No te enamores de mí novela

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Mansión
Urbano
Contraataque
Giro argumental
Relación falsa
Amor y odio
Ricos
Heredero/Heredera
Bebé inteligente
Torcido
Inalcanzable
Independiente

La novela No te enamores de mí es una historia romántica, los protagonistas son Susana Madero y Eduardo Barragán

Actualizado en: 2021-11-02

Capítulo 1 En la más absoluta miseria, ni viva ni muerta

  • Los vientos huracanados y los violentos truenos que se escuchaban en el exterior de la residencia Barragán eran increíblemente estruendosos, pero aun así esos sonidos no afectaron a la hermosa mujer que estaba recostada sobre una cama. Susana Madero dormía profundamente a causa de una fiebre. En su estado de somnolencia pudo sentir que alguien se recostaba a su lado y que esa persona repentinamente le sujetaba con brusquedad la mano que reposaba sobre las mantas y se la apretaba con fuerza. Al instante una sensación de dolor intenso y agudo recorrió todo su cuerpo.
  • Antes de que pudiera reaccionar, escuchó la voz grave y ronca de un hombre diciéndole algo bastante desdeñoso.
  • —Susana Madero, pareces una ramera esperando a ser follada. ¿Estás tan desesperada?
  • Aquel hombre mantenía sus atractivos y finos labios bien cerrados. Sin embargo, el tono de voz con el que hablaba era frío, tan gélido como el hielo. Esas palabras la despertaron al instante y el hombre entrecerró con brusquedad los ojos. Sus grandes y pálidas manos la sujetaron por la barbilla y le dirigió una mirada severa.
  • —¿Sabes cuáles son las consecuencias de desafiar mis límites? Eres una mujer pretenciosa.
  • —¡Su…suéltame!
  • Por desgracia, su voz, que estaba ronca a causa de la fiebre, hizo que sus palabras, a oídos del hombre, se escucharan más bien como una invitación poco disimulada. Esa pequeña frase hizo que el aura que lo rodeaba se volviera más aterradora y la fuerza de su agarre aumentó de forma involuntaria. De inmediato hizo a un lado las mantas que la cubrían con firmeza, su mirada era inusualmente feroz mientras sus grandes manos desgarraban sin misericordia la pijama de la mujer.
  • Estaba aterrada y el recuerdo de lo ocurrido en el hotel tres años atrás volvió a resurgir. Él estaba completamente ebrio, pero a ella aún le quedaba un poco de razón. A pesar de que en aquel entonces se resistió a sus avances, no pudo hacer nada frente a él y al final no tuvo más remedio que soportar con dolor que el hombre la ultrajara como si se tratara de una bestia.
  • —¡No! ¡Suéltame!
  • —¿Soltarte? ¡Ja! Me parece que lo que quieres es abrir las piernas para mí.
  • Sus forcejeos lo hicieron enfurecer.¡Qué mujer tan desvergonzada! Siento asco de tan sólo tocarla.
  • —Estabas esperando a que viniera a follarte, ¿verdad? —Su voz era amarga y fría, es escuchaba como el mismísimo Satanás. Al mismo tiempo, la temperatura del ambiente pareció bajar de repente a causa de sus palabras.
  • —¡No! ¡No es así!
  • Toc, toc, toc.
  • —Joven Eduardo, señorita Susana, la señora Barragán quiere hablar con ustedes en la sala.
  • Justo en ese momento, la respetuosa voz del mayordomo de la familia Barragán, Sebastián Holguera, se escuchó desde el otro lado de la puerta, interrumpiendo las viles acciones del hombre. Aprovechando que Eduardo hizo una pausa, Susana usó toda su fuerza para empujar al desprevenido hombre lejos de ella y luego se levantó a toda prisa de la cama y se replegó en un rincón de la habitación. Se cubrió el cuerpo con la ropa que el hombre había hecho jirones mientras temblaba. Al darse la vuelta, vio con claridad su fría expresión, era tan fría que cortaba una espada, pero, a pesar de su miedo, levantó la vista para mirarlo. Su ronca voz se entremezcló con una sensación de desapego.
  • —Señor Barragán, nunca lo molestaría a menos que sea por completo inevitable.
  • Era la verdad, nunca se pondría en contacto con ese hombre, a quien no había visto en tres años, a menos que fuera indispensable. Ese hombre era su esposo sólo de nombre, el heredero de la poderosa familia Barragán de la ciudad de Rondevalle, Eduardo Barragán. Aunque sólo tenía veintisiete años, era una leyenda por monopolizar la industria de los negocios en la ciudad Peñaluna. Era conocido como el verdugo más implacable del mundo de los negocios debido a su personalidad distante y diabólica. Pero, en su vida personal, era un hombre aún más diabólico que el propio demonio.
  • Susana se sentía terriblemente incómoda, pero sus grandes y redondos ojos se mantuvieron en guardia frente al hombre que tenía de pie delante de ella. Él la odiaba, ¿cómo podía no saberlo? Por desgracia, nunca había tenido elección, ni en el pasado ni ahora.
  • —¿Joven Eduardo, señorita Susana? —Al no recibir ninguna respuesta de su parte, Sebastián volvió a hablar en tono respetuoso.
  • —Dile a la abuela que enseguida vamos.
  • El hombre entrecerró un poco sus ojos negros como el carbón, mientras miraba fijamente a la mujer que se encontraba arrinconada. Luego, su mirada se agudizó de forma considerable mientras pronunciaba unas palabras que resultaban aún más escalofriantes. Susana no pudo evitar sentirse un poco incómoda con él mirándola de esa manera y, en respuesta, agachó la cabeza poco a poco. Sintiéndose bastante nerviosa, se aferró con todas sus fuerzas a la ropa que le cubría el pecho.
  • —Susana Madero, no olvides quién eres y no me provoques o de lo contrario, sufrirás las consecuencias. —Después de decir eso, Eduardo se levantó de la cama y tomó varios pañuelos húmedos de la mesita de noche. Se limpió las manos con cuidado, actuando como si acabase de tocar algo que le repugnaba demasiado. Después de eso, se dio la vuelta con elegancia y entrecerró un poco los ojos. Su mirada se volvió sombría. Se dirigió a la puerta, se detuvo de repente y dijo—: Si deseas las caricias de un hombre, no tengo problemas en traer a varios para que te satisfagan.

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