Aprendiendo a conquistarte (Trilogía «Aprendiendo» nº 3) de Manu Ponce

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***SOLO HOY Las Guerreras Maxwell, 7. Atrévete a retarme De Megan Maxwell

Regresa Megan Maxwell con la séptima entrega de la famosa saga «Las guerreras Maxwell».

Sin duda te llegará al corazón. Descubre, con esta nueva entrega, cómo los retos acaban dando paso a nuevas oportunidades...

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Aprendiendo a conquistarte de Manu Ponce pdf

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Abatido, sintiendo la espada de Damocles sobre él, Ryan se enfrenta a la peor de las amenazas. Cuando la felicidad pende de un hilo, solo queda rezar y el irlandés le pide al universo que no le arrebate ese trozo de su corazón sin el que no volvería a ser el mismo.

Sin embargo, tras la tempestad viene la calma. Pese a ello, le queda por hacer un descubrimiento que vuelve a ponerlo en el punto de partida. Libre de toda culpa, decide recuperar las riendas de su vida. En ese momento piensa que quizás sea demasiado tarde, ¿o no?

Todo tiene un precio y el que ha de pagar esta vez es el más alto de ellos…Imparable, no duda en embarcarse en una aventura de la que solo puede salir victorioso, pues de ella depende su felicidad.

Empeño le pone, pero ha de contar con que una vez más el destino quiere ponerlo a prueba y en esta ocasión lo hará en un remoto lugar del planeta donde conocerá el peligro en estado puro.

Cuando todo parece perdido, una luz alumbra su oscuro panorama, demostrándole que el amor mueve montañas, ¿estará a tiempo de escribir su propia y apasionante historia con Iris? No te pierdas el increíble final de una trilogía en la que las emociones suben y bajan como en una noria.

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Aprendiendo a conquistarte (Trilogía «Aprendiendo» nº 3)

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Capítulo 1
 
Tardé horas en poder reaccionar, pues me quedé en shock.
Da igual que tengas un título de Medicina debajo del brazo. Cuando es la salud de los tuyos la que está en juego los miedos se apoderan de ti y más cuando la personita a la que el destino zarandea es tan solo un bebé, un bebé de corta edad que no cuenta con las suficientes armas para defenderse.
Ojalá me hubiese podido cambiar por él. Ojalá, pues lo hubiese hecho con los ojos cerrados.
Mi niño, se trataba de mi niño y no las tenía todas conmigo de que saliera adelante. La cara circunspecta de Alec cuando entramos en su despacho una vez que terminó con su ronda de consultas por la planta tampoco es que ayudara demasiado.
—Amigo, explícamelo todo con detalle, por favor. Y también a Nora, porque estamos abatidos—Ella colocó su mano sobre la mía y me la apretó con todas sus ganas.
—Ahora vais a tener que sacar fuerzas de flaqueza porque vuestro hijo os necesita, el estado de Irvin reviste una gravedad extrema, dada su corta edad.
—¿Por qué ha ocurrido esto, Alec? El niño tuvo moquitos hace unos días, pero seguí la recomendación de la pediatra y se le pasó, estaba perfecto hasta ayer—le preguntó ella.
—Es que este tipo de bronquitis asmática aguda como la de vuestro pequeño es muy traicionera. Los moquitos de los que me hablas seguro que no tienen nada que ver con este cuadro. Como os digo, hay niños que no presentan absolutamente ningún síntoma en los días anteriores y, de repente, ocurre.
—¿Y qué va a pasar? Dímelo por favor, sé que es muy grave, pero nuestro pequeño va a salir adelante, ¿verdad? —prosiguió ella en el colmo de la angustia.
—Yo espero que sí y no olvides que estamos haciendo todo lo posible para que así sea—le recordó él.
—¿Solo lo esperas? ¿Hay alguna posibilidad de que no sea así? Dímelo, por favor, porque me estoy muriendo del miedo.
—Nora, debes mantener la calma, por favor. Los nervios no son buenos compañeros en momentos como estos. A ver, ya lo he hablado antes con Ryan, el niño está entubado, lo que significa que hay una máquina que está respirando por él, proporcionándole oxígeno de un modo artificial, por eso está estable.
—¿Y entonces? ¿Qué va a pasar cuando le retiréis la respiración artificial?
La cara de Nora era el más penoso de los poemas y a mí se me partía el alma. Nuevamente sentí que le había fallado, que no estaba en casa cuando Irvin enfermó y que se había comido todo el marrón solita en los primeros momentos.
—Esa es la pregunta del millón, Nora. Verás, Irvin no tiene que volver a respirar de un momento para otro, pues se trata de un proceso paulatino. Poco a poco iremos rebajando el porcentaje de oxígeno que reciben sus pulmones para que, lentamente, vaya volviendo a respirar, pero no de golpe.
—Hasta que al final sea él mismo quien respire por sí solo y nos lo podamos llevar a casa, ¿es correcto?
—Es correcto siempre que, efectivamente, el bebé lo logre, creo que me estoy explicando con claridad.
—Alec, ¿quieres decir que nuestro hijo podría no lograrlo? Pero él es un niño sano, totalmente sano. De hecho, cuando nació, le hicieron muchas pruebas y precisamente en este hospital.
—Ya, lo que sucede es que, a veces, determinados bebés vienen de serie con malformaciones congénitas en los pulmones que no dan la cara hasta más adelante.
—¿Malformaciones congénitas? ¿Irvin sufre una malformación pulmonar congénita?
—No, en principio no tiene por qué, pero sí te adelanto que hay que descartarlo. Es fundamental descartar cualquier problema.
—Y si no la tiene, si no tiene una malformación de esas, ¿entonces saldrá adelante sin problema?
—Siempre y cuando sea capaz de volver a respirar por sí mismo, ya te lo he comentado.
—¿Y si no fuera capaz, Alec? ¿Y si mi pequeño no lo lograra?
—No te pongas en esas, Nora. Es mucho mejor que no te pongas en esas.
—¡Se trata de mi hijo! —Dio un golpe en la mesa que ninguno de los dos esperábamos.
—Cariño, tienes que calmarte, Alec solo trata de ayudarnos, él no tiene ninguna culpa de lo que nos está sucediendo—le expliqué intentando abrazarla.
—Pero no me habla claro, ¿no ves que no me habla claro? Está dando vueltas y vueltas. Y mientras, yo no sé hasta dónde quiere llegar.
—Nora, ¿quieres que te proporcionemos un calmante? —le preguntó.
—¡Yo no quiero ni calmantes ni ocho cuartos! A mí no me vas a dejar fuera de combate mientras mi niño me necesita. Háblame claro, ¿qué le puede suceder a Irvin en el peor de los casos?
—En el peor de los casos no superaría la insuficiencia, Nora, pero nos estamos poniendo en lo peor.
—¿Nos estamos poniendo en lo peor? ¿Y en qué te pondrías tú si fuera tu hijo? ¿Crees de veras que yo puedo calmarme con un diagnóstico similar? Ryan, dile que se está equivocado, dile que es un incompetente, díselo tú, por favor…
—Nora, ya, por favor. Vamos a salir de este despacho inmediatamente. Alec, te pido disculpas en su nombre, no sabe lo que está diciendo.
—No hay ningún problema, Ryan, os mantendré puntualmente informados de la evolución del peque.
—Ni te imaginas cuantísimo te lo agradezco, amigo.
Salí con ella, que estaba tan fuera de sí que no le pidió ni disculpas, y la abracé.
—Nora, Alec no te ha dicho que esté todo perdido ni mucho menos. Es solo que nuestro niño va a tener que luchar como un campeón, pero él lo es, que no te quepa duda.
—Ya, ya lo sé, pero también existe la posibilidad de que no supere esto y lo sabes. Ni tú ni yo nos chupamos el dedo y sabemos perfectamente a lo que nos enfrentamos, amor.
—Venga, vamos a ser fuertes, que nosotros podemos—la alenté mientras por dentro también estaba roto.
—Es que no podría soportarlo, ahora que tengo una familia no podría soportarlo. Irvin y tú sois lo más importante para mí y, si llega a pasarle algo, yo me voy detrás de él, ¿me oyes?
—No digas eso, Nora, no digas eso.
—Déjame que lo diga porque es lo que siento. No estoy dispuesta a perderos a ninguno de los dos, Ryan, os quiero demasiado…
Capítulo 2
 
Decir que estaba entre la espada y la pared sería quedarme muy corto….
Sin embargo, no fue eso lo que me preocupó durante las siguientes horas. Irvin podía permanecer entubado un máximo de setenta y dos, transcurridas las cuales tendría que luchar por sí mismo.
Antes de eso, irían haciéndole pruebas para ver cómo sus pequeños pulmones reaccionaban a la rebaja de la ayuda.
Mi desesperación era absoluta y se acrecentaba por momentos. Lo cierto es que no me apetecía hablar con nadie, solo quería estar encerrado en mí mismo. Pese a eso, me tocaba aupar a Nora y no era precisamente fácil.
Mi madre no tardó en llegar con Frank de la mano. Verla así de feliz, al haber rehecho su vida, fue la única alegría que recibí en un día en el que el cielo lucía gris, lo mismo que nuestras almas.
—Hijo, ¿qué ha sucedido? —Me dio un beso y me preguntó incluso antes de presentarme a su pareja.
—Mamá, es el niño, pero se pondrá bien—le dije porque tenía a Nora delante y el panorama era como para desalentarla más.
—O no, suegra, o no… Nos han dicho que nuestro pequeño se puede morir.
—¿Que mi nieto se puede morir? ¿Quién ha sido el desgraciado que os ha dicho eso? Decídmelo que me va a oír, un nieto mío no se va a morir en la vida porque no me da a mí la gana.
Ya le salió a mi madre ese temperamento tan suyo que mostró en todos los momentos difíciles de la vida.
—Mamá, Irvin está en las mejores manos, en las de mi amigo Alec, que es un reputado neumólogo. Él está haciendo todo lo posible.
—Pero si es que no me lo puedo creer, el niño estaba como una rosa—murmuró.
—Ya, pero es que nos han explicado que estos problemas pulmonares son así, que dan la cara cuando menos lo esperas y que son capaces de llevarse toda tu felicidad por delante—le explicó ella.
—Pero es que eso no puede ser, tiene que haber algún error. Hijo, vuelve a hablar con ese muchacho y que te lo explique, que seguro que se ha equivocado.
Frank trató de hacerla entrar en razón y enseguida lo entendió. Mi madre podía tener un pronto un tanto fuerte, pero luego ponía los pies en la tierra.
El día transcurrió con la máxima de las amarguras no, sino con lo siguiente.
—Hijo de mi vida, tienes que comer algo, no has probado bocado en horas. Y Nora tampoco. Llévatela a la cafetería, que Frank y yo os informaremos de cualquier novedad.
—Te lo agradezco, pero yo no me muevo de aquí ni muerta, te lo advierto desde ya—le aseguró Nora.
—Hijo, pues ve tú y así le traes algo cuando vuelvas.
Entendí que mi madre tenía toda la razón y que debía alimentarme y estar fuerte por lo que pudiera pasar. Las cosas podían torcerse mucho y Nora no parecía preparada para afrontar una noticia tan dramática. Yo tampoco es que lo estuviera, pero alguien tendría que sostener al otro si llegaba el momento.
Una vez en la cafetería saqué mi móvil y vi que había cantidad de mensajes de Iris. Ella estaba preocupadísima y yo, con tanto pesar, ni siquiera le envié un cochino mensaje explicándole.
La llamé directamente, qué otra cosa podría hacer.
—Por fin, estaba que no podía más. Dime por favor que tienes buenas noticias y que Irvin se pondrá bien.
—Pues no lo sé, Iris, lo cierto es que no lo sé—La voz se me quebró.
—¿No lo sabes? Pero eso no puede ser, ¿qué te dicen tus compañeros?
—Que todavía es pronto para saber si saldrá adelante o no, si volverá a respirar por sí mismo—Me eché a llorar directamente, ya no pude más y con ella me encontré en la libertad de quitarme la máscara.
—Va a salir, ya verás que sí. Cielos, cuánto desearía poder estar ahí contigo y darte un abrazo. Esto es un infierno, un jodido infierno.
—Sí que lo es, sí que lo es. Lo siento mucho, pero no puedo seguir hablando contigo, es que tengo un nudo en la garganta…
—Por favor, ve informándome de todo, estoy aquí que me subo por las paredes. ¿Sabes que te quiero con toda mi alma?
—Lo sé, lo sé—le respondí, aunque lo que no le dije fue que ese amor me dolía más que ninguna otra cosa en un instante en el que no podía saber hacia dónde iba mi vida.
—Pues, eso, no me olvides, porfi, que no puedo con los nervios. Sé que estás muy liado, pero necesito ir sabiendo.
Me sentí inmensamente presionado. Sin ella saberlo, me estaba poniendo muy nervioso.
Nada podía reprocharle, pues yo en su caso habría actuado exactamente igual, pero no estaba en su caso, estaba en el contrario y totalmente destrozado.
Reconozco que estuve en la cafetería más tiempo del necesario, porque sabía que Nora estaba acompañada y yo necesitaba evadirme un poco antes de volver a enfrentarme a la tristeza de sus ojos.
La vida nos estaba dando un buen varapalo y precisaba ir asimilando poco a poco que todo podía volver a dar un giro… Un giro que en ese caso podía ser el más dramático de todos.
Terminé volviendo con un sándwich en la mano y con la más fingida de las sonrisas, con la intención de insuflarle algo de ánimo.
Para entonces, mi madre la abrazaba porque parecía no estar en el mundo de los mortales.
No logré que le diera ni un bocado al sándwich en las siguientes y largas horas que permanecimos a la espera de noticias.
Capítulo 3
 
Esa noche, cuando volví a entrar en la UCI pediátrica y vi a todas aquellas pequeñas vidas luchando por dar un paso al frente, me emocioné una barbaridad.
Irvin estaba totalmente entubado y lo cierto es que daba pena verlo.
—¿Crees que tiene ganas de vivir? —me preguntó su madre cuando salí.
Nos turnábamos para entrar. La realidad era que solo podía pasar uno por turno y tan solo unos minutos, pero al trabajar yo allí, mis compañeros hacían la vista gorda por completo, de modo que entraba ella y después yo.
—Claro que tiene ganas de vivir, ya verás como mañana Alec nos trae buenas noticias. Yo tengo ese pálpito y no me voy a equivocar—La abracé.
—Ojalá, yo necesito que todo esto pase y que nos casemos y mirar hacia atrás y pensar que todo quedó en una pesadilla.
Una pesadilla suponía para mí cada vez que ella sacaba el tema de la boda. Eso, sumado al resto, hacía que la cabeza me doliera hasta hacerme pensar que me estallaría en cualquier momento.
Nos habíamos quedado solos porque convencimos a mi madre y a Frank de que se fueran a descansar. Por cierto, que él me pareció un tipo majísimo, por lo que me alegré infinitamente por mi madre. Al menos a alguien parecía irle bien, aunque el tema de su nieto le había aguado la fiesta por completo.
Amanecimos como nos quedamos, en la sala de espera. Nora rezaba, nunca la había visto rezar hasta ese día. La notaba como ida y, en cierto modo, en los momentos en los que se evadía en sus rezos me sentía un poco más liberado.
Un par de veces a lo largo de la noche fui al servicio y contesté a sendos mensajes de WhatsApp de Iris, que me aseguraba que también le era imposible conciliar el sueño.
La mañana llegó, efectivamente y con ella Alec volvió a entrar de turno, portando un rayo de esperanza.
—A ver, pareja, las pruebas que le hicimos ayer a Irvin ya han llegado y descartan una malformación pulmonar congénita. No dudéis que es una gran noticia.
—Entonces, ¿nuestro hijo se va a salvar? —le preguntó Nora, que previamente le había pedido disculpas por su actitud del día anterior.
—Nora, todavía no puedo afirmar eso. Verás, con la insuficiencia que sufre ahora mismo Irvin, dependerá de su reacción que se salve o no. Ahora bien, si hubiera tenido una grave malformación, entonces me temo que no habría nada que hacer.
—Es una buena noticia, ¿no ves que lo es? Es muy buena—Le hice ver porque, aunque el bebé seguía en inminente riesgo, al menos sabíamos que tenía posibilidades.
—Ya lo sé, pero entiende que yo necesito más, yo necesito llevármelo a casa y acunarlo, darle el pecho…
Ella lo estaba pasando rematadamente mal y para colmo andaba con el tema del sacaleches y demás, intentando que todo siguiera bien para cuando la vida nos diera esa segunda oportunidad de ver a nuestro hijo crecer.
Yo ya no pedía nada más. Tenía encima de mí una tormenta tal que no pensaba en mi felicidad ni en Iris… Tan solo pensaba en que si Irvin salía para delante tendría que darle gracias a la vida por haberme dado tanto.
No fue hasta esa tarde cuando comenzaron a rebajar el nivel de oxígeno que llegaba a sus pulmoncitos y, en un momento dado, Alec apareció con un color pálido que no tenía nada que envidiarle al de la cera.
—Pareja, de momento no está respondiendo—nos comentó.
—Alec, ¿cómo puede ser? Irvin está lleno de vida y debe tener las defensas por las nubes. Su madre lo está criando a pecho, no sabes cómo come ese granuja.
—Lo sé, amigo, lo tengo todo en su expediente. Lo único que os digo es que os tenéis que armar todavía de más paciencia. Hay veces que no se responde al tratamiento en un primer momento, pero sí más tarde.
Nora, que se había levantado, cayó desplomada en su asiento cuando Alec se fue.
—¿Lo has escuchado? No está respondiendo al tratamiento, nuestro pobre niño no está respondiendo. Te digo que a mí me va a dar algo.
—No, no es esa la parte con la que debes quedarte, sino con que es probable que lo haga en las próximas horas. Ey, la esperanza es lo último que se pierde y tú eres una luchadora, no me digas que la vas a perder ahora, cuando tu hijo más te necesita.
—No, no la voy a perder ahora, te lo garantizo que no, pero es que tengo tanto miedo…
De ese color, del miedo, tenía yo también un vestido. Y otro mi madre, si hasta Frank estaba de lo más afectado y eso que el hombre ni conocía personalmente a nuestro hijo.
La familia de Nora no estaba allí por expreso deseo suyo.
Resulta que sus padres, que eran más pesados que matar un cochino a besos, no nos habrían sido de ayuda, sino que la hubieran puesto todavía más nerviosa, por lo que ella decidió ocultarles el calvario por el que estábamos pasando.
Además, a su padre le habían detectado recientemente unos problemas de riñón y el hombre andaba pachucho, razón de más para no darles ese disgusto.
El móvil, que yo tenía en vibración, saltaba de tanto en cuanto. Era Iris que, sin atosigarme en ningún momento, quería saber cómo estábamos el niño y yo. Incluso también se interesaba por el estado de Nora.
Sé que a muchas personas esto último podría resultarles hipócrita, pero siendo Iris lo hacía de todo corazón.
En tales circunstancias, y por aquello de que necesitaba evadirme en muchos momentos, también la echaba cantidad de menos. Además, sabía que para ella también resultaba un tormento el tener que pasar separados todo aquello.
De vez en cuando y, aprovechando que iba al servicio o a la cafetería, la llamaba y su voz me tranquilizaba, si bien a menudo también sentía que la estaba utilizando porque, dado el rumbo que estaban tomando los acontecimientos, yo no sabía lo que iba a ser de nosotros.

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