UN ERROR EN LAS VEGAS de ERINA ALCALÁ

UN ERROR EN LAS VEGAS de ERINA ALCALÁ

A compartir, a compartir! Que me quitan los posts!!

***SOLO HOY ¿Un último baile, milady? de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida...

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Una despedida de soltera llevo a Claudia, Soraya, la novia, Julia, Patricia y Blanca, auditoras en una empresa de Marbella a Las Vegas una semana. Otra despedida de soltero de Gabriel Morgan, Luca Morgan, Connor, Aiden y Carter, rancheros y vaqueros de Texas a Las Vegas una semana. Coincidieron en la planta del hotel y en las habitaciones de enfrente. En cuanto Luca Morgan vio a Claudia, quiso pasar esa semana con ella. Y así, los chicos pasaron esa semana con las chicas españolas. Pero el día que apostaron Luca y Claudia ganaron, y para celebrarlo se fueron a la habitación y borrachos el quiso enseñarle su rancho en Texas. Pero antes de irse al rancho él vio una capilla y se casaron, y no solo cometieron ese error. Debían estar casados seis semanas. Ella se fue para volver a divorciarse en verano. Pero su billete no tenía en vacaciones retorno. Y no fue ella la única que se fue a Austin a los ranchos de los chicos… Ni lo que vivieron, algunas cosas buenas y otras que las hicieron infelices… ¿Podrían superar las infelices dos de las parejas?

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UN ERROR EN LAS VEGAS

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No hay distancia que pueda mantener a los amantes separados mucho tiempo.
CAPÍTULO UNO
Los hermanos Morgan, Luca y Gabriel Morgan, habían heredado un gran Rancho a las afueras de Austin, la capital del Estado de Texas cuando su padre se jubiló. Eran texanos puros, criados en el rancho desde pequeños. Se parecían mucho, altos, 1,87, casi iguales de estatura, ojos azules y el pelo claro.
Gabriel Morgan era el mayor, 34 años y se casaba en dos semanas con Anna, una chica de Austin, secretaria, buscando trabajo, aunque había trabajado en un ar de empresas, ahora estaba en paro. Una chica rubia, alta y preciosa.
Luca, sin embargo, decía que él no se casaría nunca, era más mujeriego, gracioso, irónico, 32 años. Su hermano Gabriel era más serio y formal.
Ambos habían estudiado derecho en Austin. Pero lo de ellos era el rancho, el aire libre donde se habían criado.
Su madre, Claire Morgan, había muerto joven, cuando Luca tenía apenas 17 años y entraba en la universidad el año siguiente. Y se quedaron solos los tres en el rancho.
Y cuando su padre, Luke Morgan se jubiló a los 60 años y volvió a casarse al cabo de 15 años de la muerte de su madre con Ivy, una viuda como él, rica, decidió retirarse e irse a vivir a Florida donde el clima era bueno, se habían comprado una casa en los Cayos y pasaban casi todo el tiempo allí.
Les dejó a sus hijos la mitad del dinero de la herencia, que pertenecía a su madre y el rancho entero.
Pero los hermanos decidieron comprar unos terrenos colindantes al rancho y hacer del rancho dos ranchos distintos. Repartieron el dinero que quedaba, y echaron a suertes las dos partes en que se dividió el rancho.
Llegaron al acuerdo de poner todo lo necesario en cada parte, casa, edificaciones necesarias, reformar el de su padre y así ambos tendrían lo mismo.
Cuando acabaron de repartir, hasta las reses. Cada uno se hizo con su rancho. A Luca, le tocó el de las edificaciones nuevas. Ya no era el gran rancho que tenían, pero era los suficientemente grandes como para vivir muy bien de ellos y cada uno quería un rancho para llevarlo a su manera.
Con el tiempo compraron más ganado y se repartieron a los vaqueros, aunque tuvieron que contratar con el tiempo a más chicos. Y poco a poco, después de tantos gastos empezaban a ahorrar y a funcionar.
Estaban satisfechos, se llevaban muy bien y estaban pendientes uno de otro, y su padre estaba orgulloso de sus hijos.
No necesitaba nada, tenía su paga de jubilación y su dinero bien invertido más el de su  nueva esposa, e iba a ver a sus hijos dos veces al año. Ivy no tenía hijos, pero ya llevaba con el padre de ellos cinco años casada y quería a los chicos como si fuesen suyos. aunque ahora estaban lejos, pero hablaban mucho por teléfono. Los ranchos Morgan I y Morgan II, el Morgan I era de Gabriel y el II de Luca.
Tenían tres amigos rancheros, además, cuyos ranchos lindaban unos con otros y se conocían de niños, ya que eran de las mismas edades, habían ido al colegio, al Instituto y  a la Universidad.
Algunos trabajaban con su padre y otros compartían el rancho con su hermano, como Connor, también soltero, alto y guapo, que llevaba con su padre el rancho, y Carter y Aiden, hermanos que llevaban un rancho a medias y se planteaban hacer lo que los hermanos Morgan habían hecho. Ellos no tenían padres.
Y ahí estaban los cinco, haciendo una maleta para pasar la despedida de soltero de Gabriel Morgan en Las Vegas.
Anna se iba con sus primas y amigas a California, pero llegaron al acuerdo que, de acostarse con otros, nada. Se lo prometieron.
Así, uno de los vaqueros de Gabriel, los llevo a todos al aeropuerto con sus sombreros e iban  a pasar seis días en Las Vegas, de muerte. Habían reservado uno de los hoteles de cuatro estrellas. Cinco habitaciones juntas en la misma planta.
Iban contentos cuando subieron al avión. Se notaba su presencia, con el cachondeo que llevaban.
En el otro lado del planeta, un grupo de chicas malagueñas, que habían ido a la universidad juntas, contables, y que además trabajaban en una empresa auditora importante de Marbella y recorrían toda Andalucía y Málaga junto con los pueblos de la provincia, la costa del sol, auditando empresas, se preparaban para irse a Las Vegas, estaban en el aeropuerto. Todas tenían 27 años y llevaban trabajando en la empresa ya cuatro años.
Soraya, una de ellas, se casaba con el subdirector de la empresa, Rubén Varea y decidieron irse a Las Vegas una semana para celebrarlo, claro que casi dos días eran de viaje, mientras los amigos de Rubén y él mismo, iban a Dubái a ver el campeonato de fórmula uno y después a Italia.
Las chicas, Soraya, Julia, Patricia, Blanca y Claudia, que tenía miedo a los aviones, se montaban en el avión.
-Vamos Claudia tienes que relajarte. Toma valeriana. -Y le dio una caja de pastillas -y luego te tomas un par de botellitas.
-Y voy borracha todo el camino.
-Y vamos a ir, a beber y a divertirnos, un buen coche descapotable para pasearnos. Apostar lo que hemos acordado, y vosotras a ligar un buen americano. Yo no puedo. Ya sabes mi Rubén…- decía Soraya.
-Tú quietecita -y Soraya se reía.
-¡Ay, Dios! que esto sube para arriba -y Soraya le agarraba la mano fuerte a Claudia.
El viaje a Las Vegas duró una eternidad. 19 horas de vuelo. Gracias que la mayor parte era de noche y fueron dormidas hasta el amanecer en que empezaron a poner los desayunos. No llegarían hasta casi la noche. Iban a coger un taxi grande para ir al hotel de cuatro estrellas que habían reservado. Todas las habitaciones juntas en la misma planta.
Los chicos llegaron un día antes y les dieron en el hotel sus habitaciones en la planta 15. Tenían unas vistas fantásticas de la ciudad tan colorida, sobre todo por la noche.
Salieron a cenar y se fueron en un coche descapotable a recorrer la ciudad.
Iban con sus sombreros, y las chicas los saludaban y ellos les gritaban. Las Vegas era espectacular.
Cuando volvieron al hotel, esa noche se fueron a ver el espectáculo de chicas que había con poca ropa. Y después se fueron a una sala de baile a tomar unos chupitos y unas copas.
Con un punto de alcohol se recogieron a las cinco de la mañana para el día siguiente ir a desayunar juntos.
Luca cayó en la cama a pulso. Vestido y todo.
Por la mañana, se levantó, se duchó y se cambió de ropa, le dolía un poco la cabeza.
Llamó a su hermano y a los demás, eran casi las doce, y ya no había desayunado a comer directamente con un buen café caliente.
Fueron al museo de cera y al mirador de la Torre Eiffel de París en Las Vegas. Les quedaba ir al gran cañón y un vuelo nocturno en helicóptero sobrevolando la ciudad.
Llegaron de noche de las visitas y subieron a darse una ducha y a vestirse para la noche, cuando vieron a cinco chicas con maletas arrastrándolas por la moqueta dentro del pasillo del hotel de su planta a sus habitaciones y se miraron. Estaban en las habitaciones justo enfrente de las suyas.
-Hola saludó Luca, -que era un ligón junto con Connor.
-¿Os ayudamos? – dijo este último.
-No hace falta, gracias.
-¿Sois extranjeras?
-Sí, españolas, -dijo Claudia que era la que mejor hablaba inglés, ya que la mayoría de las empresas que auditaba ella, eran inglesas o americanas.
-¿Y habéis venido a Las Vegas desde tan lejos? Se acerco a ella Luca ocupando su espacio vital.
Ella lo miró hacia arriba, era tremendamente sexy y arrebatador. Si se empinaba un poco podía besar esos labios que tenía, de largas piernas y los vaqueros desgastados le sentaban como un guante, tenía el sombrero en la mano y sus ojos azules le traspasaron el alma. No había visto un tío más bueno y atractivo en toda su vida y su vos arrastrando las palabras sensualmente era lo más.
Si estaba en sus manos, se lo tiraba, eso seguro, pero esos vaqueros eran tan altos y ellas no eran tan altas y buscarían chicas despampanantes.
-Sí, mi amiga Soraya se casa, – y la señaló.
-Vamos a estar cinco días.- dijo Julia.
-¡No me digas!, mi hermano Gabriel se casa, y hemos venido seis días, llegamos ayer.
-Venga vamos a presentarnos, si no conocéis a nadie  ni nosotros tampoco…
Y se presentaron. Luca, se los presento a todas.
-¿Qué vais a hacer ahora?
-Bajar a cenar, estamos muertas de hambre, vamos a ducharnos y bajamos a cenar y nos quedamos esta noche a ver qué hay en el hotel. Mañana vamos de excursión al cañón.
-¿En serio? nosotros también. Vamos juntos. Lucas era un caso organizando.
-Bueno. Y miró  a las chicas y estas sonreían, eso era un sí.
-De acuerdo.
-Vale, en media hora para la cena, os enseñamos dónde está el comedor- dijo Luca.
-40 minutos.
-40 minutos.
Y se encerró en su habitación justo enfrente de la de Claudia.
Hicieron una videollamada para no salir de las habitaciones.
-¿Has visto qué tipazos?- dijo Julia. Y vaqueros, Dios.
-El rubio es tuyo Claudia- le dijo Soraya- por cómo te ha mirado, casi se te tira encima y está de muerte.
-Está la mar de bueno, sí, si me voy a desmelenar ese es el mío. Tú no puedes Soraya, a ti Gabriel para charlar de bodas.
-¡Joder!…
-No puedes.
Así se fueron asignando los chicos que luego más tarde se recompusieron ellos, pero desde luego el que no cambió fue Luca que iba con Claudia.
Le había gustado, ese pelo liso, los ojos verdes grandes, la naricilla y ese estilo elegante que se gastaba al andar. También le miró el culo y los pechos, pero Claudia también  miró, iban a pasar esos días con los vaqueros, fue llegar y pegar. A no ser que ellos se fueran solos. Pero ya sería mala suerte, con lo buenos que estaban.
-¿Qué tal la comida?- le dijo Luca, a Claudia en el comedor.
-Me encanta la carne, pero he tenido que pedirla muy hecha, no me gusta al punto.
Los otros también hablaban de dos en dos.
-¿Y a qué te dedicas en España?
-Pues somos auditoras. Todas. En la misma empresa. Vivimos en Marbella, en Málaga. Y ella se señaló en el móvil.
-¡Qué bonito!
-Sí
-Es grande. Yo llevo las empresas de habla inglesa. Y viajo bastante.
-¿Eso es hacer la contabilidad de una empresa?
-Parte, pero en general sí, que coincidan las cifras. ¿Y tú qué haces?
-Tengo un rancho. De vacas.
-¿Tuyo?
-Mío propio. Bueno era muy grande, pero mi padre nos lo dejó a los dos y lo hemos dividido. Cada uno tiene su parte, y estamos al lado y los demás chicos también, son vecinos, algunos lo llevan con sus padres, pero nosotros solos.
-¿Y tu hermano se casa?
-Sí, en un par de semanas.
-¿Tú no?
-No, ni de lejos.-Y ella se reía.
-¿Qué edad tienes?
-32 ¿y tú?
-27.
-Pareces más joven.
-No es verdad, eres un halagador y un ligón- y él se reía.
-Me gustan las mujeres ¡qué quieres que le haga!
-Nada. Que te sigan gustando.
-Estudié derecho.
-¿Sí?
-Sí, pero para tener conocimientos, me sirve en el rancho, no necesito una contable auditora, me hago mis cuentas.
-No te las voy a hacer, porque vivo en la otra punta del mundo, listillo. Además, tú sabes bien hacerlo
-Eso me dicen.
-¡Qué vanidoso!
– Es broma mujer- le dijo con esa sonrisa irresistible que tenía.
-No creo que sea broma.
-Eres guapa- dijo mirándola fijamente a los ojos cambiando de conversación.
-Tú también eres guapo.
-¿Tienes pensado tener sexo?
Y ella se atragantó -y Luca le dio en la espalda.
-¿Qué pregunta es esa, si nos acabamos de conocer?
-Es que, si nos conocemos, no nos dará tiempo. Tenemos cinco días.
-Si, he pensado, -dijo con sinceridad.
-¿Quieres ser mi pareja estos días con derecho a roce?
Y claudia lo miró…
-Sí.
-¡Joder! Espero estar a la altura.
-Espero estarlo yo. Con preservativo, aunque tomo pastillas.
-Siempre me protejo.
-¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?
-Un mes, ¿tú?
-Cinco.
-¿Cinco? Pero si estás buena, eres guapa hasta decir basta.
-Pero soy exigente.
-Me tienes nervioso.
-¿A ti? ¿el ligón de Texas?
-A mí, sí.
-Me gusta cómo hablas.
-Tu inglés es más fino.
-Es ingles de Inglaterra, y tu americano, eres sureño, y arrastras las palabras. Algo como nos pasa en España, el sur siempre es diferente.
Y él se reía.
-¿Lleváis sombrero?
-No gracioso, no somos vaqueras.
-Te regalaré el mío cuando te vayas para que te lo lleves de regalo y me recuerdes.
-Me gustaría, sí.
-Venga, que nos vamos a tomar café, nena.
Luca iba contento, no podía haber encontrado para esos días una chica más guapa y deseable, aunque pequeña, estaba buena y le encantaba. Le gustaba el humor que se gastaba y conectaron con una química aplastante y quería probarla entera. Quería descubrir si era una mujer fuego como desprendía.
CAPÍTULO DOS
Tomaron el café juntos, se fueron a la sala de baile, tomaron copas, y cuando ya era tarde y estaban al menos ellas derrotadas se fueron retirando a sus habitaciones. Luca y Claudia fueron los últimos en recogerse, porque iban a tener sexo.
En el ascensor Claudia iba temblando.
-¿Tiemblas nena?
-Pues sí, tú te pones nervioso y yo también.
Y él le cogió la mano y se la apretó.
-Vamos, no es la primera vez que nos acostamos con otras personas.
-Nunca me he acostado con un vaquero.
-Este vaquero es un hombre como otro cualquiera y tú eres preciosa. Y además he bebido un poco yo que no bebo casi. Te acordarás de tu vaquero, no lo dudes.
-¡Qué seguro! -sonrió ella cuando el ascensor paró en la planta.
-¿Tu habitación o la mía?- dijo él.
-Prefiero la mía.
-Lo que la señorita desee.
Y entraron en la habitación de Claudia.
Aún no había deshecho la maleta, solo tenía alguna ropa doblada y documentos en el cajón de la mesita de noche.
-Es como la mía. Ven aquí.
Y la cogió por la cintura y metió la mano en su pelo atrayéndola a su cuerpo, sensual y lento metió su lengua en la boca de Claudia. Sabía a limón con ron, y Claudia, se perdió en su boca. Besaba de maravilla.
Y Claudia se aferró a su cuello alzándose todo lo que pudo de puntillas en los tacones y él la subió a su sexo para que sintiera lo excitado que estaba, tocándole las nalgas, y metió la mano bajo su falda.
-Eso que llevas debajo me encanta, puedo tocarte todo el trasero.
-Morboso- le dijo en la boca.
Y la bajó y la desnudó mientras le daba bocaditos en los pezones que se presentaban de punta antes sus ojos sin haberse quitado la ropa.
Cuando estuvo desnuda, se sintió vulnerable y su reacción fue taparse. Luca le quitó las manos.
-Vamos nena, deja que te vea, eres preciosa, me encanta tu cuerpo. Y se quitó la camisa y ante ella apareció un pecho duro como piedra, maravilloso, si ya de por sí era guapo y estaba bueno, conforme se desvestía, mejoraba.

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