Novia Bansley de Sophie Saint Rose

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Novia Bansley de Sophie Saint Rose pdf

Novia Bansley I de Sophie Saint Rose pdf descargar gratis leer online

Nos vamos a Texas para darnos una vuelta y conocer a los Bansley.

Sinopsis de “Novia Bansley 1”

¿Trabajar para Keigan Bansley? ¿Con lo creído que era? Además, ella estaba preparada para ser secretaria de dirección en corporaciones importantes, no para llevar la triste administración de un rancho por muy grande que este fuera.

Ella quería viajar, ver mundo. Su hermana la había metido en un lío de primera. Pero sus padres estaban tan contentos porque no tenía que irse del pueblo que cualquiera les decía que no.

¿Trabajar para Keigan Bansley? ¿Podría soportar ver esos ojos verdes todos los días? Por supuesto que sí.

Sobre la autora de Novia Bansley Sophie Saint Rose

Sophie Saint Rose es una prolífica escritora que tiene entre sus éxitos “A sus órdenes” o “Diseña mi amor”. Si quieres conocer todas sus obras publicadas en formato Kindle, solo tienes que escribir su nombre en el buscador de Amazon o ir a su página de autor. Allí encontrarás más de cien historias de distintas categorías dentro del género romántico. Desde época medieval o victoriana, hasta contemporáneas de distintas temáticas como la serie oficina o Texas entre otras.


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  1. Capítulo 1
    Cindy se echó a reír haciéndose un rodete en lo alto de la cabeza con su largo cabello rubio y la miró a través del espejo moviendo las caderas al ritmo de la música. Levantó la barra de labios rosa. —¿Quieres? Es nueva. Se llama flor del desierto. Mi madre dice que le queda bien a todas las mujeres.
    —No, no puedo ponerme maquillaje. —Shine fastidiada se sentó en la cama deshecha de su amiga.
    —Jo, tus hermanos son un peñazo. Nunca te dejan hacer nada.
    —¿No me digas? No me había dado cuenta —dijo con ironía.
    Su mejor amiga se volvió mirándola fijamente con sus bonitos ojos azules. —Estás cabreada. ¿Qué han hecho ahora?
    —Eso es lo que venía a decirte. El sábado no iré contigo de compras porque me han soltado que nada de ir al baile de fin de curso. Con catorce años no se puede ir a bailes. ¿Dónde se ha visto eso? Si hasta Derren me ha dicho que va a hablar con la directora del instituto.
    —No fastidies.
    —Y Colter le ha dado la razón. Estaba cabreadísimo.
    —¿No me estás vacilando? —preguntó alucinada sentándose a su lado.
    Negó con la cabeza moviendo sus rizos negros y gimió mientras sus ojos verdes se llenaban de lágrimas. —Como vayan a hablar con la señora Sheldon me muero de la vergüenza. Seré la única de todo el curso que no asistirá. Se lo he dicho a Keigan, pero le ha entrado por un oído y le ha salido por el otro. Simplemente dijo que Derren se encargaría.
    Su amiga se la quedó mirando mientras se limpiaba las lágrimas. —Lo siento mucho. —Shine se encogió de hombros. —¿Y si dices que vienes a dormir a casa y vamos al baile? Mi madre te cubriría. Lo entenderá y nos ayudará, ya verás.
    —Ahora estarán con la mosca tras la oreja hasta que pase. Tendré que decirle a Freddy que no puedo ir.
    —Con lo que te gusta. —Acarició su espalda apretando los labios. —Tienes que hacer algo, van a destrozar tu vida social. Ni siquiera te dejan ir al cine los fines de semana. Y la ropa que te compran —dijo con cara de horror mirando sus vaqueros y su camiseta infantil con una princesa en la pechera—. Creen que todavía eres una cría.
    —Lo sé. Es frustrante, ¿pero qué voy a hacer? Keigan es mi tutor y lo que diga él va a misa. Y si no lo dice Keigan, lo dice Colter y sino Derren. Esto no se acaba nunca. ¡Al final siempre uno de ellos dice que no y me tienen harta!
    Cindy entrecerró los ojos. —Es una pena que no tengas una hermana mayor. La mía me abre mucho el camino, te lo aseguro.
    —La única mujer que hay en mi casa es la señora Braun y les da la razón en todo.
    —Es que les debe mucho a los Bansley. Keigan les dio trabajo en el rancho a sus hijos en cuanto salieron del instituto. No hay mucho trabajo por aquí y está muy agradecida. Además, no tiene hijas y…
    —Lo sé. Tampoco puedo pedirle que me apoye. Nunca se pondrá de mi lado.
    —Estás en un lío de primera. Como no lo soluciones, los demás terminarán por darte de lado si no haces lo que hacen todos. Julie va a hacer una fiesta el sábado y no te ha invitado porque sabe que no te dejarán ir.
    —Es que ya no sé qué hacer. —Se levantó y fue hasta la ventana apartando la cortina de hilo. En la acera de enfrente estaba la ranchera de Keigan que había ido al pueblo, a la ferretería, y le había dicho que en una hora en la camioneta como si fuera una niña. Ahora todos los de su edad iban en bicicleta, pero ella no. No podía hacer nada con lo que corriera un mínimo riesgo fuera lo que fuera. Ni salir con chicos, ni maquillaje, ni ropa bonita. Esas navidades le habían regalado un osito de peluche enorme como si tuviera cinco años. Cuando era niña después de la muerte de su madre estaba encantada de tener tanta atención y que se preocuparan tanto por ella, pero empezaba a ser asfixiante y no lo soportaba más.
    —Si al menos estuvieran casados —dijo su amiga cortándole el aliento—. Sus mujeres les pondrían las pilas.
    Se volvió de golpe. —¿Qué has dicho?
    Su amiga que se estaba pintando una uña con un color rosa chicle parpadeó. —Que si al menos…
    —¡Te he oído! —Sonrió de oreja a oreja. —Claro, ellas les pondrán en su sitio y me comprenderán. ¡Eres un genio!
    Cindy sonrió. —Vaya, gracias.
    —¡Solo tengo que casarles!
    La miró como si fuera tonta. —¿Vas a casarles tú?
    —Ya me entiendes. Solo tengo que conseguir que se casen.
    —Como si fuera tan fácil. ¿Cuántos años tienen?
    —Treinta y tres, treinta y dos y Derren treinta y uno.
    —Sí que debiste ser una sorpresa, sí.
    —No lo sabes bien.
    —Jo, ya son muy viejos.
    —¡No son viejos! Están en la edad. —Sus ojos verdes brillaron. —La edad perfecta para pensar en casarse de una vez.
    —Pues por aquí no les ha gustado ninguna.
    —Claro que les han gustado mujeres de por aquí, entre los tres han salido con todas o casi. —Sonrió maliciosa. —Además no tengo que casarles a todos. Con conseguir casar a uno ya tendré mucho avanzado. Y tiene que ser Keigan que es el mayor.
    Cindy miró hacia la puerta y susurró —¿Y mi hermana? Tiene veintitrés.
    La miró fijamente pensando en ello. —¿Tu hermana?
    La puerta se abrió de golpe y Amelia puso los brazos en jarras mirando la desastrosa habitación. —No saldrás de aquí hasta que no la ordenes.
    —Pero…
    —¡Mamá me tiene harta con que te controle! ¡Ya eres mayorcita! ¡A recoger! —Cerró de un portazo y Cindy gimió, pero a Shine se le cortó el aliento porque trataba a su hermana como una adulta y eso era lo que ella quería. Hizo una mueca porque tenía muy mala leche cuando se cabreaba, pero casi mejor porque Keigan no se quedaba corto. Además, era muy bonita con esos ojos azules almendrados y sus gruesos rizos rubios que caían hasta la cintura. ¿Cómo no lo había pensado antes? Eran perfectos el uno para el otro.
    —Oye, ¿tu hermana sigue buscando trabajo después de terminar el curso ese de secretaria?
    —Era una especialidad de finanzas o algo así para secretaria de dirección. —Estiró las sábanas. —Dice que así encontrará trabajo en la ciudad. Ya ha enviado varios curriculum para unas ofertas de empleo.
    —Entonces sabe de números.
    —¿De números? Es un hacha para eso. Hasta le hace la declaración de la renta a mi padre y siempre le sale a devolver.
    —¿No me digas?
    Cindy sonrió. —¿Es candidata?
    —Es perfecta.
    Sentada a la derecha de su hermano mayor revolvió las zanahorias resecas dándole vuelta a cómo conseguirlo mientras ellos no dejaban de hablar de ganado.
    —Shine, ¿pasa algo? —Levantó la vista hacia Colter que estaba sentado frente a ella observándola. —¿Ocurre algo?
    Negó con la cabeza bajando la vista hasta su plato de nuevo y los tres hermanos se miraron. —¿Estás enfadada por lo del baile? —preguntó Keigan antes de beber de su cerveza sin quitarle ojo.
    Entrecerró los ojos dejando el tenedor sobre la mesa. Era hora de tomar las riendas de su vida. Levantó la vista hasta ellos y sonrió. —¿Por qué no os habéis casado?
    Los hermanos sonrieron aliviados de que no se pusiera a llorar o algo así. —Todavía no hemos encontrado a la mujer adecuada —dijo Derren.
    —¿Y qué debe tener la mujer adecuada? —Les miró a los tres uno por uno. —Sois guapos y ricos. Candidatas no os faltarán.
    Los tres sonrieron. —¿Ahora quieres casarnos? —preguntó su hermano mayor levantando una de sus cejas morenas.
    —No. —Cuidado Shine, que se te ve el plumero. —Es que me extraña. Ni siquiera tenéis novia fija y me parece raro.
    Colter entrecerró sus ojos grises. —¿Te parece raro de repente?
    —Bueno, es que he oído algo… —dijo compungida mientras ponía cara de niña buena.
    —¿Qué has oído? —Derren se adelantó.
    —Pues que Katie London está muy mosqueada contigo porque saliste con ella una sola vez y que después de conseguir llevarla al catre, la dejaras tirada para salir con María Smith. —-Su hermano se sonrojó y ella satisfecha miró a Colter. —Que tú te has acostado con las gemelas Robinson y que su padre ha sacado la escopeta. —Su hermano carraspeó revolviéndose en su silla y al mirar a Keigan este se tensó. —Y una chica de mi instituto me ha dicho que tienes una amante en San Antonio y que se ha quedado embarazada. Que le has dado la espalda y que rechazas casarte con ella.
    —¡Eso es mentira! —dijo indignado haciendo que sus ojos verdes refulgieran de furia—. ¡No he dejado embarazada a nadie en mi vida!
    —Oh, ¿usas condón?
    —¡Shine, eso no es problema tuyo!
    —¿Por qué?
    —¡Porque es mi vida privada!
    —Tú te metes en mi vida continuamente. ¿No es justo que yo sepa tu vida?
    Keigan entrecerró los ojos. —No he dejado a nadie embarazada.
    —Pero lo de estos es verdad, ¿no? —Sus hermanos carraspearon incómodos. —Es increíble, ni me dejáis hablar con chicos y vosotros tirándoos a todo lo que pilláis por ahí.
    —Somos adultos para hacer lo que nos venga en gana.
    —Eso es muy cínico. Y egoísta. Papá os dejaba hacer lo que os diera la gana porque sois hombres.
    —Papá no está aquí y mamá tampoco. Es nuestra obligación cuidarte y criarte de la mejor manera posible y es lo que vamos a hacer —dijo Keigan firmemente—. Esto es porque no puedes ir al baile e intentas avergonzarnos para que te demos la razón. —Se sonrojó ligeramente. —Y eso, señorita, no va a pasar. ¿Me has entendido? Nosotros somos adultos y tú eres una niña. ¡Nada de bailes, salir con chicos ni nada de nada hasta que sea el momento!
    Estaba claro que había mostrado sus cartas demasiado pronto. Levantó la barbilla demostrando que ella también tenía carácter. —No lo decía por el baile. Lo decía porque esta mañana al salir de la iglesia oí a una mujer que comentaba que no veía muy bien que tres hombres solteros con tan poca moral criaran a una niña de catorce años. —Los tres se tensaron con fuerza. —Y esta tarde hablando con Cindy se lo he comentado y me ha dicho que os lo dijera por si viene asuntos sociales.
    —Asuntos… —Colter atónito miró a su hermano mayor que enderezó la espalda.
    —¿Quién era esa mujer?
    —Estaba en un grupo y no pude verle la cara, pero la oí como la tuvieron que oír las otras mujeres —dijo aparentando estar asustada—. No pueden llevárseme, ¿verdad?
    —No, no pueden —dijo firmemente su hermano mayor—. Y no hay nada en la ley que nos impida llevar la vida que nos venga en gana mientras tú estés bien cuidada. Esa mujer no sabe lo que dice, solo lo ha hecho para cotillear y meter cizaña.
    Sonrió radiante como si estuviera aliviada. —Menos mal. Con lo balas perdidas que sois, ya me veía en una casa de acogida o algo así. —Se puso a comer con ganas y vio de reojo como los tres hermanos se miraban. Sonrió para sí. Ya estaba en marcha.
    Keigan caminó hasta la chimenea y apretó los labios viendo las fotos de sus padres. En un año los habían perdido a los dos. Primero a su padre cuando en un paso a nivel un tren arrastró su coche y después a su madre por un cáncer de útero que se la llevó en apenas un mes. Siempre había creído que no pudo soportar la muerte de su padre y su dolor le provocó el tumor que se la llevó. Joder, cómo les echaba de menos.
    —¿Quién sería la hija de puta? —preguntó Colter antes de beber de su whisky.
    —Cualquier cotilla del pueblo. —Derren suspiró sentándose en el sofá. —Lo importante es qué vamos a hacer. Si alguien llama a servicios sociales tendrán que investigarlo y pueden que el que nos manden piense lo mismo que la cotilla.
    —No la vamos a perder. —Se volvió hacia sus hermanos. —Es nuestra hermana y está bien cuidada. Ningún juez nos la quitaría.
    —Pues a mí se me han puesto por corbata. —Derren bebió de su whisky. —Se me han quitado las ganas de salir con alguien en una temporada.
    —Pues es lo que deberíamos hacer durante un tiempo para que los cotilleos en el pueblo cesen. —Colter sonrió —¿Podrás soportarlo?
    Sonrió irónico. —¿Y tú?
    —Joder, no tengo ni idea. Nunca he estado más de quince días de abstinencia.
    Keigan fue hasta el mueble bar y se sirvió otra copa. —Yo no tengo ese problema. No tengo por qué renunciar al sexo, sobre todo porque nadie sabe con quién lo tengo.
    —No, claro que no. Teniendo una amante fija y casada además, el problema está solucionado. Nadie lo sabrá nunca, pero yo prefiero variar.
    —¿No te aburres? —preguntó Derren divertido.
    —No os dais cuenta de que una mujer fija llega a conocerte muy bien y eso mejora el sexo. Sabe lo que te gusta, lo que te es indiferente. —Se encogió de hombros. —Además, Caroline todavía no ha llegado a aburrirme.
    —Eso es porque es muda.
    Derren se echó a reír a carcajadas y Keigan sonrió. —No es muda.
    —Casi, no le he oído más de dos palabras seguidas. Su marido debe ser el hombre más feliz del universo. —Colter apoyó los codos sobre sus rodillas mirándole fijamente. —Alguien sabe que tienes una amante en San Antonio, así que ojo.
    —Alguien ha debido ver mi camioneta en el hotel y se ha inventado esa historia, pero no lo saben porque si fuera así hubiera salido el nombre del alcalde, ¿no crees?
    —De todas maneras, ten cuidado porque lo que faltaba es que se supiera que la mujer del alcalde es tu amante. Eso sí que sería un escándalo en el pueblo.
    Keigan entrecerró los ojos. —Tendré cuidado.
    —Vamos tío, lo que deberías hacer por el bien de la familia es casarte —dijo Derren mientras sus ojos verdes brillaban de diversión.
    —Muy gracioso.
    —Que ya tienes una edad…
    —Entonces cásate tú.
    —Todavía no he encontrado a mi media naranja.
    Levantó su vaso. —Lo mismo digo. —Colter y Derren se miraron antes de carraspear y Keigan entrecerró los ojos siseando —No la he encontrado.
    —Y una leche. Lo que pasa es que no tienes huevos para pedirle una cita.
    —Si hablas de la hermana de esa amiga de Shine, no es mi tipo. —Se sentó en el sofá de nuevo y los hermanos se rieron. —¿De qué coño os reís? —preguntó mosqueado.
    —Se llama Amelia y lo sabes de sobra —dijo Derren. Keigan gruñó antes de beber —. Lo que pasa es que no sabes cómo acercarte a ella, porque si sale mal puede que Cindy se enfade con Shine, por eso mantienes las distancias.
    A Shine se le cortó el aliento escuchando desde las escaleras. No podía tener tanta suerte.
    —Es guapa, pero de ahí a que sea mi media naranja… Os habéis pasado tres pueblos.
    —Yo la vi esta tarde en el pueblo —dijo Colter llamando su atención—. Y hablaba con Roy Summerfield.
    —Pues muy bien —dijo mosqueado.
    —Ella se reía y a ese imbécil se le caía la baba.
    —Pues yo he oído que se va del pueblo.
    Keigan apretó los labios. —Lógico, ha estudiado y cuando lo hacen es para irse de aquí.
    Shine juró por lo bajo bajando otro escalón y al ver el teléfono móvil en su mano se le ocurrió. Se lo puso al oído y dijo —Vaya, ¿de verdad, Cindy?
    Los chicos vieron a su hermana pasar en pijama hacia la cocina. —Es una pena. —Abrió la nevera y cogió lo primero que pilló que fue un zumo de uva. Salió de la cocina diciendo —Tu madre estará disgustada, claro. Y tu padre debe tener un cabreo… ¿Cuándo se va?
    Keigan frunció el ceño.
    —¿La semana que viene? Sí, es una pena que no haya conseguido trabajo aquí. Amelia me cae muy bien. ¿Que te regala su cazadora vaquera? Que guay, ¿no?
    El portazo llegó hasta ellos y los tres se miraron. —Sí, se va a ir —dijo Keigan antes de beber todo el contenido del whisky.
    —Podrías ofrecerle trabajo —dijo Colter.
    —¿Para qué? Será mejor que se vaya.
    Shine gimió desde las escaleras.
    —Le harías un favor a los padres de Cindy. La adoran, les gustaría que se quedara. Si se va es por obligación, porque aquí no tiene futuro si no es ganadera. La tienda de su madre no va muy bien, ya casi nadie compra en su mercería y su padre tiene el taller, pero…
    —¿Y qué iba a hacer aquí?
    Shine corrió escaleras arriba sin hacer ruido y gritó —Chicos, ¿sabéis de alguien que ofrezca trabajo de contabilidad, secretariado o algo así? ¡Hace declaraciones de la renta!
    Colter y Derren se miraron antes de mirar a Keigan que carraspeó —¿Tiene experiencia?
    —Cindy, ¿tiene experiencia? —dijo bien alto sin molestarse en ponerse el teléfono al oído—. ¡Dice que sí! ¡Ha hecho prácticas!
    —Ha hecho prácticas —dijo Derren divertido.
    Keigan le fulminó con la mirada y escucharon como Shine bajaba las escaleras corriendo. Apareció en la puerta. —¿Sabéis de alguien?
    Colter se levantó. —¿Quién es?
    —Amelia Hudson. La hermana de Cindy, ¿la recuerdas?
    —Oh, sí… la rubia. ¿La recuerdas, Keigan?
    Su hermano mayor gruñó. —Así que se va.
    —Si no encuentra trabajo aquí no tiene más remedio que irse. ¿No es una pena?
    —Una pena enorme —dijo Derren con segundas—. ¿No, Keigan?
    Colter sonrió. —Oye, ¿no podría quedarse para ayudarnos con el papeleo?
    —¿Entonces qué harías tú? —siseó Keigan con ganas de pegar cuatro gritos.
    —Trabajaría más en el campo. Casi me haría un favor, porque odio estar metido en ese despacho todo el día al teléfono.
    Shine chilló de la alegría y se puso el teléfono al oído. —¡Cindy, que sí!
    Keigan separó los labios para decir algo, pero su hermana salió corriendo. —Dile que venga mañana a las siete. ¡Tiene trabajo! Ya verás como ahora tu madre se pondrá contenta.
    El portazo hizo gruñir al hermano mayor que miró a los demás como si quisiera que desaparecieran de la faz de la tierra y Derren rio. —No pongas esa cara. Si estás encantado. Te hemos hecho un favor.
    Keigan fue hasta el mueble bar. —Como salga mal, hablas tú con Shine.
    —Claro, hermano… Por ti lo que haga falta.

  2. Capítulo 2
    Amelia miró a su hermana sin entender nada porque no dejaba de hablar. Había entrado en su habitación sobresaltándola porque ya estaba dormida y solo había llegado a su dormido cerebro trabajo y rancho. Suspiró sentándose y apartando sus rizos de la cara. —Ya le dije a mamá que no te dejara comer ese segundo pedazo de tarta. Demasiado azúcar.
    —¿Has escuchado algo de lo que te he dicho? ¡Te he conseguido trabajo!
    Parpadeó. —¿Cómo has dicho?
    —En el rancho Bansley —respondió loca de contenta.
    Ay, madre. —¿Qué has dicho?
    —¡Necesitan a alguien para que les lleve el papeleo! ¿No es genial? Mañana allí a las siete de la mañana.
    Su madre llegó en ese momento. —¿Es cierto lo que he oído?
    —Sí, mamá.
    —¡Oh, hija es estupendo! ¡No tendrás que irte!
    No se lo podía creer. Con todo lo que había estudiado no iba a quedarse allí cuando había echado curriculums a empresas internacionales. Ella quería viajar, ver mundo. —Pero quedarme en el rancho… Es un trabajo algo simple para mi especialidad, ¿no?
    Su madre perdió la sonrisa poco a poco y su padre llegó en ese momento contento como unas castañuelas. —El rancho Bansley. Hija qué suerte, es el rancho más grande de por aquí.
    —Gracias a mis contactos, papá —dijo Cindy orgullosa.
    Amelia gimió por dentro. Y ahora cómo se lo decía cuando estaban tan ilusionados. Lisa dio un paso hacia ella. —Hija, ¿no quieres el trabajo?
    ¿En el rancho con esos estúpidos Bansley, que se creían los dueños del pueblo? —Pues la verdad…
    —Claro que lo quiere. Es una oportunidad única —dijo su padre atónito —. Y si lo hace bien será un trabajo de por vida. Además, ahora no tiene ninguno. ¿Qué va a hacer, seguir mirando las musarañas en la mercería esperando a que entre una clienta? De eso nada. —Su padre la miró fijamente. —Aceptarás el trabajo.
    —Además no vas a dejarme mal —dijo Cindy indignada—. Shine ha tenido que insistir para que te lo dieran, ¿sabes?
    —¿Y por qué ha hecho eso?
    —¡Por hacerme un favor! —dijo como si fuera tonta.
    —Cindy ha hecho bien —dijo su padre empezando a mosquearse—. Estás en el paro esperando un trabajo que nunca llega, así que lo aceptarás. Dale las gracias a tu hermana por preocuparse tanto por ti.
    Gruñó por dentro antes de mirar a su hermana. —Gracias pequeñaja.
    Cindy sonrió radiante elevando la barbilla orgullosa consigo misma. —De nada. Y no me dejes mal.
    Salió de la habitación con la cabeza bien alta y su padre entrecerró los ojos. —No lo hará, ¿verdad cielo? Porque eso nos dejaría mal a todos y mi taller depende mucho de los coches de los Bansley y de los que trabajan para él.
    Como si hubiera otro taller en el pueblo. No tenían otra opción que ir a él a no ser que recorrieran sesenta kilómetros hasta San Antonio.
    —Nuestra niña nunca nos ha dejado mal. Hará ese trabajo lo mejor que sepa —dijo su madre convencida.
    Su padre mirándola fijamente con sus mismos ojos azules asintió. —Descansa, tienes que madrugar.
    —Sí, papá.
    Lisa esperó a que se fuera y cerró la puerta a toda prisa. —Hija…
    —No es lo que quería. —Gimió tapándose la cara con las manos y Lisa apretó los labios. —Quiero irme. —Sintió como su madre se sentaba a su lado y acariciaba su hombro. —Lo siento, pero es que…
    —Lo sé. Tú quieres volar.
    Levantó la vista hacia ella. —¿Con los Bansley? ¿En serio?
    —La mayoría de las veces no podemos elegir los trabajos que queremos, hija. Además, son buena gente. Justos y trabajadores. Con mala leche, pero hombres de los pies a la cabeza.
    —Eso es cuestión de opiniones. Derren salió con July hace tres años y la dejó tirada después de… —Levantó una ceja haciendo que su madre jadeara. —Le mataría. Se pasó llorando una semana.
    —Será que se dejó fácilmente antes de poder enamorarle un poquito, ¿no crees? Tú no te dejes.
    —Mamá, ¿te crees que soy tonta? —preguntó sonrojándose.
    —Eso, tú cierra las piernas y abre tu mente. —Le guiñó un ojo. —Y si llega otra oferta lo hablamos. Igual después de empezar el trabajo no quieres irte.
    —Lo dudo.
    —Es un rancho grande, seguro que el trabajo es muy interesante.
    —Serán cuatro facturas. Me aburriré como una ostra.
    —¿Quién sabe? Igual te sorprendes.
    Sí que estaba sorprendida, sí. Entró en lo que ellos llamaban oficina. Era una pequeña edificación pegada al establo con una mesa, un ordenador de última generación, fax, impresora y todas las paredes llenas de cajas de cartón hasta el techo. Eso por no mencionar la tonelada de papeles que había sobre el viejo escritorio. El suelo estaba lleno de paja del establo que había debido entrar en las botas de los vaqueros y había un ligero tufillo a estiércol que la hizo fruncir su naricilla. Colter forzó una sonrisa. —Es que están limpiando la paja de los caballos, pero terminan enseguida.
    Genial, de ser secretaria de dirección de algún presidente de empresa que viajara a Japón iba a oler mierda de caballo a menudo, pero algo era mejor que nada y sonrió. —No pasa nada.
    Él miró el traje rosa que llevaba. —Aquí no hace falta que vistas tan elegante. —Sus ojos se detuvieron en sus tacones de doce centímetros. —Sí, te aconsejo que vengas más cómoda y si es con botas todavía mejor.
    —¿Con botas?
    —Los chicos han visto una serpiente de coral en el establo. Los caballos se pusieron nerviosos y fue cuando la vieron, pero se les escapó. Igual se ha ido, pero por si acaso trae botas y si son de buena piel mejor. ¿Sabes cómo es una serpiente de coral?
    —Es esa que es roja y negra, roja y negra así hasta el final, ¿no?
    —Sí, algo así. Seguro que se ha ido, no debes preocuparte.
    Primero le dice que se preocupe y ahora que no.
    Dejó el bolso sobre la mesa. —¿Hay algo que deba hacer primero?
    Colter puso la mano sobre un montón de papeles. —Facturas. Contabilízalas, ¿quieres?
    Ella asintió.
    —Y separa las pagadas de las que están pendientes por pagar. Mañana te pediré que hagas otra cosa.
    —¿Mañana? —Confundida miró el montón de facturas.
    —Sí, tú relájate y haz la primera toma de contacto. Tampoco queremos atosigarte en tu primer día.
    Bueno, no podía negar que eso era muy amable por su parte. Sonrió. —Gracias.
    —De nada.  A la hora de la comida puedes comer en la casa principal. La señora Braun siempre prepara algo por si estamos por aquí. Si no es así es porque comemos con los hombres en los barracones.
    —Muy bien.
    Colter sonrió. —Si necesitas a alguno de nosotros porque llamen o tienes alguna duda… —Cogió una radio y la puso sobre el montón de papeles. —Canal cinco. Como por aquí todavía hay zonas a las que no llega la cobertura, esto sigue siendo lo más práctico. Todos llevamos uno, aunque tengamos móvil. Así que si tienes algún problema…
    —Entendido.
    —¿Sabes cómo se usa?
    —Sí, gracias. Mi hermana me volvía loca con esos chismes cuando era más pequeña.
    —Es una chica estupenda.
    Sonrió sinceramente. —Sí que lo es.
    —Bueno, te dejo que tengo mucho trabajo.
    Abrió la puerta del despacho y Amelia se mordió el labio inferior. —Colter. —Este se volvió antes de cerrar. —Gracias por la oportunidad.
    Colter sonrió. —Estoy seguro de que lo harás muy bien. —Iba a cerrar cuando se lo pensó mejor y la miró a los ojos. —Por cierto, ¿qué opinas de eso de tener novio?
    —¿Perdón? —Entrecerró sus bellos ojos azules y puso la mano en la cadera. —¿A qué viene esa pregunta?
    —¿Estás abierta…?
    —¿Abierta a qué? —preguntó empezando a mosquearse.
    Colter se sonrojó. —No quería decir nada sexual, te lo juro —dijo rápidamente—. Verás… —Dio un paso hacia ella y Amelia se tensó. —Es que aquí trabajan muchos hombres y si tuvieras novio, habría menos conflictos.
    Separó los labios empezando a comprender. —Ah… Pues no, no tengo.
    —Vaya…—Se pasó la mano por la barbilla como si fuera un verdadero dilema. —Eso igual trae problemas. Querrán ligar contigo.
    Este creía que era tonta. —Si los conozco a casi todos desde que nací —dijo como si le hubiera dado la sorpresa de su vida.
    Colter rio por lo bajo. —Te aseguro que no los conoces bien. No es lo mismo saludarse al cruzar la calle como buenos vecinos, que trabajar juntos.
    Uy, que ya empezaba y con ella iba a dar en hueso. Sonrió con inocencia. —Tranquilo, que vengo preparada. —Abrió su bolso y sacó una pistola eléctrica dejándole atónito. —Me la regaló mi padre cuando fui a hacer ese curso en la ciudad. Quería comprarme una de verdad, pero sería un engorro si me cargaba a alguien. Esto es una pistola taser que te mete mil doscientos voltios por el cuerpo que te dejan tieso. A ver quién es el guapo que me toca un pelo. Le van a castañear los dientes hasta Navidades.
    Colter carraspeó. —Veo que has pensado en todo.
    Sonrió de oreja a oreja. —Me gusta ser previsora.
    —Muy bien —dijo mirándola de reojo antes de salir de la oficina.
    Amelia soltó una risita guardando la pistola en su bolso. —Así se lo pensará mejor antes de insinuarse de nuevo. Tonterías a mí… Esto salidos no me conocen. —Echó un vistazo a su alrededor. —Bueno, manos a la obra.
    Muerta de calor se abanicó con unos papeles y como no conseguía aliviar su temperatura se abrió un botón de la camisa dejando el canalillo al descubierto. Ni la puerta abierta conseguía librarla del calor sofocante que hacía allí dentro. Dios, le corría el sudor por el canalillo y estaba empapada. Miró hacia arriba y gruñó por el tejado de metal que retenía el calor allí dentro. Era como estar en un horno. En cualquier momento sonaría la campanilla diciendo que estaba en su punto. Abrió la botella de agua y bebió sedienta hasta vaciarla y la tiró a la papelera que ya estaba llena de basura porque otra cosa no, pero allí había una tonelada de papel inservible que tardaría una eternidad en revisar. Intentando concentrarse en la pantalla del ordenador introdujo la última cifra de la factura y realizó la suma. Leche, treinta mil dólares en material para hacer arreglos en lo que iba de año. Herramientas, madera para cercados y barracones, clavos y tornillería, cable… Eran tantos los materiales, que le había sorprendido todo lo que se necesitaba para llevar un rancho como ese. Incluso ese año se habían facturado dos wáteres que seguramente serían para los barracones de los vaqueros. Entrecerró los ojos bajando la pantalla para revisarla desde el principio. Qué raro. Uno había costado ciento cincuenta dólares y el otro quinientos treinta y nueve. Sería para la casa y tendría chorrito como los de los japoneses. Pero entonces vio algo que le llamó la atención. ¿Cuántas palas se necesitaban en un rancho? Las contó a lo largo de los gastos de ese año que solo eran cinco meses porque estaban a principios de junio y había veintidós palas. Y eso no era todo, rastrillos había otros tantos y seis carretillas. Cogió un block y empezó a apuntar lo que le pareció raro. ¿Sería un error de facturación? Exasperada cogió el archivador donde las había clasificado por fecha y empezó a buscar esas facturas sacándolas para dejarlas encima del escritorio ahora despejado. Todas eran de una tienda de bricolaje de San Antonio. Qué raro, tenía entendido que los del rancho compraban en la ferretería del pueblo. Al jefe le gustaba ayudar a los negocios del pueblo eso lo sabía todo el mundo.
    Sonó su móvil y lo cogió distraída mirando las facturas. —¿Si?
    —Hija ¿qué tal tu primer día? —preguntó su padre contentísimo de que estuviera allí y era evidente que no iba a disimularlo.
    —Necesito un ventilador.
    —Seguro que tienen alguno por ahí.
    Entonces recordó algo. —Papá espera… —Cogió otro archivador de gastos generales que había ordenado esa mañana. —No me cuelgues… —Dejó el teléfono sobre la mesa y a toda prisa pasó las facturas hasta que encontró la que estaba buscando. Cogió el teléfono a toda prisa. —Papá, ¿cuánto cuesta un carburador para una desbrozadora?
    —Depende del modelo, pero las que yo arreglo sobre los veinte dólares más o menos.
    Separó los labios por los doscientos dólares que les habían cobrado por la pieza. Cuando lo había visto había supuesto que alguno de los vaqueros lo había cambiado sin molestarse en llevárselo a su padre, que aparte de coches también arreglaba ese tipo de herramientas, pero ese precio la había extrañado y con razón. —Doscientos pavos es mucho, ¿no?
    —¿Mucho? Menudo timo. Pero mira, si les han cobrado eso que se jodan por no habérmelo traído a mí.
    —Es solo el precio de la pieza.
    —¿Qué has dicho?
    —No es el arreglo entero. Es solo la pieza. Eso pone la factura.
    —¿De dónde es la factura?
    —De una tienda de San Antonio. Y papá hay otras facturas de la misma tienda que no me cuadran. Han comprado veintidós palas este año.
    —Niña, alguien está sacando tajada de eso. Tienes que preguntarle al jefe si eso está bien, que pienso que no porque los Bansley siempre me traen a mí sus desbrozadoras.
    —Sí, ya había visto una de tus facturas. —Se llevó la mano a la frente empapada y miró las cajas en las paredes. —Lo que me faltaba.
    —No te preocupes, no pasará nada. Solo tienes que decir si eso está bien y si no es así se encargarán ellos. —Rio por lo bajo. —Que se prepare el que haya sido, se va a quedar sin dientes de las hostias que le van a meter. Con los Bansley no se juega, que tienen muy mala leche cuando se enfadan.
    —Esto lo llevaba Colter, papá. Eso me ha dicho cuando ha llegado.
    —¿Crees que él…? No, hija. No iba a robar a su hermano. Eso no va con él.
    Amelia apretó los labios. Eso era cierto, los Bansley podían ser unos salidos que no se tomaban en serio a ninguna mujer, pero a justos y honrados no les ganaba nadie. Si todo el mundo hablaba de la vez que en las fiestas del pueblo Derren había encontrado un sobre con diez mil dólares y cómo se lo había dado al sheriff. Resultó ser de uno de los feriantes que iba a comprarse una rulot nueva. Hasta había salido en la prensa para darle las gracias. Miró las facturas. —No se lo digas a nadie, ¿vale? Si se enteran… Además, todavía no sabemos de qué se trata.

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