San Valentin en Alaska

En las suertes de Alaska, ningún ser es lo que parece.

O eso afirmaban las relaciones que Susan había escuchado siendo corta.

Los varoniles que allí vivían no eran unos simples mortales, y había uno en peculiar, que llamaba poderosamente su atención.

Storm era alto, esforzado y harto atractivo.

Más o aparte como el viril que la había arremetido dos meses detrás, y al que no reconoció.

Así que no iba a haber un acercamiento por su parte.

Ella desconfiaba de esos apartados.

Storm miraba con hambre a la compañera que se cruzaba de ocasión en cuando en la villa, empero él ahora había blindado el cupo.

En su origen había unas ordenanzas, y él no estaba libre de ellas.

Seguiría admirando su ondulante individuo y soñando con poseerla. Nada más que eso.

Pero esos cuidados azules no hacían más que surgir en su mente, una y otra sucesión…

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