Sin Olvido

Xanthe Carmichael acababa de declarar dos cosas:

La primera, que su exmarido podía obtener de la mitad de su negocio.

La segunda, que seguía casada con él.

Al acercar a Nueva York a traicionar los expedientes de divorcio en zarpa, Xanthe estaba aseada para asistir sin guiñar en la aparatosa mesa de Dane Redmond, el chico retorcido dominado en pudiente, aunque no para volverse a deplorar presa de un invencible apetito.

¿Como podía su grueso prescindir el resentimiento que Dane le había originado?

Pero Dane no firmaba… ¿por que?

¿Se debía a que estaba animoso a inquirir la letra corta de los legajos o a que quería llevarla de nuevo a la hamaca de himeneo?

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