Una Sola Pasión de Kath Unda

Una Sola Pasión de Kath Unda

A compartir, a compartir! Que me quitan los posts!!

***SOLO HOY Vaya vaya, cómo has crecido de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con la historia de Raquel, una joven periodista a la que le encargan entrevistar al guapísimo actor de moda Manuel Beltrán.

Cuando surge la magia entre dos personas, el único que manda es el corazón. Lo que comenzó como una entrevista se convertirá en un tremendo asedio al corazón...

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Saga: Serie Una Sola

En el texto hay:sexo, pasion, amor

Sinopsis del libro «Una Sola Pasión»

Él es mi una sola pasión y es el momento de recuperar lo que es mío.

Prólogo

Ocho años antes

«París», pensé suspirando con enamoramiento al ver la ciudad del amor pasar a través de la ventana lateral del vehículo en el que me hallaba. París era una ciudad donde había vivido los mejores momentos de mi vida; muchos guardados en lo profundo de mi corazón y de mi alma. Dante me pidió ser su novia en los Campos Elíseos con un picnic que me hacía sonreír cada vez que lo recordaba y perdí mi virginidad en uno de los hoteles más caros y exclusivos de la ciudad, pues mi novio siempre preparaba lo mejor para nosotros. Por lo tanto, París era importante para mí y sentía que esa noche marcaría un antes y un después en mi vida. «¿Para bien o para mal?», me pregunté sin saber la respuesta.

Coloqué mi mano sobre el cristal y siseé por la frialdad del material, mis ojos se llenaron de lágrimas y sacudí mi cabeza haciendo que los aretes largos que portaba en mis orejas golpearan suavemente contra mi piel, pues no quería llorar y arruinar mi maquillaje, el mismo que me tomó tiempo en realizar. Dante y yo teníamos tres años juntos; tres años donde la felicidad y el amor era el pan de cada día en mi vida. Sabía que él era el hombre para mí, mi otra mitad y con quien quería pasar el resto de mi vida hasta que fuéramos ancianitos y nuestros bisnietos vinieran a visitarnos a nuestra casa en el campo. Dante era uno de los amigos cercanos de mi hermano mayor, Dimitri, así que de cierta manera crecimos juntos y sin darnos cuenta, nos enamoramos perdidamente el uno del otro. Sin embargo, él siempre me respeto y nunca hizo un movimiento hacia mí hasta que tuve la mayoría de edad, ya que Dante era un caballero en toda la extensión de la palabra.

 ─Signorina?

 ─Sto bene, Fabrizzio ─mentí─. Stiamo arrivando?

 ─Si, signorina.

Asentí ante sus palabras y mantuve mi mirada en la ventana, ya que no quería verme débil frente a mi jefe de seguridad, quien siempre buscaba cuidarme y protegerme de todos, excepto de mí misma porque solo una persona podía hacerlo y no estaba en ese vehículo cuando más lo necesitaba. Ser una Greco era una bendición y una maldición al mismo tiempo. Una bendición porque tenías el mundo a tus pies, pero una maldición porque todos esperaban que dieras un mal paso para destrozarte, para verte caer al suelo y destruirte para siempre. También sucedía que muchas personas se acercaban a ti por lo que tus padres poseían, te usaban como un juguete para después desecharte como si nada. Y ese era el motivo de que no tuviera amigos cercanos, salvo Elizabeth, mi excuñada.

No sabía que había sucedido entre mi hermano y ella, pero iba a hacer hasta lo imposible para que estuvieran de nuevo juntos, pues Elizabeth era perfecta para Dimitri y tenía un título en diseño de modas, un hecho importante para la familia. Sin embargo, ella estaba casada con un viejo y dudaba de que ese matrimonio durara para siempre. «Solo debo esperar a que el señor Ainsworth muera para que ellos vuelvan a estar juntos», pensé con esperanza. «O que ella se divorcie de él». Escuché mi móvil sonar en mi bolso en forma de sobre y lo abrí para sacar el aparato de su interior, una sonrisa apareció en mis labios cuando lo desbloqueé con el código de acceso y me encontré con el fondo de pantalla, el cual era una foto de Dante acostado en una cama con el torso desnudo y una sábana cubriéndolo de la cintura para abajo. La fotografía había sido tomada por mí en una de nuestras escapadas románticas y la amaba con locura.

Dante y yo éramos la pareja perfecta y una de las más fotografiadas de toda Italia, ya que él era el hijo de uno de los financistas más reconocidos del país mientras que yo era la heredera de la casa de moda Greco, una de las más famosas a nivel mundial. Dante era todo lo opuesto a mí y eso hacía que nos complementáramos de la mejor manera, aunque podía ser raro cuando nos veían juntos ya que parecía que no tuviéramos nada en común. Suspiré audiblemente y entré a la aplicación de mensajería instantánea, fruncí el ceño cuando me encontré con dos mensajes; uno de mi excuñada y otro de mi madre, quien debía estar preocupada por mí y por mi estado de salud. Entré al chat que tenía con Elizabeth y sentí una fuerte opresión en el centro de mi pecho al leer lo que me había enviado, pues sus palabras dolieron en demasía.

Elizabeth: ¡Ay, Caeli! No seas tonta. Seguramente Dante está molesto contigo por lo sucedido. Muy pocos hombres quieren estar amarrados de esa manera. Ellos solo quieren libertad.

Elizabeth: Que bueno que te deshiciste de ese problema.

Elizabeth: ¿Cuándo vienes? Necesitamos un fin de semana de chicas con mucho alcohol y diversión.

Sentí como las lágrimas se agrupaban de nuevo en mis ojos, pues todavía me dolía lo que tuve que hacer en contra de mi propia voluntad, ya que nunca se me hubiera cruzado por la cabeza hacerlo, pero mi vida estaba en riesgo y no había otra opción más que esa. Un sollozo quería salir de mí, así que apreté mis labios juntos para no llorar, aunque la humedad quería descender por mis mejillas. Sentí la mirada de Fabrizzio en mí y supe que él deseaba saber que me sucedía, pero no quería hablar de eso con él ni con nadie, era un tema muerto y enterrado para mí. Decidí mejor no responderle a Elizabeth porque terminaríamos discutiendo y no estaba de ánimos para eso, pues discutir con ella era agotador. Salí de su chat para entrar en el de mi madre y la sensación de opresión se intensificó provocando que inclinara mi torso hacia adelante en busca de un poco del apreciado oxígeno. Mi frente tocó la tela de mi falda y maldije cuando recordé de que llevaba un vestido blanco, el mismo que yo había diseñado hace un par de semanas atrás para una de mis clases.

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