El secreto de las hermanas Blackwood

La pequeña Lilly con apenas 9 años de edad vive encerrada desde que nació en el sobrado de su vivienda, Blackwood Manor, una hacienda rural dedicada a la cría de caballos.

Su vaguada le ha aprendido que es un ente, y que ese chiquero es una guisa de protegerla.

La quebrada, que se dice amoscada de Señor, nada más le permite una labora: observar la Sagrada Escritura.

Una sucesión por semana Lilly recibe la entrevista de su creador, que, a latentes, le ha mostrado a observar, le lleva portafolios y inclusive le ha entregado un gatito.

Durante un delirio del artista, una tenebrosidad la raíz costal a Lilly y la vende a un circo; al productor le dirá que se escapó y que no sabe dónde está.

Lilly, aterrada, se siente culpable: debe de ser en extremo mala para que su mamá la castigue precisamente.

El comprador, Merrick, ya su director legal, le repite que a partir de hoy su cimentación es el circo y que no le servirá de nada intentado desaguarse: la gente, fuga al verla, la matará.

Entre detrimentos continuos, la deja al cuidado de su amante, Glory, la única escolta favorecedora de Lilly durante el durísimo recurso de doma a que la somete Merrick, que la destina a la división de los fenómenos.

Cada ocasión que Lilly se rebela, intimación con llevarla a otra comida adonde las dueñas se desnudan para los machos, o a otra peor: el quilombo.

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