Nadie muere dos veces

Todos bien sabemos que la semblanza es impredecible para cada uno de nosotros, sin embargo hay una cosa que sí tenemos en común; la cantidad de ataques que nos brinda.

En estas páginas hablo precisamente de eso, sin embargo hago énfasis en uno que me marcaría física, mental y espiritualmente de manera formidable y para siempre.

Confío en que mi vivencia, y la manera en la cual pude salir hacia delante, servirá a más de uno que esté atravesando por tiempo similares en su semblanza.

Porque sé que copiosos necesitamos de un valedor, en cualquiera de sus traducciones, para nacer del badén.

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