Venganza en las Highlands de Keira Montclair

Venganza en las Highlands de Keira Montclair

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***SOLO HOY Y ahora supera mi beso de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida…

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Venganza en las Highlands de Keira Montclair pdf

Venganza en las Highlands (La Banda de Primos nº 1) de Keira Montclair pdf descargar gratis leer online

Maggie Ramsay nunca ha olvidado a Randall Baines, el lord inglés que atormentó a su querida hermana cuando eran niñas. Después de que su hermana resulte herida en un accidente insensato, decide hacer pagar a Baines por lo que ha hecho… pero se encontrará con más de lo que buscaba. El misterioso amigo de su hermano se le une en cuanto ella deja su clan, insistiendo en mantenerla a salvo. Cuando llegan al castillo de Baines, se entera de que el lord es ahora un conde y que su crueldad con las mujeres y las muchachas no ha hecho más que aumentar. Dicho descubrimiento la llena de un fuego que no podrá apagar.

Will MacLerie es un notorio forajido conocido como el Halconero Salvaje, perseguido por un pasado que no puede reconocer por miedo a la muerte. Dedica su vida a perfeccionar sus habilidades como guerrero y a ayudar anónimamente a los necesitados, pero cuando conoce a Maggie Ramsay, él empieza a anhelar algo más. Una vida en la que los dos puedan viajar juntos libremente y luchar por las causas en las que ambos creen.

Cuando Will y Maggie descubren las profundidades de la maldad de Baines, unen sus fuerzas para detener al hombre, contra viento y marea. Pero, ¿podrán acabar con un conde inglés? ¿O se convertirán en forajidos para siempre, obligados a vivir y amar en las sombras?


Capítulo 1
Primavera de 1284, Highlands de Escocia
Un fuerte golpe y un suave gemido llevaron a Maggie Ramsay a través del barranco, haciendo que toda su fuerza y determinación la abandonaran en un instante.
Su mayor temor acababa de ocurrir frente a ella. Su hermana Molly, a la que siempre se había visto obligada a proteger, estaba herida, y no era un ligero esguince o una cadera magullada; no después de haber caído desde una altura considerable. Una flecha se había dirigido hacia ellas y, aunque no había alcanzado a Molly, esta había caído al fondo del barranco.
Justo antes de que su hermana cayera, Maggie había visto a un hombre en la distancia, en la dirección opuesta a la del arquero, aunque había desaparecido un instante después. Habría jurado que tenía una gran ave de rapiña apoyada en el hombro. Si Molly no se hubiera caído, ella lo habría seguido, pero tomó la única decisión que podía tomar, lanzándose por el suelo cubierto de musgo de las Highlands para socorrer a su hermana.
—¿Molly? —susurró Maggie, abriéndose paso por el barranco tan rápido como pudo. El marido de Molly, Tormod, estaba justo detrás de ella. Los dos habían sacado a Maggie para enseñarle las habilidades de rastreo que habían aprendido espiando para la Corona escocesa, una lección que la había entusiasmado, pero la flecha había salido de la nada. Eso debería haber sido imposible —conocían muy bien la zona y no había señales evidentes de intrusos—, pero no se podía negar que había ocurrido.
—¿Qué ha pasado? —exigió Tormod, su rostro mostraba todo el miedo y la preocupación que sentía la propia Maggie.
—Ella… esquivó la flecha y se cayó. —Ambos sabían lo que podía significar una caída desde semejante altura. Molly había rodado o rebotado una buena distancia antes de llegar finalmente al fondo del barranco.
Finalmente la alcanzaron, y Maggie tuvo que sofocar un grito ahogado. Su hermana yacía inmóvil, aunque al menos no parecía estar en una posición antinatural. Tal vez solo se había desmayado por la caída.
Maggie se agachó y cogió la mano de su querida hermana.
—¿Molly? Despierta, por favor.
Tormod, cuyo rostro había perdido todo el color, alcanzó su mejilla.
—Molly, vuelve a mí. ¿Me oyes? Tu hermana y yo te necesitamos. Despierta por los dos.
El más leve gemido salió de ella, un sonido que penetró en el alma de Maggie para exprimirle cada gramo de emoción. Ya había oído ese sonido: era el mismo gemido que Molly solía emitir después de recibir una de las palizas destinadas a Maggie cuando eran niñas, en la época anterior al clan Ramsay.
Maggie deseaba sollozar abiertamente, pero contuvo sus sentimientos. Ahora no. Controla esos pensamientos y cuida de tu hermana.
Molly abrió los ojos, con confusión en su mirada.
—¿Maggie?
—¿Estás herida, Mol? Dime dónde. Tormod y yo te llevaremos a casa a salvo con la tía Brenna. —Brenna era la renombrada sanadora de los Ramsay, casada con el antiguo laird de su querido clan adoptivo. Si alguien podía hacer que Molly volviera a estar bien, era su tía.
Tormod alcanzó la mano de Maggie para silenciarla. Señalando a lo lejos, en dirección al hombre que Maggie había visto, susurró:
—Alguien estaba allí, tal vez disparó esa flecha hacia ella. Veré si puedo encontrarlo.
Escarmentar al hombre parecía desesperadamente importante.
—Yo también lo he visto. No sé por qué estaba allí, pero no vi un arco en su mano. La flecha provino de un lugar diferente, al norte. —Ella señaló, así que Tormod cambió su dirección para perseguir al arquero. ¿Dos hombres extraños en la tierra Ramsay? Eso era inaudito en su clan. Normalmente estaban bien protegidos.
Tormod se fue a revisar la zona, con el arco en la mano, y ella solo pudo rezar para que no lo hirieran a él también.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Molly, con los ojos desorbitados mientras se esforzaba por mantenerlos abiertos.
—Shh… No te esfuerces. Has caído con fuerza desde lo alto del barranco. ¿Puedes mover las piernas? ¿Los brazos? Tenemos que ver si hay algo roto antes de moverte.
Molly movió los pies y las manos.
—Creo que mis pies están bien, pero mi brazo izquierdo me duele mucho. —De repente, sujetó el brazo de su hermana con fuerza—. ¡Maggie! —gritó. La mirada en sus ojos había cambiado a puro horror.
—¿Qué? Estoy aquí para ti. ¿Qué pasa?
—He visto algo… he visto… —Su cabeza cayó hacia atrás, pero la obligó a subir de nuevo hasta que sus miradas se encontraron—. Problemas. Maggie, debes tener cuidado. He visto algo oscuro cerca de ti. Era tan fuerte que no noté al arquero hasta que fue demasiado tarde. Prométeme que tendrás cuidado. —Respiró profundamente y jadeó.
—¿Qué has visto exactamente, Mol? —Su hermana tenía la rara habilidad de ver el futuro, algo que todos en el clan habían aprendido a tener en cuenta.
Molly le clavó los dedos en el brazo con tanta fuerza que le dolió, haciendo que se estremeciera ante sus siguientes palabras.
—Maggie, ten cuidado. Algo, alguien… —Tragó con fuerza y le soltó el brazo—. No.
—¿Qué es? —El vello de sus brazos se erizó: la premonición de su hermana era demasiado fuerte como para ignorarla.
—Mis costillas. —Jadeó un par de veces y luego retuvo el aire—. Me duele… respirar. —Cerró los ojos y cambió su respiración por una lenta y superficial.
El hermano de ambas, Gavin, se acercó corriendo con su fiel compañero y primo, Gregor, a su lado. Los dos eran inseparables y lo habían sido desde la infancia. Aunque los muchachos no habían salido a rastrear con ellos, a Maggie no le sorprendió verlos. A menudo vagaban por el bosque, igual que ella, Molly y Tormod.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Gavin—. ¿Molly está herida? —Hizo un pobre trabajo intentando ocultar su sorpresa, desplazando su mirada de ojos abiertos de Gregor a Maggie y viceversa.
Gregor negó con la cabeza.
—Apenas puedo creerlo. Molly es la más fuerte de todos.
Maggie sabía cómo se sentía él. Su hermana parecía invencible la mayor parte del tiempo.
—Ha esquivado una flecha y se ha caído por el barranco. Eso la ha dejado inconsciente, y puede tener huesos rotos. Necesitamos una carreta para llevarla con la tía Brenna. No podrá caminar ni montar a caballo. —No mencionaría la premonición de Molly a nadie todavía.
—¿Quién le ha disparado? —preguntó Gregor. Su mirada recorrió la zona. Los árboles estaban en ciernes, así que era fácil ver en la distancia. En verano, la exuberante vegetación de las Highlands podía ocultar incluso al más grande de los hombres.
—No reconocí al hombre, pero Tormod ha ido tras él. —Señaló en la dirección en la que había corrido—. Había otro hombre extraño —añadió, señalando en la dirección opuesta—. Pero no era el arquero. Estaba a una buena distancia. —Hizo una pausa para escudriñar la zona, asegurándose de que seguían a salvo. Molly ya estaba herida, sí, pero ella podría estar peor… y también el resto.
—¿Qué aspecto tenía?
—Alto, pelo largo, creo que castaño oscuro, pero estaba bastante lejos, así que no pude verlo bien.
—¿Y la tela escocesa? —Gavin y Gregor siguieron acribillándola a preguntas, una voz mezclada con la otra mientras ella miraba a su hermana, tranquilizándose con la imagen de las respiraciones regulares de Molly. Tal vez ella no estaba bien ahora, pero lo estaría.
—Sin colores. —Levantó la mirada hacia la zona donde lo había visto—. Iba vestido todo de negro. Túnica negra con una tela escocesa blanca y negra. Creo que llevaba un pájaro en el hombro, ¿quizás un halcón? Él podría haber estado con el tirador. —Podía sentir que su voz se elevaba mientras el pánico crecía en lo más profundo de su vientre.
—El hombre de negro no estaba con el tirador. —La convicción de su hermano llamó su atención.
—No, no lo estaba —coincidió Gregor.
Otro pensamiento la detuvo en seco.
—¿Podría haber sido un halcón? Molly me ha hablado de un hombre llamado Halconero Salvaje. Si él estaba con el tirador, podríamos tener un problema mayor en nuestras manos.
—No —repitió Gavin—, él no estaba con el tirador.
Los dos fueron tan enfáticos en sus negaciones que ella se volvió para mirarlos fijamente, esperando que se explicaran. Cuando no lo hicieron, preguntó:
—¿Cómo podéis estar tan seguros?
—Porque estábamos con él —dijo Gregor, cruzando los brazos—. Llevaremos a Molly de regreso. No te preocupes por él.
***
William MacLerie, o Will, como él prefería, se detuvo un momento después de ver la flecha atravesar el bosque hacia la chica Ramsay. En cuanto la otra chica, Maggie, bajó corriendo a ayudarla, él se adentró en el bosque, empeñado en atrapar al hombre que había disparado la flecha. Había notado al extraño en la distancia después de dejar a Gavin y Gregor, pero no había imaginado que atacaría a los Ramsay. Su amigo emplumado se elevó en el cielo para unirse a la búsqueda, su amplia envergadura revelando un atisbo de su poder.
¿Quién sería tan idiota como para atacar a cualquier Ramsay en la tierra de los Ramsay? ¿Acaso este hombre no había oído las historias de Logan y Gwyneth Ramsay y su prole? Maldijo cuando sus pies tropezaron con un montón de piedras, pero no redujo la velocidad. Por desgracia, ese pequeño error le costó. El bastardo se subió a un caballo y se alejó a un ritmo frenético, uno que garantizaba que Will nunca lo alcanzaría a pie. Cielos, necesitaba hacerse un nuevo par de botas o viajar a Edinburgh para conseguir un nuevo par. Resopló para sí mismo, simplemente porque solo tenía una verdadera opción.
No podía correr el riesgo de que lo atraparan en el burgo real, así que tendría que desollar sus propios animales para fabricar los lados de las botas y recurrir a sus dos fieles amigos para conseguir las suelas del experto Ramsay. No importaba lo que costara, siempre y cuando su identidad siguiera siendo un secreto.
Saltó a través del siguiente arroyo, agradecido de haber conseguido mantener los pies secos, y siguió avanzando, intentando calcular hasta dónde tendría que llegar para estar a salvo. No podía arriesgarse a ser visto por ninguno de los Ramsay. Seguramente enviarían patrullas en busca del tirador, y podrían atraparlo a él con la misma facilidad que al culpable. Su caballo estaba bien escondido, pero se apresuró, sabiendo lo importante que era llevar la delantera.
Su vida dependía de ello.
Suspiró aliviado cuando divisó a su hermoso caballo. Después de acariciar el flanco del animal, montó rápidamente y tiró de las riendas. Su seguridad estaba garantizada.
Casi una hora más tarde, llegó a una de sus cuevas favoritas, justo al lado de las tierras Ramsay. Entonces, se refugió en su interior, agachándose para recuperar el aliento en cuanto pudo.
Había estado muy cerca de ser descubierto por la hermana de Gavin. Estaba seguro de que ella lo había visto. Cómo deseaba haber estado lo suficientemente cerca para ver los ojos azules de Maggie. Lo que daría por poder verlos de cerca… Maggie Ramsay era una mujer hermosa, aunque ella hacía lo posible por ocultarlo. Llevaba el pelo siempre trenzado de una forma muy singular, con pequeñas trenzas sujetas en la parte superior de la cabeza y una larga trenza en la parte trasera. Siempre llevaba lo mismo: túnicas holgadas y leggins, cualquier cosa para ocultar el hecho de que era una mujer. Si usaba capa en los meses más fríos, siempre era una voluminosa para ocultar sus dulces curvas. Si hubiera tenido  apostar, diría que ella tomaba prestada la ropa de su padre.
Se obligó a dejar de pensar en Maggie Ramsay y a preocuparse por sobrevivir. Tendría que permanecer lejos de la tierra Ramsay durante un tiempo.
De ninguna manera se iba a arriesgar a ser atrapado.
***
Maggie jugaba con una de las trenzas sujetas a un lado de su cabeza, un gesto nervioso que Molly siempre intentaba que dejara.
Si no jugaba con una trenza, temía lanzar un puñal, su cosa favorita. Aunque estaría permitido hacer algo así fuera de casa, en ese momento estaba sentada en el solar de los Ramsay junto al gran salón, esperando a que su madre y su padre se reunieran con ella. Los pensamientos de la premonición de su hermana la acechaban. ¿Qué problemas podría haber vaticinado?
En cuanto pudiera, Maggie le preguntaría sobre la visión. Justo ahora, Molly estaba en la recámara de curación de la tía Brenna con Tormod. Lo único que quería hacer era sentarse junto a la cama de su hermana con él, pero su padre había exigido que ella y los muchachos se reunieran con él y su madre en el solar.
Mientras esperaba, se obligó a pensar en otra cosa que no fuera Molly… y sus pensamientos volvieron al hombre de negro. Una sola mirada había grabado su imagen en su cerebro. Los hombres no solían afectarla tanto, especialmente los que tenían fama de oscuros y peligrosos.
¿Él era realmente el Halconero Salvaje, quien había inspirado tantas historias en los últimos dos años?
Según Molly y Tormod, quienes sabían más que nadie en el clan sobre lo que ocurría en las Highlands, el hombre se había ganado la reputación de ser una especie de justiciero. Aparecía de la nada para ayudar a otros que habían tenido mala suerte o a los que habían sido atacados sin provocación. Las historias coincidían en que era alto y musculoso, vestido de negro, y a menudo acompañado por un gran halcón peregrino que viajaba en su hombro. La bestia bajaba en picado desde el cielo para sembrar el terror en los corazones de los bandidos o animales feroces que se encontraban en el punto de mira del halconero. Las historias indicaban que nunca se quedaba mucho tiempo antes de desaparecer en el bosque sin dejar rastro. Nadie sabía su verdadera identidad, solo que era un experto en esconderse. Si este hombre era el Halconero, tenía el presentimiento de que Gavin y Gregor sabían bastante sobre él.
Los muchachos abrieron la puerta sin llamar y procedieron a cerrarla tras ellos. Ahora era su oportunidad de ver lo que sabían sobre el hombre de negro. Intentarían mentir, pero ella obtendría la verdad de ellos.
—Habladme del hombre que he visto.
—No. Nos ha pedido que mantengamos su identidad en secreto. —Gavin tenía una rara mirada seria que le decía a Maggie que no sería fácil de doblegar. Lo fulminó con la mirada y con un gruñido antes de volverse hacia Gregor.
—No, yo tampoco hablaré. —Gregor había dejado por fin de repetir todo lo que Gavin decía, pero el muchacho más joven seguía teniendo la molesta manía de verbalizar su apoyo a todo lo que su primo decía y hacía.
Ella siguió fulminándolos con la mirada, aunque decidió no contraatacar con el hecho de que ella y Molly eran adoptadas, lo que significaba que no eran verdaderos hermanos, aunque conocía a Gavin desde que él había nacido. Quería mucho a los dos muchachos, tanto como a sus otros hermanos y primos, así que no lastimaría deliberadamente a ninguno de ellos.
—Quiero más información —espetó ella—. Ya sabéis que tengo la costumbre de guardar información que podría beneficiarme alguna vez, como aquella vez que vosotros…
—No se lo digas a mamá ni a papá —susurró Gavin—. Prométemelo.
—Sois unos tontos si creéis que no se van a enterar de lo que ha pasado ahí fuera. La tía Brenna sabrá que Molly se cayó. ¿Y por qué no íbamos a decirlo? Había dos hombres ahí fuera, y aunque no parecían estar juntos, uno podría llevarnos al otro. ¿No queréis que atrapen al arquero? Podría ser un peligro para el clan.
—Eso no.
—Sí, eso no —repitió Gregor, cayendo en sus viejas costumbres.
Gavin se acercó a la puerta, apoyándose en ella como si eso pudiera impedir que su padre, Logan Ramsay, espía de la Corona escocesa, la abriera de un empujón e irrumpiera con toda la gracia de un toro tras una hembra en celo, su manera habitual.
—Prométeme que no le hablarás del hombre que has visto. —Gavin apoyó la oreja en la puerta antes de saltar bruscamente hacia atrás. Ella no necesitó preguntar por qué. Su padre estaba en camino, y si Gavin se hubiera quedado en esa posición, podría haber sido noqueado por la puerta voladora—. ¿Lo prometes?
Maggie suspiró.
—Lo prometo por ahora. Solo si prometes contarme más después.
Gavin asintió con la cabeza, aunque ambos sabían que no tenía otra opción.
La puerta se abrió de repente y sus padres entraron de golpe. Logan, el padre adoptivo de Maggie, se sentó detrás del escritorio del laird mientras que Gwyneth, su madre adoptiva, se apoyó en la pared detrás de él; cruzando los brazos frente a ella. Logan inclinó inmediatamente su silla hacia atrás, lanzando su mirada sobre los tres, su habitual táctica de intimidación.
—Gwynie —dijo, utilizando el nombre cariñoso que solo a él se le permitía usar—. Dudo que esa pared necesite ayuda para mantenerse en pie. Está hecha de piedra de este grosor —dijo, extendiendo los brazos—. Creo que aguantará sin que tu delgado cuerpo la sostenga. Siéntate con el resto de nosotros. —Aunque se dirigió a su esposa, la mujer a la que adoraba igual que el día de su boda, él no apartó su mirada de ellos ni un solo momento.
—Me quedaré donde quiera, Logan. Ya sabes lo que pienso de los hombres que me ladran órdenes. —Aunque manifestó su firme opinión, sus ojos brillaron con humor ante el comentario que había hecho su marido. Maggie se miró las manos en el regazo para ocultar la sonrisa que no podía contener. Después de todos estos años, todavía disfrutaba escuchando las bromas de sus padres.
Oh, cómo amaba a su mamá y papá… Siempre recordaría el día en que la rescataron a ella y a Molly en Edinburgh como el mejor día de su vida. Primero ayudaron a Molly y luego volvieron a por Maggie simplemente porque su hermana se lo había pedido en voz baja.
Dios, gracias de nuevo por enviárnoslos.
A estas alturas, probablemente podría dejar de dar las gracias todos los días de su vida sin que el miedo a que la abandonaran asomara en su cabeza. Después de todo, tenía veintisiete veranos y no tenía intención de volver a Inglaterra. Nunca, jamás, jamás.
Su padre se giró para mirar a su madre, movió las cejas y dijo:
—Pero puedes ladrarme órdenes cualquier día, muchacha. Eso ya lo sabes, ¿no? —Su sonrisa se amplió provocativamente.
Su madre bufó.
—¿Así que me llamas muchacha hoy, Logan? Hmmph. Tal vez te ladre órdenes más tarde.
Él le guiñó un ojo antes de girar de nuevo para enfrentarse a los otros tres en el solar. Su sonrisa abandonó su rostro en un instante.
—Contadnos lo que ha pasado —anunció Logan, desviando su atención de su mujer hacia sus hijos y su sobrino.
Gavin asintió a Maggie, indicando que deseaba que ella comenzara.
—Gregor y yo no estábamos allí al principio.
Maggie les contaría todo lo que sabía, con dos excepciones: la presencia del hombre de negro y la premonición de Molly. Si sus padres se enteraban de que su hermana había vaticinado un peligro para ella, podrían intentar recluirla en la torre. Hizo todo lo posible por contener sus lágrimas. No lloraría hasta que esto terminara.
—Molly y Tormod se ofrecieron a enseñarme algunas de las habilidades que han aprendido en su trabajo para la Corona. Estábamos trabajando en las habilidades de rastreo cuando una flecha salió de la nada. Papá, acabábamos de registrar toda la zona. Gavin y Gregor habían estado bastante lejos, por eso tardaron unos minutos en ayudarnos, pero el arquero debía estar cerca. ¡No sé cómo no pudimos ver a nadie! Ella estaba cruzando la cima del barranco cuando perdió el equilibrio. Creo que oyó la flecha atravesar el bosque y eso la desequilibró. Todo estaba muy tranquilo. Volví la cabeza a tiempo para verla caer por el terraplén. Se golpeó el costado un par de veces antes de aterrizar. Tormod corrió para atrapar al arquero. ¿Él ha encontrado algo?
—No. La hierba había sido pisoteada en algunos puntos, pero eso lo podría haber hecho cualquiera de vosotros —dijo su padre—. No tenemos información sólida. —Y sonaba extremadamente infeliz por ello.
—¿Quién podría ser? —Miró a su padre y a su madre, tan alterada que apenas podía concentrarse.
—No lo sabemos, pero ya hemos enviado a un grupo de guardias a buscar en la zona.
Maggie lloriqueó y susurró:
—Mamá, ¿cómo está ella?
Su madre se paseó un poco antes de volver a apoyarse en la pared.
—Está herida, Maggie. Posiblemente un brazo fracturado y la tía Brenna cree que se ha roto un par de costillas. Todavía le cuesta respirar por las costillas. Pero no lo sabrá con seguridad hasta dentro de uno o dos días.
Nada de eso sorprendió a Maggie, no después de ver a Molly en el barranco, pero quería una respuesta más sólida. Quería que alguien le dijera que su hermana estaría bien.
—¿Qué significa eso? ¿Que se pondrá bien?
Logan la miró fijamente.
—No sé mucho sobre curación, pero puedo decirte que si se rompió aunque sea una costilla, no irá a ninguna parte por un tiempo. No saldrá de la fortaleza hasta dentro de quince días, tal vez treinta. Y eso depende de la gravedad de las costillas y de cuántas se hayan roto.
Maggie miró a su padre y a su madre, devastada por la noticia. Imaginar a su hermana sin poder salir de la torre era como pensar en un pájaro con las alas cortadas.
—¿Mamá?
—Sí, eso es exactamente lo que ha dicho la tía Brenna. Estará en cama por un tiempo. Brenna le va a dar unas hierbas para que duerma por si necesita enderezar el hueso del brazo.
Su padre se volvió hacia su hermano.
—Gavin, ¿qué habéis visto vosotros dos?
—Papá, no vimos a nadie ahí fuera que pudiera haberle disparado.
—¿Y qué estabais haciendo vosotros dos en el bosque? —Estrechó la mirada hacia Gavin mientras cruzaba las manos sobre su regazo, una de sus posiciones de reflexión. Gavin tenía dieciocho veranos, unas seis lunas más que su primo, Gregor.
Gavin contestó con demasiada rapidez.
—Tirando. ¿Verdad, Gregor? —Se volvió hacia su primo, quien inmediatamente estuvo de acuerdo con él.
—Tirando, sí. Solo practicando. No vimos a nadie que pudiera hacer esto, ¿verdad?
Logan inclinó ligeramente la cabeza para mirar a Gwyneth. Sus padres habían pillado a Gavin y Gregor. No era necesario que ella se quedara para la siguiente inquisición.
—Mamá, ¿puedo ir a ver a Molly? Por favor.
Su madre asintió, dándole permiso para salir.
Corrió, lo hizo tan rápido como pudo.
Capítulo 2
Esa noche, Maggie estaba sentada al lado de su hermana, sosteniendo su mano y rezando para que se despertara pronto. Había mandado a Tormod a dormir un par de horas, prometiendo que vigilaría junto a la cama de Molly.
Apartó los cabellos sueltos del hermoso rostro de su hermana. Dios, pero se había convertido en una belleza. Su familia biológica había optado por enviarlas al servicio doméstico cuando eran niñas, diciendo que no tenían otra opción porque había demasiadas bocas para alimentar. Cualquiera de sus fornidos hermanos comía el doble que Molly y Maggie juntas, pero ese hecho les había parecido irrelevante a sus padres. Habían elegido a Molly porque su padre la consideraba fea. Creía que nunca encontrarían un hombre que quisiera casarse con ella.
Qué equivocado había estado.
Poco después de casarse con Tormod, Molly había vuelto a Inglaterra con él para encontrar a su familia biológica. Maggie se había negado a unirse a ellos, pero le habría gustado estar allí para presenciar la cara de sorpresa de su padre al ver por primera vez a Molly. Más tarde, Tormod le había contado a Maggie que el hombre se había negado a creer que Molly era su hija. Su hija, seguía afirmando, había sido una chica muy fea.
La sola idea de la visita hizo que Maggie se estremeciera. Odiaba Inglaterra.
Sus padres nunca le habían dicho por qué había sido elegida para ir con Molly todos esos años. Su madre había musitado algo sobre que no quería que Molly estuviera sola.
Pero ella sabía que no se trataba de eso.
Las lágrimas corrieron por sus mejillas al reflexionar sobre la verdadera razón por la que la habían entregado, algo que nunca le había contado a nadie.
Molly apartó bruscamente la mano y se retorció en la cama.
—Déjeme en paz. Milord, no tiene derecho a tocarme. ¡Déjeme en paz!
—Soy yo, Maggie. No te preocupes. Te protegeré, lo prometo.
Molly abrió los ojos, miró impasiblemente a su hermana e inmediatamente los volvió a cerrar. La tía Brenna le había dado un fuerte brebaje para dormirla y así poder atender su brazo. Ella era pequeña y delicada, capaz de correr tan rápido como el viento por los bosques, y había conseguido derribar a uno de los villanos más conocidos de toda Inglaterra y Escocia con su arco y flecha.
Sin embargo, aquí estaba impotente e incapaz de moverse de la cama.
Sí, la flecha no había alcanzado a su hermana, pero descubriría quién había hecho esto y se lo haría pagar. Nadie estaba autorizado a cortarle las alas a su hermana.
Molly intentó levantarse, haciendo lo posible por alejarse de Maggie.
—No, no la toques. —Al momento siguiente, la cara de Molly osciló de lado a lado como si estuviera buscando algo.
O a alguien.
—Maggie, debes correr. Él va tras de ti ahora. Es un hombre muy malo.
Aunque la llamó por su nombre, la mirada de Molly nunca se encontró con la de Maggie.
—Te protegeré, Maggie. Corre, por favor, corre. ¡Aléjate de él!
El miedo real en su voz hizo que las lágrimas de Maggie fluyeran más rápido.
—Molly, estoy aquí. Estoy bien. Te protegeré de él. —No tenía ni idea de quién creía Molly que estaba allí, pero tenía sus sospechas—. Soy tu hermana. No te haré daño. Por favor. Solo quiero que estés bien.
Entonces, Molly dijo el único nombre que ambas odiaban.
—Randall Baines, sé que eres tú. ¡Aléjate de mi hermana! —Maggie comprendió de inmediato. Su hermana estaba teniendo visiones de Randall Baines, el hombre que, básicamente, había sido su dueño después de ponerlas en el servicio doméstico. Se había atrevido a tocar a Molly de forma inapropiada en Edinburgh y su violenta madre las había golpeado—. ¿Milord? Váyase, por favor —insistió ella.
¿Molly estaba recordando algo o estaba experimentando una premonición? Cómo deseaba preguntarle a Molly lo que había visto, pero no podía tolerar ver el dolor en sus ojos.
—Estoy aquí. Él no. Estás a salvo, Molly. Estoy a salvo.
La tía Brenna se apresuró a entrar por la puerta.
—Maggie, tal vez deberías irte. Lo que sea que esté soñando, creo que está relacionado contigo. Le daré más hierbas para que duerma mejor. Vuelve en una hora. Me quedaré con ella hasta que se calme. No quiero que mueva esas costillas para nada.
Maggie se levantó de la silla, mirando a su hermana mientras seguía luchando contra su atacante invisible.
—Maggie, ella no lo dice en serio —insistió su tía—. No tiene ni idea de dónde está.
Maggie soltó la mano de su hermana y huyó. ¿Qué demonios iba a hacer ahora? Su sola presencia asustaba a su querida hermana, a la que había jurado proteger hacía muchas, muchas lunas.
Mientras bajaba la escalera de piedra hacia el frío aire de la noche, comprendió súbitamente algo. Solo había una manera de arreglar esto. No podía quedarse sentada viendo cómo su hermana era torturada por visiones del alma corrupta que había hecho de sus infancias una miseria. Ya fuera un recuerdo o una premonición, tenía que encontrar a Randall Baines para tranquilizar a su hermana.
El hombre había heredado en Wingate, cerca de la frontera. Si lograba encontrarlo, podría demostrarle a Molly que él no volvería a hacerles daño a ninguna de las dos. Habían pasado muchos, muchos años desde la última vez que habían oído de él. Podría estar muerto. Tal vez era pobre y vivía solo en una pequeña cabaña, o tal vez las autoridades de Inglaterra habían descubierto la verdad sobre él y se estaba pudriendo en la cárcel.
Cualquiera de esos escenarios aliviaría la mente de Molly y, a decir verdad, la suya propia. Por desgracia, no se le ocurría otra forma de ayudar a su hermana que la que más temía.
Iría a Inglaterra.
***
Will estaba sentado en lo alto de un barranco, observando la ruta principal que los viajeros solían utilizar para salir de la tierra Ramsay. Había estado a punto de salir de su cueva antes, pero había tenido un extraño impulso para quedarse en el último momento. Hacía mucho tiempo que había aprendido a seguir esos impulsos, creyendo que eran una mano guiadora de su madre. Ella ya no podía hablarle, pero aún podía guiarlo de una manera u otra.
Era la mitad de la noche y, efectivamente, sus instintos eran correctos. Se oía el sonido lejano de los cascos. Contuvo la respiración para agudizar su sentido, esperando que le ayudara a determinar dónde se había originado el sonido y hacia dónde se dirigía el viajero.
El eco crecía a través del barranco, por lo que supo que un caballo se dirigía hacia allí. Parecía que solo se trataba de uno.
Observó y esperó, preguntándose quién saldría de la tierra Ramsay en medio de la noche. Tal vez estaba a punto de atrapar al villano que se había atrevido a dispararle a Molly, provocando su caída. En cambio, para su sorpresa, la figura sobre el caballo no era otra que Maggie Ramsay.
Estaba sola.
Él corrió hacia su propio caballo, montando en segundos, y la siguió a una distancia suficiente como para no ser detectado. Seguir a la gente sin ser detectado era su especialidad. Había seguido a algunos durante días sin ser descubierto.
Gavin y Gregor le habían dicho que Maggie era aún más dura que su hermana mayor, si eso era posible, y que era letal con la daga, con una puntería perfecta en cada lanzamiento.
Aun así, ¿a dónde demonios se dirigía sola en medio de la noche? Algo así no era seguro, a pesar de las evidentes fortalezas de la muchacha.
La siguió, sorprendido por su resistencia, a través de los bosques y los valles. Ni una sola vez miró detrás de ella. Maggie estaba definitivamente en una misión, y él dudaba que algo la disuadiera. Ella cabalgó durante casi toda la noche sin detenerse. Su caballo tenía que estar cubierto de sudor, por lo que se alegró de ver que por fin se detenía a buscar un lugar para descansar. Una vez que ella se instaló finalmente en una cueva, él encontró otro lugar no muy lejano en un claro. No le preocupaba no alcanzarla por la mañana. Ella tendría que pasar delante de él, y como tenía un sueño tan ligero, estaba bastante seguro de que se despertaría en cuanto ella pasara. Entonces, solo tendría que saltar sobre su caballo y seguirla.
Pero no fue así.
Acababa de terminar de masticar la última torta de avena de su mochila, todavía en el claro, cuando terminó tumbado de espaldas con una daga presionando su garganta. La cara de Maggie estaba a un centímetro de la suya.
—¿Quién demonios eres tú?
La punta de la espada le pinchaba en el cuello. ¿Cuándo sus sentidos habían sido tan lentos? No había oído ni el chasquido de una rama ni el movimiento de una hoja.
Ella tenía su peso apoyado en su pecho mientras se sentaba a horcajadas sobre él.
Santo Cielo, pero la cuchilla no era lo único que estaba arruinando sus sentidos. Si ella se ponía a horcajadas sobre él un poco más abajo, estaría perdido por completo.
Se obligó a concentrarse en la daga.
—¿Cómo puedo responder con esa daga atravesando mi piel? —Se ahogó, no intencionadamente, sino debido a la presión que ella mantenía sobre su tráquea.
Maggie cedió un poco.
—Habla. ¿Quién eres y por qué me sigues?
—Will MacLerie. Amigo de tu hermano Gavin y de su primo.
—¿Qué clan?
—No tengo clan. Vivo por mi cuenta.
—¿Dónde?
—Donde yo elija. Viajo por la tierra según sea necesario.
—¿Eres el Halconero Salvaje?
Él no pudo evitar reaccionar a eso, pero con suerte se recuperaría pronto para que ella siguiera adivinando.
—¿Y si lo soy?
—¿Por qué Gavin?
—Él me ha enseñado a usar mejor el arco. Es uno de los mejores, además de tu hermana. —Detectó el más mínimo cambio en su agarre, lo suficiente para darle la oportunidad que él quería.
Con un movimiento suave, la puso de espaldas y se acostó sobre ella, inmovilizándola, con su daga tirada a un lado.
—Bájate de mí —susurró ella, con una furia palpable en su voz. Se retorció bajo él, pero se detuvo bruscamente en cuanto notó su dureza contra su vientre—. Eres un cerdo —le espetó.
—Yo no he empezado esto, muchacha. Tú te lanzaste sobre mí, si no recuerdo mal. No sé qué esperabas que ocurriera cuando presionaste tus fabulosas curvas contra mí, pero debes saber que eres una mujer hermosa.
Y sus puños salieron. Ella luchó como un animal enjaulado. Él la soltó, pero no la dejó ir, sino que la hizo girar y la mantuvo contra él.
—Tranquila. Nunca te atacaría, de ninguna manera. Me disculpo por mi reacción tan masculina hacia ti. Te dejaré ir cuando prometas no cortarme el cuello con tu daga. Estoy seguro de que llevas otra encima.
—Prometo no cortarte el cuello con mi daga.
La furia seguía recorriendo el cuerpo de Maggie, así que él se aferró a ella, sintiendo la repentina necesidad de una promesa más.
—Promete que tampoco me cortarás las pelotas.
Capítulo 3
Maggie sonrió, sorprendida de que él hubiera captado su intención tan rápidamente. Aunque seguía luchando contra él, una risita brotó de lo más profundo de su vientre.
—Eres la hija de Gwyneth Ramsay. ¿Ella no acaba de matar al hombre que secuestró a su hija clavándole las pelotas en un árbol?
—Sí, es cierto.
La hizo girar para que quedara frente a él, manteniéndola presionada contra su cuerpo.
—¿Podemos no hablar? ¿Aceptas eso antes de intentar cortarme de nuevo? Yo podría ayudarte. Quiero ayudarte. —Él la miró a los ojos, con un silencio creciendo entre ellos.
—¿Deseas ayudarme porque eres el Halconero? Dicen que eres un justiciero que ayuda a los que han sido tratados injustamente. ¿Es así, o huyes de la ley porque eres malvado? —De cara a él, una extraña sensación floreció en lo más profundo del vientre de Maggie, algo que le calentó las entrañas, haciéndola muy consciente de su presencia, de su cuerpo, de él.
—No soy un justiciero. Si veo a alguien a quien puedo ayudar, lo hago. Es sencillo.
—Sin embargo, te escondes. Nunca hablas con nadie. ¿Por qué?
—No necesito hablar con nadie.
Su proximidad a él la inquietaba. Olía a aire libre, a pino, a caballo y a sol. ¿O era su calor lo que le recordaba al sol? En cualquier caso, el color de sus ojos le llamaba la atención: azules y verdes brillantes con una multitud de colores danzando en su interior. Tenía una mirada peligrosa, pero Maggie deseaba confiar en él. Su mirada sostenía la suya, determinada, impávida. ¿Él estaba diciendo la verdad?
—¿Y el halcón?
—He entrenado a un par de halcones para que viajen conmigo de vez en cuando. No están a mi servicio. Pero uno se posa en mi hombro o en mi brazo. Si eso me convierte en malvado, entonces supongo que lo soy.
Maggie contempló todo lo que había en él. Tenía una presencia fuerte, casi contundente, pero no se sentía amenazada de ninguna manera. Tenía el pelo largo y salvaje, una barba corta e incipiente y una mandíbula fuerte. De hecho, todo en él era oscuro, excepto sus ojos. Eran como los ojos de los lobos en la oscuridad de la noche, viéndolo todo y sabiéndolo todo.
Por alguna razón que ella no podía entender, confiaba en él.
—No has respondido a mi pregunta. ¿Prometes no cortarme en dos? —La miró fijamente, con su agarre clavándola a él. Los pezones de Maggie se pusieron erectos mientras él la estudiaba, esperando su respuesta.
El silencio la incomodó, así que se aclaró la garganta y dijo:


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