. He visto que no tenía nada que hacer, salvo recoger las sobras como ayer y hoy no estaba de humor, así que los he dejado solos”
Seguimos andando un par de minutos en silencio, mientras yo imaginaba la mano de aquel gordo metida bajo la braguita del bikini de mi mujer, entre molesto y excitado.
A fin llegamos a una zona de rocas y de dunas que habitualmente estaba ocupada por nudistas. Mi acompañante me desvío a la izquierda, y comenzamos a subir por un pequeño sendero de arena entre rocas y hierbajos cogiendo un poco de altura sobre el mar. Al fin nos detuvimos en lo alto de un saliente desde el que se veía el mar y la playa. El tipo se empeñó en señalar el punto en el que se encontraba mi mujer con su amigo.
– Ahí tienes a la mujer – me dijo sonriendo – y no te ofendas pero creo que mi amigo se te ha adelantado.
Miré alucinado a mi esposa que en aquel momento estaba tumbada con la cabeza apoyada en la enorme barriga de aquel hombre, con la boca abierta, riendo con alguna de las gracias que debía estar contando.
Me senté en una roca junto a mi nuevo amigo, observando. No tuvimos que esperar mucho. Cuando acabaron las risas mi mujer giró la cabeza hacia los pies de su nuevo amigo y con la mano derecha empezó a tocar sus genitales por encima del traje de baño. Nosotros no podíamos verlo, pero era evidente que la polla de aquel tipo estaría subiendo de volumen, y que mi mujer disfrutaba con aquello. Lo que no sabía era que aquel fino movimiento de sus dedos estaba provocando que subiera también el volumen de mi polla y supongo que la de mi acompañante.
Un instante después mi mujer subió levemente la cabeza mirando a su alrededor. Cuando creyó comprobar que nadie les miraba empezó a tirar del traje de baño de aquel gordo hacia abajo, hasta que emergió su miembro, tieso como un mástil. Mi esposa liberó también sus testículos que acarició suavemente antes de dedicarse a aquella gran polla a la que agarró con una mano arrastrando su piel muy despacio arriba y abajo. Luego deslizó su cabeza por la barriga del hombre y lamió el glande como si fuese un helado, saboreándolo con deleite. El hombre puso los brazos bajo su cabeza y se dejó hacer, disfrutando el momento. Y mi mujer siguió frotando y chupando durante un buen rato, hasta que separó su cara para contemplar el gran chorro de leche que surgía de aquel bastón. Pude percibir claramente como sonreía, satisfecha de haber extraído toda la virilidad del macho con su arte. Frotó un poco más, escurriendo hasta la última gota y luego giró la cabeza hacia su amante para confirmar su satisfacción. Es evidente lo que él le dijo porque mi mujer se incorporó un poco, agachó la cabeza hacia los genitales de aquel hombre y se esmeró en limpiarlos con su lengua.
Estaba viendo cómo mi mujer le estaba subiendo el traje de baño, cuando mi acompañante, de quien me había olvidado completamente, me habló de nuevo.
– Menuda paja le ha hecho al cabrón, ¿eh? –
Asentí mientras veía cómo la pareja se levantaba, recogían las toallas y se dirigían a la orilla para empezar el paseo de vuelta.
Esperamos un momento a que se distanciaran y luego iniciamos nuestra marcha tras ellos.
Aquella noche, mientras cenábamos en el restaurante del hotel pregunté a mi mujer si había disfrutado de su paseo. Quería que ella compartiera conmigo su experiencia. Me parecía a mí que ese era el trato, pero ella se limitó a decir que el paseo había estado bien, antes de cambiar la conversación.
Pero esa noche se hizo realidad todo lo que mi amigo me había contado, porque follamos con una intensidad desconocida hasta entonces. No me importó en absoluto que el hombre gordo estuviera entre nosotros. Estaba seguro que mientras la embestía por detrás ella estaba pensando en él, pero no me importaba nada. Le metí la polla hasta dentro con saña, disfrutando de sus gemidos, controlando mi eyaculación lo más posible. Cuando al fin no pude soportar más y me corrí, hice que me limpiara con la lengua hasta sacar brillo, sabiendo que era la segunda vez que hacía aquello ese día. Después volví a penetrarla con mis dedos hasta provocar su segundo orgasmo. Gritó. Empapó la sábana. Después nos tumbamos uno junto al otro, callados y satisfechos.
Al día siguiente no hubo paseo. Imaginé que ella había decidido detener aquello. Seguramente estaba un poco agobiada.
Así estaban las cosas hasta que el día anterior a la vuelta de vacaciones volví a encontrarme con mi amigo el lector. Nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida, y hasta le conté que era mi último día de vacaciones. Me dijo que era una lástima y cuando ya nos despedíamos se volvió para decirme en voz baja que tenía muy buen ojo, que seguro luego tendría más suerte. Supe a lo que se refería, pero algo me dijo que de nuevo él tenía más información que yo sobre mi esposa.
–¿Qué pasa? – pregunté intentando mostrarme poco interesado –¿Tienes novedades?
Se acercó y me susurró al oído
–Yo no tengo novedades, por desgracia, pero mi amigo dice que la chica esa que vimos es una máquina de follar. –Una pasada – añadió
El corazón me dio un vuelco, pero encontré el modo de aparentar una tranquilidad que estaba lejos de tener. De algún modo, saqué el aliento suficiente para preguntarle:
–¿Se siguen viendo? – Estaba loco por preguntar cuándo y dónde pero me daba miedo mostrarme demasiado ansioso.
El amigo lector se rio, antes de decirme que follaban todos los días desde que los vimos en la playa. Afortunadamente era un bocazas y me evitó preguntar por los detalles.
Resultó que se habían intercambiado los móviles y acordaban distintas horas. El sitio siempre era el mismo. El gordo era el jefe de cocina de un conocido restaurante y disponía de un espacio para esas ocasiones. El lector sonreía maliciosamente mientras me contaba todo esto y acabó comentándome que su amigo le había dicho que sospechaba que se trataba de una mujer casada. Yo me encogí de hombros como si aquel dato no me aportara nada y él se despidió posando una mano en mi hombro, en señal de complicidad y lástima por habernos quedado sin premio.
Así que volví corriendo al hotel, con la esperanza de que mi mujer no hubiera salido todavía, pensando en todos aquellos ratos de días anteriores en los que ella había salido a ver alguna tienda o a la farmacia sin que yo sospechara nada.
Cuando llegué a mi habitación mi mujer no estaba, así que sin dudar un segundo volví a salir rumbo al restaurante en el que cocinaba su nuevo amigo. Intenté ir despacio, pero no era posible. Fui tan rápido como pude, sin llegar a correr, con el corazón en un puño. Nada estaba saliendo como había planeado. Llegué casi sudando, y ya en la puerta, no supe bien que debía hacer, así que me detuve antes de entrar y decidí dar un rodeo al edificio, en busca de algo que me revelara donde podía estar la pareja si es que de verdad estaba allí.
Fue una búsqueda infructuosa. Miré el reloj y vi que eran las doce. Un poco pronto para entrar a un restaurante, pero era lo único que podía hacer. En eso estaba cuando la vi. Fue como un fogonazo. Llevaba un vestido blanco playero y andaba con paso decidido hacia lo que debía ser la parte trasera del establecimiento. La seguí maldiciendo lo gilipollas que era, ya que debía haber intuido que mi mujer se dirigiría a la cocina y no a la entrada principal. Cuando dio vuelta a la esquina, me asomé con cautela, para ver como entraba sin llamar. Esperé un minuto y seguí sus pasos. Cogí el pomo de la puerta, con la respiración contenida rogando que no la hubieran cerrado. Y por una vez tuve suerte. La puerta cedió suavemente y pude ver en penumbra todos los fogones y utensilios de una cocina bastante grande. Allí no había nadie. Esperé un poco junto a la puerta para acostumbrarme a la oscuridad. No hizo falta mucho tiempo. Pronto oí ruidos. Susurros y roces de ropa, fácilmente identificables. Me moví un poco hacia ellos. Y entonces los vi. Estaban en un espacio separado de la cocina por unas mamparas. Era el sitio que debían usar los trabajadores para cambiarse, porque había unos cuantos colgadores con delantales y uniformes de color gris. Me acomodé tras los paneles y vi perfectamente a mi mujer y su amante. El de pie y ella de rodillas frente a él, preparando el arma, en una perfecta combinación de boca y manos, en perfecto compás. La barriga del hombre reposaba levemente sobre la cabeza de mi mujer.
Cuando estuvo a punto, ella se incorporó, y se besaron largamente hasta que él la empujó levemente para que quedara de espalda ante él. Me excité mucho viendo como levantaba su falda y magreaba todo el culo de ella por encima de la braga, hasta centrarse en su sexo, que acarició con la palma de la mano durante un buen rato, en devolución del aperitivo sexual que antes le había proporcionado ella. Una vez el hombre hubo comprobado que aquello estaba listo, la acelerada respiración de ella ofrecía pocas dudas, tiró de la braga hacia abajo y se puso tras ella en clara posición de penetración. Un instante después los dos se movían acompasadamente y gemían en espera del orgasmo.
Ella lo tuvo primero. Lo supe en cuanto oí un suspiro largo que me era conocido. Casi sin darme cuenta yo me había sacado la polla por la bragueta y la cubría con la mano, cuidando de no correrme hasta que aquello terminase. En esas estaba cuando oí al hombre que le decía a mi esposa que iba a ofrecerle una degustación muy especial. Tuve que meterme debajo de una mesa como pude para evitar que me viera cuando se acercó a un estante para coger una botella pequeña.
– El mejor aceite de oliva de Jaén para esta chica del norte – gritó con la polla tiesa como un mástil.
Mi mujer se giró hacia él, pero rectificó en cuanto vio que le hacía un gesto indicando que no se moviese y volvió a ofrecerse entera. Desde mi posición pude ver aquel culo tan conocido en toda su perfección y ardí en deseos de acercarme a él y tomarlo como dueño. Pero no lo era, y no lo hice. En su lugar observé como el gordo vertía un chorrito finísimo del denso líquido exactamente en el ojete evitando con su mano izquierda que se deslizarla por la piel de ella. Una vez conseguido el objetivo, introdujo el índice suavemente en el ano mientras ella gemía de placer. Luego extrajo el dedo y se lo puso en los labios para que degustara la mezcla. Y ella se lo agradeció introduciéndose todo el dedo en la boca, chupando con ansiedad.
Repitió él la operación con dos dedos, y luego con tres. Ya no había agujeros en los que aquellos dedos no hubieran hurgado
Tras aquella estimulante cata, era obvio que solo quedaba una cosa. Algo que yo nunca había podido hacer con mi mujer iba a hacerlo aquel tipo en ese instante. Se levantó la tripa con una mano y con la otra dirigió su polla al oscuro y grasiento objetivo. Y el aullido de gozo de mi esposa me dejó sin habla.  Luego solo vi el culo de él yendo y viniendo. Y todo se redujo a sonidos de placer.
No tardamos nada en corrernos los tres. Casi a la vez. Lo último que vi fue a aquel hombre enorme caer rendido encima de la espalda de mi mujer, saciado en sus entrañas. Aproveché ese momento para subirme la bragueta y abandonar la cocina.
Eso está bien
¿Qué es lo que estamos haciendo Sonia, crees que esto está bien?
Por única respuesta siguió sobándome los huevos mientras volvió a juntar sus labios con los míos para seguir morreándonos, con la otra mano me tenía sujeto por el cuello girada hacia mí sentados ambos en el sofá, yo no soy de piedra, bueno en ese momento lo que tenía más duro era la polla, que a pesar de mis “escrúpulos morales” respondía muy bien a los estímulos físicos.
Me deje guiar por el instinto y comencé a acariciarle los pechos, primero por encima de la blusa, pero me calentó tanto que ni la desabroche, creo que es la primera vez que arranco una botonera completa y la suerte fue que iba sin sujetador, me dedique a sobarle los pechos, primero con toda la mano y después solo los pezones, que estaban duros como piedras y calientes como la lava.
Tarde poco en bajar mi boca para sorber uno de esos pechos, como si me fuera la vida en ello, el pezón que quedo dentro lo “golpeteaba” con la punta de la lengua y solo oía los gemidos de placer de Sonia, note como me sacaba la polla y no me pare a pensar lo que eso significaba, llegados a ese punto ya no había marcha atrás.
Con la otra mano solté el cinturón y mis pantalones, quedando expuesto a Sonia que no perdió la oportunidad, tiro de mi ropa hacia abajo mientras yo le sacaba los restos de la blusa, la falda quedo en la cintura y se arrodillo encima del sofá quedando sobre mí, restregando su pelvis con mi dura polla, tarde poco en apartar el diminuto tanga para que pudiera ensartarse sin dificultades.
Tan solo fueron unas cuantas “clavadas” restregando sus tetas sobre mi pecho, al poco salió de mí y se fue dejando caer lentamente, hasta quedar arrodillada en el suelo entre mis piernas, por el camino no perdió la oportunidad de ir lamiendo todo lo que pudo, yo tenía los ojos cerrados tratando de “atrapar” todas esas sensaciones, los abrí a tiempo de contemplar como engullía mi polla en un solo movimiento hasta el fondo, en este caso también fueron solo cuatro o cinco, los profundos movimientos que realizo antes de soltarla.
Se levantó y tomándome de las manos me invito a imitarla, entonces estando los dos de pie, soltó su falda y bajo del todo mis pantalones y bóxer mientras yo me sacaba la camisa, al terminar tire a mi vez del diminuto y chorreante tanga quedando así los dos desnudos y encarados, me tomo de la mano y me llevo a su habitación.
Soy Alex, el mejor amigo de Sonia y Pascual, pero nunca llegue a imaginar vivir una situación así.
En la habitación, me hizo tender en medio de la cama y arrodillada a mi lado, comenzó a lamer mi cuerpo con dedicación, solo quería que gozara, lo consiguió y de qué manera, para mí que estaba acostumbrado a “otro” tipo de relaciones mucho más conservadoras, junto a la que había sido mi pareja por un buen tiempo, esto representaba un mundo distinto.
En esta ocasión cuando llego al vientre, siguió “torturándome” de una forma “cruel”, en varias ocasiones trate de participar de una forma más activa, pero me lo impidió apartando mis manos, cuando note que se colocaba entre mis piernas, me concentre solo en dejarme hacer, convencido que “mi placer” era en ese momento su única prioridad, comenzó una lenta mamada, en la que se recreó y gozo tanto o más que yo y que alargo de forma magistral.
En todo el tiempo que llevo practicando sexo, nunca me habían hecho una mamada de esa magnitud, ni tan siquiera María, una mujer de 43 años que se encapricho de mi un verano que pase en Ibiza, María celebraba que acababa de recibir una sustanciosa “sentencia de divorcio”, me tomo bajo su “protección”, antes y después de cualquier otra actividad, hacia unas mamadas esplendidas, con mucha diferencia a las que me habían hecho hasta entonces.
Cuando Sonia dio por terminada su mamada, se tendió a mi lado apretándose mucho a mí y me susurro al oído.
¿Crees que podrás soportar, pasar casi una semana conmigo?
Soy bastante corpulento por lo que me fue fácil colocarla sobre mi cuerpo, para contestarle mirándola fijamente a los ojos, que esperaba que todo esto no se redujera a una sola semana, entonces me beso tiernamente y abrazándome muy fuerte, me aseguro que si yo lo permitía seria por mucho más tiempo.
Estuvimos así un rato, hasta que me sentí con fuerzas para continuar y en esta ocasión fui yo quien me ocupe a fondo de ella, comencé a acariciarle la columna y unos tremendos escalofríos la recorrían, cuando gire un poco para que quedara a mi lado me dedique a besar sus pezones, de esa forma tan particular que aprendí y que tan buenos resultados da, note como se estremecía y con un par de dedos comencé a acariciarle la vulva hasta que note que se mojaba, entonces la penetre con ellos pero solo los deje dentro.
Esperé a que los pezones se endurecieran y entonces la acabe de poner de espaldas sobre la cama y mientras me erguía sobre un codo medio chafándole un pecho para sorber el otro, comencé una follada con los dedos, esa combinación la llevo al primero de una serie de orgasmos, que tuve yo la suerte de proporcionarle y ella el placer de gozarlos.
Cuando estaba terminando ese primer orgasmo, me arrodillé entre sus piernas y sin darle descanso, alzando sus piernas sobre mis hombros la fui penetrando, todo su cuerpo temblaba de excitación y a medida que incrementaba la frecuencia de mis empellones más se contraía y arqueaba, hasta que comenzó a mover la cabeza a derecha e izquierda mientras soltaba un profundo suspiro que se hacía interminable.
Prolongue esa situación todo lo que fui capaz y cuando comencé a eyacular, el primer sorprendido fui yo por la gran cantidad que solté, a pesar del poco tiempo pasado desde la vez anterior, quizás se debía a que hacía más de un mes que no mantenía relaciones sexuales “en compañía”, cuando dejé de manchar me quede dentro suyo, hasta que la erección prácticamente había desaparecido, entonces baje sus piernas suavemente y me acosté a su lado.
Poco rato después de permanecer en silencio abrazados me sugirió ir a la ducha, nos dimos una ducha rápida y tras lavarnos los dientes fuimos a la cama otra vez, al acostarnos me dijo que la abrazara al menos hasta que se durmiera, eso hice y mirando su bello rostro mientras su respiración se volvía regular y su abrazo más flojo, trate de imaginar la realidad de lo que nos había llevado a esta maravillosa situación y no lo conseguí, tan solo sabía lo que me había dicho Pascual que era a fin de cuentas quien la provocó.
Tres días antes, en el despacho de la empresa de Pascual.
Estaba desesperado, trabajo como auditor en una gran empresa, pero todo lo hago por medio de mi “portátil”, tanto las gestiones e informes cuando salgo fuera, como el trabajo en la oficina y una tarde dejó de funcionar bien, contacte con el informático de la empresa porque el acceso a internet era muy lento y necesitaba unos datos ¡YA! Y al poco me comento apartándome de la mesa de trabajo.
En este tiempo que llevo aquí es la primera vez que me avisas, solo se trata de que algo te ocupa mucho ancho de banda, ¿Otras veces quien te ha revisado el ordenador?
Le respondí.
Solo Sonia mi pareja ¿Por qué? Ella también es informática y por eso es quien se encarga regularmente de revisarlo e instalar algún programa que necesito.
Sonriendo el chico me dijo.
No sé, todo depende de lo que hayas hecho con él, pero según lo que sea, tienes un grave problema, porque te “espían”.
Me dejo intrigado, le pregunté a que se refería y cuando me explico que tenía instalado un programa de acceso remoto, que funciona como “servicio”, sin que yo lo sepa desde que arranca el ordenador y Sonia en este caso sabe en todo momento que estoy haciendo, incluso lo que se ve en mi cámara, me di cuenta que el problema no era pequeño.
Entendí entonces, porque algunos días estaba más molesta que otros, algún correo a mi amiga Raquel últimamente, antes había habido otras, alguna llamada desde el móvil para quedar y vernos, todo eso lo sabía Sonia, vaya.
Llevamos viviendo juntos un tiempo, pero reconozco que “le tiro a todo lo que se menea” no es un problema de “compromiso” es mi naturaleza, nunca he sido celoso, quizás porque no me ha dado motivos o que en el fondo, no le doy tanta importancia a las relaciones fuera de la pareja.
Posiblemente lo mejor sería hablarlo, pero quería tener algún buen argumento para poder hacerlo sin perderla, pues es una persona maravillosa con un cuerpo de infarto y muy pocas por no decir ninguna inhibición en cuanto al sexo, otro en mi lugar tendría de sobras con ella, pues una mujer así no te la acabas.
La única posible solución pasaba por Alex, somos amigos desde el instituto, y había compartido correrías hasta que él comenzó a vivir con Marta en Toledo, por temas de “su” trabajo y porque “sus” tutores son de allí, ahora tiempo después, hace como un mes que Alex regreso a Madrid.
Recordando todo esto, le hice una petición un tanto rara al informático y con una sonrisa cómplice me dijo que eso costaría al menos “una cerveza”, me dio unas básicas instrucciones que seguí al pie de la letra y a la hora apareció con un pendrive, me dijo que solo había que ponerlo en el ordenador en cuestión y ejecutar un programilla, que el solo se encargaba ya de todo.
Llame a Alex desde un teléfono del despacho lejos de mi mesa y quedamos en vernos esa misma tarde, pues yo tenía una auditoria en unas sucursales del sur de España y el viaje estaba programado para el jueves, dentro de dos días y estaría fuera como poco otros seis, mediando el fin de semana.
Al vernos y después de ponernos un poco al día le dije que me tenía que hacer un favor y pregunto con cara de verdadera preocupación, de que se trataba y le conté lo que había descubierto el informático de la empresa, lo que me pasaba con Sonia y proseguí.
Lo único que se me ocurre para nivelar las cosas, es que te acuestes con Sonia mientras yo estoy de viaje y después que sea ella quien entienda que el sexo fuera de la pareja no es malo, solo una forma alternativa de vida en pareja.
Me miro como si estuviera loco, el conoce a Sonia y sabe que es una mujer muy atractiva y con su cara de preocupación me preguntó.
¿Pero tú te oyes hablar? Me estas pidiendo que me acueste con tu pareja, estás loco chico si crees que ella accederá a estar conmigo, ella te quiere de verdad y no seré yo quien siembre la discordia entre vosotros.
Entonces le dije que no lo entendía, que de lo que se trataba es de que ella se diera cuenta que el sexo fuera de la pareja solo es “eso” sexo y para ello necesitaba que por los motivos que fueran ella también experimentara en ese campo.
A regañadientes accedió pero no sabía cómo hacerlo, para en tan poco tiempo dejar de ser un amigo fiel y respetuoso con la amistad y convertirse en un “canalla”, que se acuesta con la pareja de su amigo mientras este esta fuera, entonces le mostré el pendrive y le dije.
Cuando llegues a casa, solo tienes que conectarlo y después ejecutar el único programa que veras, lo ha preparado el informático de mi empresa, no perderás ningún contenido, pero el ordenador no arrancará, llama a casa y todo lo demás vendrá rodado ya lo veras, pero no hables de este encuentro.
Una hora después de llegar a casa, Sonia estaba bastante mosqueada y al rato sonó el teléfono, cuando colgó me dijo.
Era Alex, parece que el ordenador no le arranca y le he dicho que lo puede traer cuando quiera, dice que pasara mañana para que le dé un vistazo, le he dicho que si lo trae mañana se quede a cenar, ya que tú te vas pasado y así os veis ¿Te parece bien?
Le dije que sí, parecía que todo ya estaba en marcha, la tarde siguiente preparé la maleta y por la noche vino Alex a cenar, todo fue de lo más normal, solo dijo respecto al ordenador, que lo paró y ya no consiguió arrancarlo.
Acabamos de cenar y después de un poco de charla, Sonia me dijo que en cuanto tuviera el “portátil” en marcha me llamaría para que pasara a recogerlo, le desee buen viaje a Pascual y me despedí de ambos, deseando marchar pues era consciente que me había metido en un jardín del que no sabía muy bien cómo salir.
Me llamó Sonia, el viernes por la mañana para decirme que ya funcionaba todo, cuando le respondí que pasaría a buscarlo cuando me dijera, me respondió que fuera a cenar esa noche, accedí a condición de que yo llevara el postre.
No me compliqué la vida, fui directamente a La pastelería Mallorca en la Calle Velázquez y pedí un surtido de pastelillos y un par de botellas de cava para acompañarlos, como me gusta pero no entiendo, me deje aconsejar y me recomendaron un brut nature de la casa, embotellado expresamente para ellos por las bodegas “Parxet” y la verdad es que lo hicieron muy bien a juzgar por los resultados obtenidos, que superaban con creces mis expectativas.
Al llegar, Sonia me recibió con una gran sonrisa, cuando nos besamos en las mejillas como siempre que nos veíamos, lo hizo más cerca de la boca que otras veces y la note muy contenta, cenamos con un Rioja, cuando terminamos de cenar solo quedaba un pequeño detalle, tratar de seducirla y eso me empezó a molestar y parece que se me noto en la cara pues pregunto si me pasaba algo.
En un ataque de sinceridad con el que me liberé, le conté de forma rápida lo que había tratado con Pascual y que lo del “portátil”, fue algo provocado con un pendrive que me había proporcionado él y que le mostré pues lo llevaba en el bolsillo, comenzó a reír se colocó detrás de mí y me dijo al oído.
Ya lo sabía, ven y te lo demostrare.
Me levante, me cogió de la mano y literalmente me arrastro hacia el despacho, vi que tenía mi portátil sobre la mesa, conectado y apunto para ponerlo en marcha, me hizo sentar y me invito a hacerlo, cuando apareció el escritorio, todos los iconos habían desaparecido y solo se veía una carpeta con el nombre “Iconos” la “Papelera de reciclaje” y un icono enorme con la sensual imagen de una sirena y el nombre de “Sonia”.
Me indico que pinchara el acceso directo y comenzaron a aparecer una secuencia de fotos, que ocupaban toda la pantalla y que aunque en varias ocasiones le di al “Escape” pensando que era una presentación de “PowerPoint”, no logre que pararan de aparecer, se trataba de una serie de fotos de Sonia, del todo explicitas sexualmente hablando.
Eran fotos hechas para “ellos”, desde la más “inocente” en una playa nudista, donde tomada desde abajo se veía como le escurría agua del coño, otra donde por ejemplo se la veía mirando al objetivo en medio de una mamada, hasta la que me pareció más “fuerte”, una donde a cuatro patas tomada desde atrás, con las rodillas separadas, al fondo se le veían colgar las tetas, mientras en primer plano se veía claramente el culo dilatado y como le salía del interior una mezcla de esperma y otras “substancias”.
Me giré un poco y vi una sonrisa pícara en la cara de Sonia quien me dijo.
Déjame ver ese pendrive un momento.
Le cambie el sitio y se sentó ella, permaneciendo yo a su lado mientras en unos instantes, con unas cuantas pulsaciones en una “consola se sistema” me dijo.
Vamos a tomar el postre y mientras te explicare como lo han hecho, vaya cabrón esta hecho ese Pascual.
Fuimos a la cocina y sacamos a la mesa los pastelillos y el cava, Sonia bebió más que comió, mientras me explicó que era cierto que ella lo espiaba desde hacía tiempo, pues no le gusta su comportamiento con ella como pareja y a continuación me explico de forma que lo entendiera, como había proporcionado las fotos que tenía en su portátil, al informático para que este hiciera el montaje que había visto.
Además de borrar un fichero que impide que el ordenador arranque pero con solo colocarlo desde otro, queda solucionado el problema, el asunto de fondo era, que ella viera que yo disponía de esas fotos para verlas cuando quisiera y ponerla en una situación de indefensión conmigo, con lo que no habían contado ninguno de los dos era, que siendo informática lo primero que miro fue cuando se creó la carpeta y el acceso directo del escritorio, algo que se les había escapado.
Cuando le pareció me tomo de las manos y me dijo.
Vamos al sofá y ya después acabaremos el cava si nos apetece.
Casi todo lo demás de lo sucedido esa noche ya está dicho.
La veía dormir tan plácidamente que me sabia mal moverme para darme la vuelta y tratar de dormir, cuando lo hizo ella, me quede mirando su nuca y comencé a besarla de forma muy sutil, no llegue a dormirme y cuando se despertó después de besarme me dijo.
Lo que me dijiste anoche de que esto durara algo más de una semana ¿Iba en serio? Porque yo estoy dispuesta a irme contigo ahora mismo si me lo pides, te he visto como me miras desde que nos conocemos y sé que te gusto, pero si te has de quedar más tranquilo te diré, que si no es hoy contigo, será el lunes al primer sitio que encuentre, pero Pascual NUNCA MAS se acostará conmigo, bajo ninguna circunstancia quiero en mi vida a alguien tan manipulador.
La besé entonces yo a ella y le respondí.
Si quieres que tratemos de vivir juntos me harás muy feliz, después veremos si realmente somos compatibles en el día a día, por lo que parece en la cama no tendremos problemas ¿o sí?
No me respondió, tan solo comenzó a acariciarme y en cuanto noto que estaba a punto se colocó a cuatro patas ofreciéndome ambos agujeros, muy lentamente la penetré por la vagina y cuando comencé a tomar ritmo oí que me decía.
Cambia de agujero, por ahí ya estuviste anoche y me gusto como lo haces, ahora falta probar si tu disfrutas tanto como yo por ese otro camino.
No me hice de rogar, como tenía la polla ya lubricada la apunte y comencé a apretar, siendo ella la que culeó para ensartarse de golpe como una aceituna, estando al fondo fue cuando la sujete bien por las caderas y comencé un metisaca que nos llevó a ambos al paraíso, cuando note sus primeros espasmos, me dedique a hacer cortos recorridos retirándome del fondo solo un poco cada vez, así pude soltarle las caderas para con una mano acariciarle el clítoris, mientras que la otra iba de un pezón al otro.
El orgasmo fue sensacional, bufaba y se resistía a aflojar, yo continúe con mis cortas embestidas al tiempo que le machacaba el clítoris y pezones, cuando comencé a eyacular, pequeñas descargas dado la gran presión a que estaba sometida la polla, en parte por la estrechez propia del esfínter, acrecentada por los espasmos, Sonia comenzó a emitir un prolongado bramido, que si bien no era muy escandaloso si era muy profundo, eso era más excitante.
Cuando ya no pude más, nos derrumbamos ambos quedando yo dentro suyo, besándole la espalda y acariciándole los hombros, pero al poco rato me retire para dejar de chafarla, soy consciente de mi corpulencia y consecuente con ello.
Cuando al rato nos levantamos para ir al lavabo, me sorprendió con un comentario muy sincero, al menos por el tono en que me dijo.
Podemos ir a vivir juntos y tratar de que funcione, entenderé si un día me dices, que te apetece o que te está tirando los trastos alguna mujer y quieres pasar algún tiempo con ella, pero te pido que no me engañes, es lo único que no soporto, en contra de lo que te haya podido contar Pascual todo eso si soy capaz de asumirlo, aunque personalmente no me atrae la idea de estar con más de un hombre en la misma época.
No esperó respuesta y continuamos hacia el baño, después de una ducha rápida salimos sin más, nos vestimos desayunamos algo y la ayude a preparar una maleta, dijo que el resto de sus cosas ya vendría el lunes con una furgoneta y un par de personas a recogerlas, en lo que quedaba de sábado y todo el domingo ya decidiríamos si llevarlo a mi casa o a un guardamuebles.
Hasta el domingo a mediodía no la llamo Pascual, pero Sonia simplemente dejo que el teléfono sonara, entonces al poco sonó el mío e hice lo mismo, un rato después sonó el fijo e hice igual, pasadas las dos nos fuimos a comer a un pequeño restaurante donde me conocen y donde se puede ir andando, en el camino de regreso me dijo Sonia.
Ahora cuando lleguemos, te pagare mi parte de la comida…………..En especie.
Los dos nos reímos bastante y lo cierto es que me pago “su parte” con creces, además de una sustanciosa propina, casi a las nueve de la noche salimos de la cama, para tomar un bocado y ella aprovecho para comprobar el correo, tenía dos emails de Pascual que no decían nada importante, solo que no podía localizarla en el móvil ni a mí tampoco, cuando nos sentamos a la mesa a comer un poco de “pate” con la botella de cava que no habíamos bebido la noche anterior le dije.
No creo que tengas que llevar tus cosas a un guardamuebles, estas son las llaves de casa y este el mando del parking tu plaza es la 22 junto a la mía que es la 21, pero como llegaras antes que yo, puedes elegir la que prefieras.
Me dio un beso y comenzó a hablar de compartir gastos y………… hasta que le dije que de eso ya hablaríamos en otro momento, que la cama “se enfriaba”.
En los primeros tres días de la semana, no supimos nada de Pascual, no le devolví la llamada hecha el domingo, pero el jueves por la noche mientras revisaba su correo me llamo Sonia para que leyera un email de Pascual.
Después de hacer auditorias en varias de las delegaciones de la zona teniendo como base Sevilla, me han encomendado trasladarme a Tenerife, para hacer unas cuantas allí, marcho directamente y no sé exactamente la fecha de vuelta, ya te diré algo.
Un beso.
Apago el ordenador y nos fuimos a seguir con nuestra nueva vida, que se había vuelto muy excitante.
Entre tanto, esto es lo que sucedía con Pascual.
Al llegar a Sevilla vino a recogerme a la estación del AVE Isabel, una ayudante que me asignaron desde la central, mi cometido era que me acompañara para que recibiera la formación apropiada y en un futuro cercano se encargara ella de las auditorias en la zona sur, en parte un descanso para mí pues no tendría que viajar tanto, solo alguna vez para controlar “in situ” su trabajo, es preciosa y que tiene un gran “peligro”, muchas ganas de ascender al precio que sea.
Eso me lo demostró ese mismo día, después de acompañarme al hotel a que me instalara se quedó a comer conmigo, visitamos después una de las sucursales y cuando me llevo de vuelta al hotel subió conmigo a la habitación, diciendo que estaba dispuesta a aprender de mi TODO lo que fuera capaz de enseñarle, la que empezó enseñando fue ella, se sacó el vestido bajo el cual no llevaba nada más.
Cuando se arrodillo delante de mí, me saco la polla y con soltura se la metió en la boca, no podía creer que fuera una recién licenciada con apenas 22 añitos, como chupaba la condenada y no quedo satisfecha hasta que logro que me corriera por completo en su “boquita”, que al principio de verla me pareció graciosa, pues si bien la chica está muy bien, lo que más me llamo la atención era su diminuta boca.
Después se encargó de desnudarme mientras lamia mi cuerpo con “ansia” en realidad como confeso después, lo que quería era.
Causar una buena impresión, para que no tuviera dudas respecto a que era la mejor candidata para el puesto.
No la decepcione y esa primera noche fue solo la punta del iceberg, resulto ser lo más parecido a una “ninfómana”, al extremo que cuando de la central me comunicaron la necesidad de ir a Tenerife, les respondí que sería provechoso para la empresa que Isabel me acompañara, para terminar la formación.
La chica prometía convertirse en una pieza clave para el buen funcionamiento del servicio que yo hacía a la empresa, aceptaron y después que el jueves mediante un email comunicara a Sonia que marchaba a Tenerife partimos los dos, a pesar de que reservamos dos habitaciones en el mismo hotel pero en plantas distintas, las cinco noches y alguna tarde de las que permanecimos en la isla, las pasamos en la mía donde Isabel me demostró que estaba dispuesta a aprender TODO, TODO lo que fuera capaz de enseñarle, para ampliar sus conocimientos.
Cuando la primera tarde después de instalarnos, me propuso hacer la siesta para descansar del viaje, lo primero que hizo después de desnudarme fue, una “media mamada” solo para ponerme a tope, entonces se tumbó en la cama a la expectativa de que era lo que me apetecía, la puse a cuatro patas y de una fuerte embestida se la metí toda por el culo, giro la cara lo suficiente para fijar sus preciosos ojos en los míos y me di cuenta que estaba dispuesta a lo que fuera.
Ella quería hacerme la vida más agradable, a cambio de que la apoyara en todo y vaya si la apoye, en todas las posturas imaginables incluso me sorprendió, cuando me dijo en algún momento de esa siesta que se hizo interminable pues se alargó hasta bien entrada la noche.
Esos cinco días que pasamos juntos fueron muy intensos, de día visita y trabajo, después cena en el hotel y por la noche sexo a reventar, Isabel sabia de mi relación con Sonia, a la que había llamado en varias ocasiones sin éxito pero no le importaba, ya en el aeropuerto nos despedimos pues ella tenía que coger un vuelo a Sevilla y yo uno directo a Madrid que salía antes.
Quedamos en que nos llamaríamos, ella tenía que venir a la central en las próximas semanas, para que después de presentar mi informe sobre lo visto en mi viaje y la impresión personal sobre Isabel, la nombraran oficialmente “auditora de la zona sur”, bajo mi supervisión directa.
Llegue a casa a media tarde y esperaba darle una sorpresa a Sonia, al entrar en la casa hacia olor a cerrado, después me fije que faltaban una serie de cosas, la televisión el equipo de música su ordenador había cajones abiertos por todas partes, entre en nuestra habitación y pude ver la cama desecha y las sabanas sucias, como de haber practicado sexo.
Pero ella era muy cuidadosa con eso, cuando manchábamos las sabanas que era con frecuencia enseguida las cambiaba, todo eso me hizo pensar en un robo y quizás fuera esa la razón de su silencio para no preocuparme, fui a la cocina y en la nevera, encontré una serie de alimentos “frescos” ya en mal estado y una bandeja con algunos pastelillos.
Entonces pensé que después de lo que había “maquinado”, seguro que el encuentro entre Alex y Sonia se había producido y posiblemente estuviera en su casa, me encamine hacia casa de Alex dispuesto a darle una sorpresa a Sonia, enterarme cuando pasó lo del robo y acompañarla a casa otra vez, ahora que ya se sentiría segura al estar yo con ella.
Sonia me tenía una sorpresa preparada, mucho mayor de la que yo quería darle, se me ocurrió ir a casa de mi amigo Alex para ver cómo había resultado todo, entré al portal con una señora mayor a la que le sujeté la puerta y subí directamente al piso de Alex.
Cuando toque el timbre me contesto desde dentro la voz de Sonia.
¿Ya te has vuelto a olvidar la llave? Llevas toda la semana igual.
Cuando abrió, cubierta tan solo por una bata me miro con desprecio y me dijo que me había equivocado, cerrándome la puerta en las narices, me quede helado y no sabía que pensar, mi reacción fue salir a la calle y esperar hasta que vi aparecer a Alex, quien me obsequio con una ancha sonrisa al verme, al estar más cerca le pregunte qué demonios estaba pasando, su respuesta me golpeo como un mazo.
Chico pasó lo que tenía que pasar, ya te lo advertí y te dije Sonia siempre me ha gustado, no se puede jugar con fuego porque te puedes quemar.
No sabía que decir o hacer.
Solo se me ocurrió irme sin preguntar, ¿Para qué? Estaba claro que había apostado y perdido, regrese a mi casa y por el camino recordé que tan solo faltaban “cosas” que había comprado Sonia, de las que estaba seguro conservaba las facturas a su nombre, ella gana tanto o más que yo y por eso no se cortaba cuando le apetecía comprar algo, de camino pare a comer algo que no me sentó todo lo bien que hubiera deseado.
Después de ver como marchaba Pascual, subí a casa y abrí la puerta, Sonia se abrazó a mi diciéndome que Pascual había venido y que ella le había cerrado la puerta en las narices, pero que no sabía que podía pasar a partir de ese momento, la tranquilice al contarle mi encuentro con Pascual y la breve conversación donde quedo todo dicho, esa noche aún tuvimos otra “sorpresa”, me llamo Marta y tras escucharla unos instantes le dije.
¿Tienes donde tomar nota?…….. Apunta este número que es de mi “amigo” Pascual, alguien que en este momento, necesita a rabiar follar con quien sea, incluso sería capaz de hacerlo contigo, borra mi número de tu agenda porque es la última vez que te lo cogeré.
Al colgar Sonia me miro y con la mejor de las sonrisas me dijo.
Vamos a cenar pronto, que tenemos mucho que celebrar esta noche.
Realidad
¿Realidad o ficción?
Existen tanto la pareja como la situación y realmente el esposo se comportó como se describe. Lo que ya no me sorprende es aquello de que la realidad supera siempre a la ficción.
— Buenos días ¿le puedo hablar?
Se trataba de un hombre de unos 35 años y con más 1.80 de estatura y esbelto, dirigiéndose a una mujer de unos 50 que se estaba tomando un café, en un correcto castellano pero sin disimular un marcado acento catalán.
.- Si claro. Dígame. ¿De qué se trata?
— ¿Le dice algo el nombre de Beni, o Benito?
La mujer cambió de expresión y con curiosidad preguntó tuteándolo.
.- ¿Qué te hace pensar que conozco a esa persona?
— No es una sospecha, tengo la seguridad, pero de alguna forma tenía que comenzar la conversación.
.- ¿Qué pretendes?     Estoy esperando a una amiga; hemos quedado aquí y llegará en cualquier momento.
— En ese caso, envíele un whatsapp y dígale que hoy no podrá ser porque le ha surgido un imprevisto. Tengo mucho que contarle y estoy convencido que le interesara oírlo.
.- Tengo mucha curiosidad. ¿Me puedes adelantar algo?
— Todo lo que quiera saber lo podemos hablar la habitación de mi hotel que está muy cerca, en su casa, o en cualquier otro lugar que conozca y donde se sienta cómoda, pero si llega su amiga perderá la ocasión de averiguarlo.
La mujer saco su móvil y envió un escueto whatsapp.        • Hoy no puedo verte, te llamaré yo. •
.- Dime para que has venido y si me convence, iremos a tu hotel para que me cuentes toda la historia.
— Podría inventarme muchas cosas pero prefiero decirte la verdad desde el principio. He venido para follar contigo, estoy seguro que lo pasaremos muy bien, y ahora es cuando has de aceptar y confiar en que te cuente el porqué de todo esto, o que me dejes aquí y nunca la conozcas.
La mujer tomo su bolso y bajó del taburete, con un ¡vamos! aceptó acompañarlo.
En el ascensor, ella le preguntó por su nombre y él con una mueca le respondió que lo conocían como Caín y era el nombre que seguiría empleando con ella. A su vez le tomo la mano y llevándola a su paquete le preguntó.
— ¿Así es como te gustan las pollas?
La mujer la acarició con deleite y no apartó la mano cuando se abrieron las puertas; caminaron hasta la habitación y al cerrar la puerta surgió la fiera que llevaba dentro, se despojó del abrigo mostrando sus apetecibles curvas y Caín la atrajo besándola con desespero, sorbiendo su lengua mientras le arrancaba literalmente la falda, las manos de ella luchaban por soltarle el cinturón y cuando cayeron los pantalones comenzó a magrear esa verga que tanto prometía.
La apoyó contra una pared y le apartó el tanga; sin delicadeza y de un solo caderazo la ensartó oyendo como ahogaba un lamento; había golpeado el cérvix con el grueso capullo, pero eso no le impidió manchar con desesperación durante unos minutos, paró unos instantes y en volandas la trasladó hasta la cercana cama; prosiguió con sus manejos y ahora le mordisqueaba los pezones y eso la estaba enloqueciendo; hacia demasiado tiempo que nadie la trataba de ese modo que tanto le gusta.
El primero de los orgasmos no tardó en llegar y mientras los espasmos la sacudían y esperaba que la dejara disfrutarlo, ese sátiro no cesó de darle meneos, que si bien los espaciaba, servían para evitar que acabara del todo y las réplicas la estaban destrozando, pensó en pedirle que parara en un par de ocasiones, pero le resultó imposible hacerlo pues estaba mucho más allá de “la gloria” a la que pocas veces la habían logrado llevar.
Caín resultó ser con diferencia el mejor amante que había tenido y se dejó ir a donde quisiera llevarla; al rato y estando cerca del desfallecimiento, él se vació en ella llenándola del viscoso y abundante semen que rebosaba ya que siguió manchando hasta quedar exhaustos ambos.
Tendidos en la cama y con la ropa arremolinada, cuando recuperó el aliento Rosa preguntó.
.- ¿Ahora que ya me has demostrado lo que vales, me contaras porque te intereso tanto como para cruzar media España?           Soy una mujer de 50 años y estoy segura que puedes elegir a la que quieras mucho más cerca de tu casa.
La atrajo hacia sí y después de besarla con intensidad le dijo.
— Esto comenzó hace unos tres meses y ha sido tu esposo quien ha propiciado todo esto, escribo libros eróticos y me envió un correo de felicitación por uno de ellos, comentando que yo “sabía cómo tratar a las mujeres” me pareció que era un hombre desgraciado y quise charlar con él, respondí a ese correo y poco después chateamos empleando gmail.
La mujer se movió para acariciarle la polla mientras escuchaba en silencio prestando mucha atención.
— Me hablo de su esposa; comentó que durante un tiempo había tenido un amante y que lo humillaba al hablarle de lo bien que la follaba y lo mucho que la hacía gozar y hasta ahí todo bien; después de darle algunas indicaciones para tratar de mejorar su situación entre las que se encontraba cederla voluntariamente a otro para que la folle como merece, una tarde se unió aparentemente la esposa a esa conversación desde la misma cuenta de correo.
— Cuando le pregunté a “ella” si le gustaba mamarlas gordas como me aseguró su esposo, me respondió que con la pichílla de él le entraban nauseas pero que con un buen pollón disfrutaba y sabia como hacer disfrutar a quien lo calzara.
En ese punto la mujer se movió hasta poder acceder con facilidad al pene de Caín, que a pesar de las caricias no estaba del todo tiesa y después de retirar el prepucio con los labios comenzó a lamerle el capullo con la maestría que da la práctica.
El hombre calló y se centró en lo que le estaba haciendo disfrutando tan sublime momento; la engullía hasta atascarse la garganta y se follaba la boca una cuantas veces y después la sacaba totalmente para lamer el capullo, aflojó en varias ocasiones para retrasar el momento pero al fin obtuvo su recompensa; una serie de sucesivas descargas se estrellaron en su paladar, tragó lo que pudo y el resto cayó sobre la pelvis del hombre pero lo fue recogiendo y tragando como un verdadero manjar.
Poco después el hombre prosiguió su narración.
— Primero el uno y después la otra accedieron al plan que les plantee de que él le buscara amantes y que ella, después de disfrutarlos le contara que y como se lo había hecho, repitiendo con él todo lo que fuera capaz de aguantar, consintiendo incluso él, tomar viagra de vez en cuando para que ella no se sintiera frustrada al tener sexo con alguien que tiene tan pobre equipo.

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