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PURGATORIO (TRILOGÍA DESTINO nº 2) de B. E. RAYA

A compartir, a compartir! Que me quitan los posts!!

***SOLO HOY Y ahora supera mi beso de Megan Maxwell 

Regresa Megan Maxwell con una novela romántico-erótica tan ardiente que se derretirá en tus manos.

Sexo. Familia. Diversión. Locura. Vuelve a soñar con la nueva novela de la autora nacional más vendida…

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No hay ni una historia de amor que tenga un final feliz. Si es amor, no tendrá final. Y si lo tiene, no será feliz. Valentina Carter está descubriendo que en la historia no hay finales felices, solo momentos críticos que se superan. Al menos espera poder superarlos. La parte sencilla de su extraña relación con su jefa Casandra Makris fue aceptar el amor y la atracción que ambas sentían, sin embargo, ambas descubrirán que mientras los días avanzan las diferencias entre ambas las podría separar para siempre.
Personalidades opuestas, obligaciones distintas, prioridades completamente diferentes, fantasmas del pasado y conceptos sobre el amor contradictorios, podrían ser las razones causantes de una relación vertiginosa y complicada. ¿Su amor y pasión serán suficientes para que su amor prospere?


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  1. PRÓLOGO
    Denver, semanas atrás…
    Abigaíl Mackenzie se alardeaba de decir que, a lo largo de su vida, había conocido infinidad de amantes. Hombres o mujeres, a ella le daba lo mismo. Ya que había logrado comprobar que, sin importar el género de la persona, las habilidades en la cama solo las obtenían aquellos con la experiencia y las habilidades para ello.
    Gracias a su entorno de trabajo había conocido a los hombres más apuestos del mundo, siendo un desastre en proporcionarle un orgasmo a una mujer y también existían las acepciones a la regla. Incluso se había acostado con grandes artistas del medio del espectáculo con increíble poder de actuación y una belleza sin igual, pero que ni siquiera sabían manejar su polla, eso sin importar que tan pequeña o grande la tuvieran. Eso sin duda demostraba que la belleza no lo era todo. También había subestimado alguno que otro por ser poco agraciado o de baja estatura y se había llevado buenas sorpresas.
    Pero el premio mayor se la llevaba una de sus amantes, ese si había sido todo un hallazgo gracias a un amigo que amabas tenían en común. Abigaíl había tenido la suerte de conocer a una mujer que era sexo y lujuria en su estado más puro. Desde que se había acostado con ella unos años atrás, Abigaíl estaba arruinada para los hombres.
    Esa mujer era el demonio de la lujuria. Incluso hasta parecía una injusticia del destino. Ella era sexi como el infierno. Tenía un cuerpo esculpido por los mismos ángeles, era alta, piernas largas, cintura estrecha, su sedoso cabello negro. Y dejando de lado su no muy encantadora arrogante personalidad, Cansara Makris ofrecía el paraíso a una mujer entre las sábanas. Ella no se limitaba, lo daba todo al momento de ofrecer placer. Con esa mujer obtenías el cien por ciento de satisfacción garantizada. Ella era sexo como nunca había tenido en su vida y Abigaíl había tenido una vida sexual activa desde una edad temprana.
    Tontamente, pensó que lo había visto todo. Pero cuando Casandra Makris la tocaba, se estremecía hasta lo más profundo de su ser. Solamente pensar en ella hacía a su cuerpo estremecerse. Hacía que su piel se sintiera dilatada, su respiración se agitara y su corazón palpitara aceleradamente con la anticipación a lo que sabía que vendría. Por esa razón no dudaba en asistir a su encuentro cada que Casandra Makris le mandaba un mensaje.
    Ellas no eran pareja, ni amantes formales, mucho menos amigas, simplemente su relación de sexo ocasional era conveniente para ambas. Solo follaban de vez en cuando. Claro que Abigaíl no tendría problema alguno en tener una relación con esta mujer tan hermosa, pero el gran muro lo ponía Casandra Makris era el enemigo a vencer. Ella no era de relaciones amorosas. Lo había dejado claro desde el comienzo. Abigaíl lo aceptaba. Además, no le convenía en negarse, durante todo este tiempo Abigaíl era la única amante frecuente, no importaba cuantas mujeres Casandra se llevará a la cama, siempre, siempre, siempre, volvía con Abigaíl y eso le daba esperanzas de que en un futuro lo suyo se tornará mucho más formal.
    Ansiosa, entró en la habitación de hotel, sin llamar siquiera. Sabía que Casandra la esperaba. Entró inspirando el perfume sustancioso de rosas y vainilla. La música clásica se derramaba a través del lujoso cuarto. Empujó las puertas para cerrarlas tras ella y dejó que los suntuosos pliegues de su abrigo de cuero se derramaran hasta el piso. Revelando el conjunto que había elegido para esa noche.
    Abigaíl siempre utilizaba las armas que tenía a su favor, no se avergonzaba de exhibir su cuerpo, después de todo para eso se sometía a estrictas dietas, ejercicios y una que otra cirugía, se amaba a sí misma y amaba su cuerpo. 
    Para este tipo de ocasiones siempre estaba prevenida, en su armario procuraba tener conjuntos lo suficientemente sexis para la ocasión. Esta noche había elegido un conjunto de corset con encaje suficientemente sexi y elegante en color tinto, el encaje era color negro y lo convino con unas medias con ligero y el escote del corset levantaba y enseñaba sus pechos abundantes a la perfección. Vio momentáneamente su reflejo en las ventanas de cristal del balcón y sonrió. A los treinta y tres, Abigaíl se veía bien. Ella se aseguraba de cuidar su cuerpo, por esa razón atraía las miradas de tanto hombre como mujeres. Valía la pena tanto sacrificio y dinero invertido en ella, si tenía lo que se necesitaba para estar en la cama con alguien como Casandra Makris.
    Una oleada de lujuria la hizo sentir mareada, respiró profundamente para desacelerar los latidos de su corazón. Se sentía insaciable. Una vez o dos, había jugueteado con el pensamiento escandaloso de que ella no podría ser humana. Casandra bien podría ser la reencarnación de Afrodita[1] misma. O de cualquier Diosa sensual del olimpo.
    —Puntual, como siempre.
    Una seria voz femenina flotó en la habitación. La mirada de Abigaíl viajó hacia la mujer recargada contra la puerta corrediza del balcón. Ella llevaba puestos pantalones de lino negros, una blusa de seda blanca que ligeramente deja entrever su sujetador de encaje rosa pálido. Sus tacones negros de doce centímetros la hacían parecer más alta. Más imponente. Sumamente espectacular.
    —Estaba ansiosa por verte.
    Dijo Abigaíl coquetamente.
    >>—¿Te gusta lo que ves?
    Preguntó seductoramente cuando Casandra la miró de arriba abajo con una intensa mirada.
    —Me encanta.
    Sus ojos la observaron mientras recorrían su cuerpo. Le fascinaba la mirada de Casandra. Su mirada intensa siempre la hacía estremecer. Pero por un instante a Abigaíl le pareció ver otro tipo de brillo en su mirada.
    —Solo intento complacerte.
    Dijo coquetamente, Abigaíl deslizó su mano por en medio de su escote. Casandra siguió con su mirada su avance mientras la deslizaba un poco más abajo.
    —Ven y dime que quieres que te haga esta noche.
    Ella extendió su mano y Abigaíl la aceptó encantada. Se pegó a su cuerpo y por un instante pensó que ella la besaría intensamente como siempre, pero extrañamente no lo hizo. Casandra desató el moño que mantenía preso su cabello largo. Abigaíl inhaló en una respiración rápida. Le encantaba su cabello ¿Por qué ella era tan sexi? No había nada en esa mujer que no fuera perfecto. Conocía el tacto de esos cabellos, barriendo sus pechos desnudos, rozando sus pezones, cayendo más bajo, a través de sus muslos, mientras ella la hacía alcanzar el clímax después de elevarla a las alturas.
    —Como si necesitara darte indicaciones. Tú sabes lo que quiero antes de que lo haga yo misma.
    Abigaíl rodó los ojos. Casandra no permitía que nadie le ordenara nada. Mucho menos en el sexo. Y no era necesario, ya que antes de que ella supiera lo que deseaba, Casandra se lo daba. Eso la hacía peligrosamente adictiva. Casandra Makris sonrió, pero realmente esa sonrisa no alcanzó sus ojos. Abigaíl no estaba segura de que alguna vez la hubiera visto alcanzar sus ojos. Nunca se alteraban. Era complicado, casi hasta imposible, adivinar qué era lo que Casandra Makris pensaba o sentía en todo caso. Había estado acostándose con ella por un tiempo, y no sabía más acerca de ella ahora que el día que la había conocido. Ese mismo día que se habían conocido y habían rodado a través de su alfombra de su casa, forcejeando silenciosamente por la posición dominante, hasta que a Abigaíl no le había importado cómo la tomara ella siempre que lo hiciera.
    Cuando Casandra la apretó más fuerte por la cintura. Abigaíl se humedeció los labios. Era el momento. Ella misma era una mujer fuerte, decidida y orgullosa. Pero estando enfrente de esta mujer, dejaba de lado todo su orgullo. Abigaíl se sentía excitada por la fuerza de esta mujer autoritaria. Aceptaría sin objetar todo lo que ella quisiera hacerle. En su último encuentro, Abigaíl había terminado sobre una mesa con las manos de Casandra, sujetándola del cabello y embistiéndola desde atrás con un cinturón con vibrador. Fue sexo rudo, crudo y primitivo, pero Abigaíl no había podido para de gritar excitada hasta alcanzar innumerables veces el orgasmo.
    Inspiró agudamente cuando Casandra ya estaba arrastrándola hacia la alfombra gruesa. Los labios firmes, sensuales, con un indicio de crueldad, se cerraron sobre los de ella mientras la besaba. Había algo acerca de Casandra que bordeaba en lo intimidante, pensó ella mientras la mujer inmovilizaba sus manos contra el piso y se levantaba sobre ella. Casandra Makris era demasiado hermosa, demasiado llena de secretos oscuros para que, sospechaba, alguna mujer pudiera llegar a conocerla a fondo. Además, ese aire de misterio era lo que hacía que el sexo fuera más exquisito, con ese borde fino de peligro. Fue su último pensamiento coherente por un largo, largo tiempo.
    εїз
    Casandra Makris apoyó las palmas de su mano contra el cristal de la ventana y se quedó con la mirada fija en la noche. El zumbido suave de la música se escuchaba casi perdido en el chapoteo de la lluvia contra las ventanas. Una enorme tormenta azotaba la ciudad. El aire era helado y el clima era azotador. Era tan horrible como su estado de ánimo.
    Dejó su mirada vagar suavemente por la oscuridad de la noche. Pasó una mano a través de su cabello, estudió la ciudad debajo. A estas alturas de su vida, una gran ciudad era parecida a otra gran ciudad. Todo era monótono y siempre lo mismo. Últimamente, lo único que lograba despertar su interés era su trabajo. Retarse a sí misma a ser la mejor en su carrera era lo único que la hacía sentir adrenalina. Cada día se enfocaba más en su trabajo y eso la hacía sentir menos encadenada a la emoción humana. Bueno. Había algo de emoción humana cuando tenía sexo. Eso la hacía sentir viva. Sentía algo por lo menos. Tener sexo con una mujer alejaba la oscuridad, el rencor y la soledad. Pero era solo sexo y la vez que terminaba la adrenalina del momento se iba.
    Pasó una mano a través de su pelo y suspiró profundamente. Sus ojos se estrecharon, observando las luces oscilantes más allá del parque, mientras tras de ella, recostada en la cama, Abigaíl dormía plácidamente agotada. Sus juegos de cama siempre cobraban su precio en una mujer.
    <> Dijo una voz en su cabeza. Apretó la mandíbula. No debería de tener esos malditos pensamientos en su cabeza. A lo largo de su vida había tomado muchas malas malditas decisiones y se había jurado no tomar más. Pero por un instante se había dejado arrastrar por un deseo oscuro. Prácticamente, ni recordaba cómo era que había ocurrido. Su cerebro, su lado racional y lógico repasaban en su cabeza, una y otra vez la escena. En un instante paso de estar redactando un balance de ventas y al instante siguiente estuvo sobre Valentina Carter saciando su lujuria. ¡Maldita sea! ¿En verdad aceptó follarla a cambio de no despedirla?
    Casandra siempre había sido una mujer fuerte, decidida. Luchaba por lo que deseaba y nunca se privaba de nada. Era cierto que había deseado a la recepcionista desde la primera vez que la vio. Pero jamás pensó hacer nada al respecto. Era una chica rubia, nada más. Una de tantas. La deseó desde el primer momento y tenerla a mano…
    Negó con la cabeza. Ella no era una idiota. No pondría en riesgo su carrera, su trabajo y todo lo que había logrado construir a lo largo de los años por una cara bonita. Ella era Casandra Makris. Una profesionista de éxito y la mejor en el mercado. Unos ojos bonitos no la manipularían. ¡Maldición! Aquello no había transcurrido en absoluto según sus planes. Era difícil sorprender a Casandra, pero aquella mujer lo había conseguido.
    Casandra culpaba su debilidad a la frustración que había tenido esa misma mañana gracias a una discusión con su progenitor. A estas alturas de su vida, el hombre que proporciono el esperma para traerla a la vida aún se sentía con el derecho de manipularla. Siempre que discutía con él, Casandra se estresaba, enfurecía y necesitaba con urgencia desahogarse, Valentina Carter se le ofreció en el momento justo.
    Un poco más y había logrado tomarla sobre el piso de su oficina. Pensó estúpidamente que ella se acobardaría, pero no lo hizo, dejó que la tocara e hiciera cuanto Casandra deseaba hacerle. Aún recordaba su delicioso aroma contra ella. Casandra respiró hondo; intentando apagar el fuego que todavía ardía en su sangre; sin embargo, la descarga de lujuria que se había apoderado de ella desde esa tarde estaba resultando ser inusualmente tenaz. Ni siquiera follar a Abigaíl había ayudado. Hacía mucho tiempo que no experimentaba un deseo semejante, un deseo que necesitaría mucho más que un revolcón mediocre sobre la alfombra, para quedar satisfecha…
    Pero por más que deseaba satisfacer su lujuria, tenía que ser más inteligente. Ella reflexionaba con su cerebro, no con su vagina. No podía siquiera considerar la idea de favorecerla laboralmente si ella no se lo merecía. Casandra no sería tan idiota de dejarse manipular de esa manera. Tenía que haber otra forma de…
    Sonrió amargamente cuando una absurda idea llegó a su cabeza. Casandra era una mujer de negocios y, por lo tanto, siempre obtenía lo que deseaba negociando duramente por ello. Oferta y demanda. Era el truco.
    <>
    A lo largo de su vida y desde que ella aceptó su sexualidad. Casandra había conocido mujeres hermosas. Ella no tenía relaciones amorosas, pero si amantes en su cama. Por lo general prefería una belleza más discreta, más reservada; sin embargo, aquella chica rubia le había llamado la atención, con la combinación de su cabello rubio, su piel blanca, ojos azules y labios rojos. Y ese cuerpo… ¡Qué demonios! Esa chica tenía un cuerpo ante el que cualquier hombre o mujer aullaría de deseo: extremidades largas y torneadas, un trasero muy redondo y unos pechos turgentes. Casandra todavía se estremecía ante el recuerdo, demasiado presente de haber tenido pegadas a ella todas aquellas curvas deliciosas. Había sido el cielo… Y el infierno. Porque no había podido tocarla como de verdad deseaba hacerlo. Casandra respiró hondo; intentando apagar el fuego que todavía ardía en su sangre, pero la descarga de lujuria que se había apoderado de ella desde esa tarde no cedía. Tenía que hacer algo, ella no era de las mujeres que se quedaban con los brazos cruzados. Si deseaba a esa mujer, la obtendría de una forma o de otra. Y una vez que saciada su lujuria podría continuar con su vida como siempre.

  2. CAPÍTULO 1
    Denver, semanas después…
    ​—¡Gracias al cielo, termino!
    Valentina Carter echó su silla hacia atrás y estiró los brazos al cielo, estaba agotada, pero muy contenta.
    —Deberíamos ir a un bar a celebrarlo.
    Dijo Lena Burton. La jefa del departamento de diseño. Era increíble el buen equipo que ambas lograban formar. Habían trabajado durante dos semanas en ese proyecto y al fin podrían mostrarlo en a la junta directiva al siguiente día.
    —No creo que beber la noche antes del gran día sea buena idea.
    Lena tendría una presentación complicada, ya que el proyecto no solo debía ser aprobado por Casandra Makris. La jefa del departamento de ventas. El proyecto además sería analizado por la marca y la junta directiva. Era la primera vez en que Lena organizaba toda una campaña prácticamente ella sola, ya que la señorita Makris ahora estaba enfrascada en otra misión empresarial. Eso la hizo sentir un hueco en el estómago.
    —Vamos, Valentina, nos merecemos una copa.
    Lena esbozó su irresistible sonrisa. Llevaban varios días trabajando en eso, pero ella seguía teniendo un aspecto increíble y demasiada energía.
    >>—No estoy diciendo que nos vayamos de juerga.
    Insistió.
    >>—Solamente será una o dos copas de vino y volverás temprano a casa con los niños.
    —Es que…
    Valentina se mordió el labio inferior, un poco nerviosa. Lena arqueó una de sus cejas, eso hizo reír a Valentina, pero aún continuó con el sonrojo en sus mejillas. 
    —No iras directamente a casa con los niños, ¿cierto?
    —La forma en que lo dices me hace sentir la peor tutora del mundo.
    —¡Vale!
    Lena se sopló un mechón rebelde de su cabello para apartárselo de la cara y le lanzó una sonrisita.
    >>—Dejaremos la copa pendiente para otra noche, supongo que deseas ver a tu novia después de tres días de ausencia. ¿A qué hora llegará?
    —Su avión aterrizó hace media hora, nos encontraremos en su casa.
    Valentina sonrió aún más. Tres días de ausencia. Esas dos semanas estaban resultando ser estresantes. En los primeros días de noviembre había saltado la noticia de que la empresa en la que trabajaban, se fusionaría con HareDigital global. Se estaban enfrentando a la fusión corporativa de dos empresas. Los directivos pensaban que fusionarse con una empresa especializada en Marketing Digital[2] ampliaría su margen de mercado. En esta nueva era, el dominó el mercado del marketing digital equivalía a un 45 %. Esto se debía al hecho de que las principales empresas y marcas encuentran en su territorio un público objetivo más amplio para promover su contenido, y comercializar sus productos en línea. La empresa buscaba la manera de diversificarse. Al menos era lo que Casandra le había explicado.
    Lo primordial era cerrar el trato antes de que terminara el año y el Concejo Directivo decidido que la única que podía lograr ese acuerdo con éxito y en favor de los intereses de la empresa era Casandra Makris. Así que el romance de cuento de hadas de Valentina Carter, estaba en pausa. Después de su hermosa declaración en el día de Halloween apenas y se habían podido encontrar. Casandra le había informado que las reformas del nuevo apartamento comenzarían ese mismo mes, pero hasta el momento no había tenido más noticias. Casandra se había pasado de viaje en viaje a San Francisco, donde estaba la sede principal de HareDigital. En las pocas ocasiones que se habían visto, el conversar era lo último en sus mentes. Ni siquiera le había contado de su plan en el día de acción de gracias. Valentina pensaba que una cena tradicional sería el momento ideal para que Casandra tuviera su primer acercamiento con Jud y Jeffrie. Pero ni siquiera estaba segura si Casandra estaría en la ciudad para esa fecha. Sus conversaciones eran escasas por teléfono y mensaje, ya que Casandra no era de las que perdiera el tiempo con eso. Cuando hablan por teléfono se sentía… raro. Prácticamente, no conocía de nada a Casandra Makris, pero esa mujer no era una persona conversadora. Y cuando hablaban prácticamente era la misma Valentina la que hacía todas las conversaciones.
    —Aún es increíble de creer que Casandra Makris tenga una novia.
    Dijo Lena acomodando las carpetas. La sonrisa de Valentina se evaporó. La relación con Casandra Makris era un secreto total. Hasta el momento solo Lena lo sabía. Y realmente era incómodo para Valentina, no quería que Lena la beneficiara simplemente por el hecho de ser la amante de su superior.
    —Tú la conoces desde hace más tiempo que cualquiera.
    Valentina se humedeció los labios
    >>—Seguramente conociste a alguna otra que…
    Lena la interrumpió con una risa nerviosa.
    —He trabajado con Casandra por años, pero eso no significa que la conozca.
    Miró a Valentina a los ojos.
    >>—Ni siquiera creo que Cristóbal o Patrick te puedan asegurar que la conozcan bien.
    —Eso no me da muchas esperanzas.
    Valentina hizo una mueca.
    —Ciertamente, Casandra siempre ha sido un misterio para todos.
    Lena se acercó y colocó una mano en su hombro.
    >>—Pero está cambiando, eso es un hecho. Y el cambio es bueno. Eso debe significar que si tiene sentimientos por ti ¿No crees?
    —Tal vez tengas razón.
    Aunque fueron sus palabras a Valentina seguía quedándole el desasosiego en la boca del estómago. Nadie podría culparla por tener dudas. Después de todo era de Casandra Makris de quien hablaban.
    Terminando su trabajo lo más temprano que le fue posible, Valentina se puso en marcha a encontrarse con Casandra. Aunque aún no muy convencida, optó por tomar un taxi para llegar aún más rápido. Sus finanzas aún no eran holgadas ni nada, pero Casandra se molestaría si se enteraba de que llevaba en autobús. Valentina no era tonta, sabía muy bien que, si deseaba tener una relación con Casandra Makris, mínimo tenía que buscar la manera de no avergonzarla. Después de todo, el estilo de vida de ambas era completamente diferente. Valentina sonrió al intentar imaginarse a Casandra subir a un autobús o intentar viajar en metro.
    —Eso jamás sucederá.
    Susurró riendo para sí misma, ganándose una mirada extraña del taxista. Cuando llegó al edificio, se tomó un segundo para alzar la cabeza y recorrer con la mirada la estructura del complejo de apartamentos. Era sin duda mucho muy diferente al destartalado lugar donde vivía. ¿Por qué razón hoy estaba tan obsesionada en las diferencias entre ambas? No tenía idea, pero lo cierto era que no podía dejar de pensar que al ser ellas tan diferentes…
    —¿Valentina? ¿Qué haces?
    Valentina bajo rápido la cabeza y miró hacia la derecha. Encontrándose cara a cara con la misma señorita Makris bajándose de su coche. Como siempre ella estaba vestida elegantemente. La observó mientras ella caminaba en sus imponentes tacones negros, ahora llevaba unos pantalones de vestir holgados, una blusa de seda dorada y su cabello estaba extrañamente sujeto en una coleta. Jamás la había visto sujetar su cabello en una coleta. Frunció el ceño.
    >>— ¿Valentina?
    Escuchar su nombre de nuevo la hizo salir de su ensoñación.
    —Miraba la estructura.
    Comentó. Miró hacia el coche, hacia Casandra. Y viceversa.
    >>—¿Vienes de algún lado?
    Preguntó confundida. Porque por lo que sabía. Un auto de la empresa la había recogido en el aeropuerto.
    —Tuve que salir a comprar algunas cosas.
    Aseguró Casandra acercándose a ella. Sonaba completamente lógico, pero había algo que le extrañaba a Valentina. Pero sus sospechas quedaron olvidadas cuando Casandra se acercó lo suficiente para colocar una de sus manos en su espalda. Sin decirle nada, la dirigió hacia la entrada del edificio y después directo al ascensor.
    —¿Cómo fueran las negociaciones?
    Preguntó intentando calmar su acelerado corazón cuando se cerraron las puertas del ascensor. Se giró hacia Casandra muy consciente de que le costaba respirar y que cada vez que inspiraba su deliciosa fragancia se arrastraba dentro de su ser una inquietud incontrolable.
    —Esta fusión es un fastidio.
    Casandra se acercó a ella, Valentina quedó atrapada contra la pared del ascensor, cuando el cuerpo de Casandra se aproximó imponente y tomó sus labios deliberadamente. Los labios de Casandra eran suaves, como el terciopelo, se encontró con su lengua al instante; ella acarició cada parte de su boca, enredándose con su lengua, lamiendo su labio inferior, adentrándose profundamente en su boca. Apretó su cuerpo firme contra el suyo. Casandra Makris tomó el control de su cuerpo y la dejó. Valentina gimió mientras la besaba y enterró las manos en su cabello. La acercó a ella. Todo parecía tan irreal, pero era real. Estaba besándose con una mujer en un elevador en el que cualquiera podría entrar en cualquier segundo. Casandra le sujetó la cara por los lados, impidiéndole de esa forma escapar las embestidas de su lengua. Estaba abierta a ella y a lo que quisiera hacerle. La reacción de Valentina ante Casandra era pura debilidad. Lo había sabido durante todo el tiempo, aunque al principio solo se lo imaginaba. La realidad era devastadora.
    Casandra apartó una mano de su cara y la bajó para posarla en su cuello. Su beso se fue deteniendo en dulces mordiscos hasta que apartó los labios y Valentina sintió el aire fresco en la parte húmeda que acababa de besar.
    —Abre los ojos.
    Ordenó Casandra. Valentina levantó la vista para ver su cara a escasos centímetros de distancia, con sus ojos oscuros ardientes de deseo.
    >>—Me encantan tus ojos.
    Declaró ella. Pero ese piropo la hizo sonrojar. No era muy común en Casandra ser dan cariñosa.
    —Creo que olvidaste tus compras el tu coche.
    Atinó a decir nerviosamente tratando de desviar la conversación. Tal vez no era la cosa más inteligente e interesante que decir en esa situación, pero en su defensa su cerebro en ese momento estaba aturdido. Casandra no se perturbó por sus palabras, continuó mirándola con esa intensa mirada y a continuación inhaló. Valentina enrojeció, estaba completamente húmeda y se preguntó si la podría oler
    —Hueles tan bien… y tan jodidamente sexi.
    <> Con el pulgar de la mano que todavía tenía apoyada en su cuello le acarició la clavícula. Y no hizo nada para detenerla. Estaba disfrutando demasiado con la imagen que tenía delante. Le había alborotado el pelo con las manos entre tanto beso. El elevador sonó cuando llegaron al piso de ella. Casandra la miró con deseo antes de apretar la mano e inclinarse para recoger el bolso de Valentina que había caído al suelo. Sujetándola de la mano, la guio hasta su apartamento. Mientras cruzaban la puerta, el teléfono móvil de Casandra sonó. Pero mientras Valentina se quitaba los zapatos para estar más cómoda, notó la reacción en el rostro de Casandra al ver la pantalla del móvil.
    —¿Ocurre algo malo?
    —Nada que sea urgente.
    Negó con la cabeza
    >>—¿Quieres comer algo?
    ¿Comer? Valentina abrió mucho los ojos. Por lo general, Casandra no era buena anfitriona. Al menos no con Valentina, ya que en cuanto estaba dentro de su territorio, Casandra hacia lo imposible hasta acorralarla.
    —Si tienes hambre, puedo preparar la cena…
    Casandra no la dejó terminar, la cogió de la barbilla. Valentina sintió que su cuerpo se acaloraba mientras dejaba que le levantara la cara.
    —No tengo hambre de comida, exactamente.
    Susurró Casandra peligrosamente
    >>—Te quiero en mi cama.
    Sus ojos oscuros nunca abandonaron los de Valentina. Tampoco le soltó la barbilla. La sujetaba con firmeza. Sus ojos se posaron en Valentina y recobraron esa mirada fulminante
    >>—Quédate esta noche conmigo, Valentina.
    El argumento de Valentina sobre que tenía que volver a casa con los niños, murió en su garganta. Le latía tan fuerte el corazón que estaba segura de que ella lo podía escuchar. Casandra no esperó respuesta, pegó sus labios a los de Valentina. Ella sentía la oleada de excitación de lleno entre sus muslos. Casandra era reservada en público, toda una auténtica competente mujer de negocios implacable, pero de puertas para dentro, cuidadito.
    En esta ocasión sus manos recorrieron todo su cuerpo. Valentina no opuso resistencia cuando le hizo retroceder hasta la esquina del living. Su tacto le excitaba y la ponía por las nubes al mismo tiempo. Casandra no dejó de besarla mientras llevaba la mano a su blusa para tocarle los pechos. Valentina Jadeó al sentir el calor de sus manos vagar con determinación explorando su cuerpo. Se arqueó hacia atrás, con el pecho hacia fuera, haciendo presión contra su mano. Entonces encontró su pezón entre el encaje y lo apretó.
    —Eres jodidamente sexi, Valentina. Me muero por ti.
    Le dijo Casandra con la boca pegada a su cuello mientras le hacía cosquillas en la piel con su aliento. Casandra la tenía totalmente hechizada y Valentina estaba segurísima de que ella lo sabía. Casandra la sorprendió cuando se apartó, pero no le dio tiempo a preguntar, sujetándola de la mano, la llevó por el pasillo hasta su habitación. Casandra era intensa y el cerebro de Valentina trataba de procesarlo todo mientras entraban a la habitación y Casandra se enfrentó a ella. La asechó lentamente como un depredador. Ya había visto ese movimiento antes. Ella era capaz de ir rápido, lento, brusco, suave, de cualquier modo, y hacer que pareciera espontáneo y natural. A Valentina se le aceleró el pulso a medida que se acercaba. A unos centímetros de ella se detuvo y esperó.
    —¿Casandra?
    Valentina tenía el presentimiento que a Casandra le ocurría algo, pero no podía estar segura de ello. Tampoco tenía la confianza para preguntar directamente, ya que no deseaba recibir una negativa. Sin decir nada, llevó la mano a su chaqueta color caqui, desabrochó el botón y la deslizó por su espalda hasta que aterrizó con un suave sonido en el reluciente suelo.
    —Eres guapísima.
    Casandra llevó la mano al dobladillo de su blusa blanca y la pasó por encima de su cabeza. Valentina levantó los brazos para ayudarle. Me quedó frente a ella con su sujetador de encaje mientras la devoraba con sus ardientes ojos oscuros. Con el dorso de la yema de los dedos recorrió sus hombros y su pecho. Esas delicadas caricias le hacían morir de ganas de más y no se podía quedar quieta ni un segundo.
    —Casandra…
    Valentina se inclinó hacia delante y fue directa a rozar sus dedos.
    —Dime, nena. ¿Qué quieres? —Casandra le echó la cabeza a un lado para dejar su cuello al descubierto. Entonces la besó. Valentina jadeó. El placer que sentía llegó a tal extremo que moría completamente de deseo. Había llegado a un punto de no retorno. La deseaba. Con todas sus fuerzas.
    —Quiero… Quiero tocarte.
    Llevó sus manos a su blusa de vestir y le aflojó uno de los botones superiores. Casandra se lo permitió mientras la sujetaba con suavidad y la miraba fijamente con tanta tensión que parecía la cuerda de un arco a punto de partirse. Lentamente, Valentina desabrochó cada botón, hasta que la blusa fue a parar al piso junto con la ropa de Valentina. Miró directamente hacia sus pechos cubiertos por el elegante sujetador negro. Quien iba a pensar que ella admiraría ahora unos pechos sexis y abundantes cuando siempre se sintió atraída hacia torsos musculosos y abdominales como tabletas de chocolate. Pero la vista de otra mujer desnuda o, mejor dicho, la vista de Casandra desnuda, ya no la perturbaba. Al contrario. Aunque dudaba que tuviera este mismo resultado con otra mujer. No se veía así misma en esta situación con otra que no fuera Casandra. Valientemente, se echó hacia delante y besó la unión de su cuello clavícula mientras intentaba desatar el broche del sujetador, pero Casandra la detuvo. Su fuerza y control eran obvios. En la cama Casandra tendría siempre el mando. Y por raro que parezca, a Valentina no le molestaba. Con ella estaba a salvo.
    Casandra se agachó para ponerse de rodillas y sus manos recorrieron sus caderas y las piernas de Valentina. <<¿Casandra Makris de rodillas? Ciertamente, era un espectáculo que aún le sorprendía>> Ella llegó primero a sus zapatos, tiró primero de uno y a continuación el otro. Sus manos volvieron a subir a la cinturilla de sus pantalones. Desabrochó el botón y una vez sueltos los arrastró hasta el suelo. Ese momento estaba resultando ser de lo más íntimo y erótico. Valentina sentía mariposas en el estómago y el deseo entre sus piernas era cada vez más fuerte. Casandra llevó los dedos al encaje de sus bragas y los deslizó bajo la goma. Tiró de ella hacia abajo hasta quitárselas. Quedo desnuda de cintura para abajo, miró su sexo y emitió un ruido, muy primitivo y apremiante, y entonces volvió a mirarla a la cara.
    —Valentina… Eres tan preciosa que no puedo… Joder… No puedo esperar.
    Sus dedos recorrieron su estómago y sus caderas y tiró de Valentina hasta levantarla junto a sus labios y besar su sexo desnudo. Valentina se estremeció ante ese íntimo roce que la mantenía cautiva, expectante por lo que venía a continuación. Casandra se volvió a poner de pie y llevó sus manos a su cintura con pausa. Valentina entendió el mensaje alto y claro. Mientras Valentina se concentraba en quitarle el resto de la ropa, ella tiró del broche de su sujetador y se lo quitó. Ahora si estaba completamente desnuda y Casandra aún conservó su ropa interior. Ambas se miraron a la cara.
    —¿Estás bien?
    Preguntó Valentina. Seguía con el presentimiento de que algo estaba sucediendo.
    —Quiero que te quedes conmigo. Una vez no será suficiente, no contigo.
    —No puedo pasar aquí la noche, Casandra. Hace dos noches Jud tuvo fiebre. Tengo que volver a casa.
    La mirada dura de Casandra no cambio. Pero Valentina notó un brillo extraño en su mirada.
    — Necesito follarte y luego bajaré el ritmo. Dame esta noche.
    Se aproximó hacia ella ¿Follar? ¿Por qué la palabra le sonó extraña? No era la primera vez que Casandra usaba esa palabra, pero esa noche se sintió… extraño. Tal vez fue el brillo extraño en su mirada mientras lo decía.
    >>—Por favor.
    —Pero no puedo pasar la noche…
    Los labios de Casandra amortiguaron sus protestas mientras la guiaba a ciegas hacia la cama, sin dejar de besarla, la extendió sobre el colchón y empezó a tocar su cuerpo. A besar su cuerpo. A calentar su cuerpo hasta que los pensamientos racionales que tenía antes de llegar a ese punto salieron y desaparecieron de su mente. Valentina estaba olvidándose de todo lo realmente importante y primordial, ya que solo era consciente de la lengua de Casandra revoloteando sobre sus pezones duros, alternando con pequeños mordiscos seguidos de suaves caricias para calmar lo que había hecho. El contraste la hacían estar por las nubes. Valentina sentía que podría tener un orgasmo en cualquier instante. El placer la hizo gritar y arquearse. Le temblaban las piernas mientras la tocaba, incapaz de estar quieta, Valentina se sentía desatada y desenfrenada bajo el cuerpo de Casandra. La señorita Makris le hacía sentir tan bien que eso provocaba que Valentina de verdad diera gracias por haber propuesto dar su cuerpo a cambio de su empleo algunas semanas atrás.
    —¡Casandra!
    Gritó su nombre desenfrenadamente para recordarse únicamente a sí misma que estaba aquí con ella y no perdida en alguna fantasía erótica de un mundo de ensueño.
    —Lo sé, nena. Deja que te cuide.
    Casandra apartó las manos de sus senos, las llevó a la cara interna de sus rodillas y las abrió. Completamente abierta frente a ella, miró fijamente su sexo por segunda vez esa noche.
    >>—Joder, nunca me canso de tenerte entre mis brazos.
    Y entonces llevó su boca hasta su sexo. Esa lengua suave dio vueltas en su clítoris y lo acarició. Valentina se retorció contra sus labios y su lengua. Se correría en un segundo y no había marcha atrás. No había marcha atrás con Casandra. Ella siempre conseguía lo que quería.
    —Me voy a correr…
    —Y estoy lejos de terminar contigo, este es el inicio.
    Casandra dijo entre sus piernas. Y entonces dos de sus largos dedos se adentraron en su interior y empezaron a acariciarla. Siguió follándola con los dedos mientras movía su lengua por su clítoris. A Valentina le invadieron una oleada de sensaciones y se contrajo en cuanto empezó a sentir el orgasmo.
    —¡Sí!
    Valentina gritó de golpe, no podía hacer nada más que correrse. Casandra la empujó al borde de un precipicio y la rescató mientras caía en picado. Surcó la ola del éxtasis bien sujeta a ella, con sus dedos muy dentro de su sexo, y la mantuvo firme. Era devastador y no podía hacer nada más que aceptarlo.
    Completa y deliciosamente desgastada, fue medio consiente de que Casandra se movía sobre ella. Escuchó el sonido del cajón de la mesilla de noche. Fue más consiente aun cuando Casandra sacó los dedos de su interior, por entre la neblina pos-orgásmica, Valentina entreabrió un ojo, y observó como Casandra se ataba las correas de uno de sus juguetes en su estrecha cintura. Era ese cinturón con un consolador a cada extremo. Cuando estuvo lista, Casandra levantó sus intensos ojos hasta los suyos y susurró:
    —Ahora, Valentina. Ahora vas a ser mía.
    En la punta de su lengua quedaron atoradas las palabras que Valentina quiso o, mejor dicho, creyó, serian una buena respuesta, pero no las dijo. Casandra cayó sobre ella y Valentina gimió cuando sintió el consolador de silicona deslizarse lentamente en su sexo. Las caderas de Casandra provocaron que se abriera más mientras hundía el consolador completamente en ella. Con una mano sujetó su cadera y con la otra la sujetó del rostro cuando volvió a besarla. Su lengua sabía la esencia de Valentina, pero eso ya no le causaba repulsión. Casandra Makris siempre la poseía por completo. Valentina surcó las olas de placer mientras Casandra poseía su cuerpo. Al principio lo hizo con fiereza. Embestía en ella de una manera cada vez más profunda. Sentía la llegada de otro orgasmo. Valentina sabía que Casandra también estaba sintiendo placer con cada estocada que le daba. Era el objetivo de usar un cinturón don dos penes de silicona. En su locura considero que tendría que intentar en una ocasión ser ella la que utilizara el cinturón… Casandra emitió toda clase de sonidos y le susurró al oído cosas sobre lo mucho que le gustaba follarla. Eso solo causaba encenderla más.
    —¡Casandra!
    Gritó su nombre al tiempo que se corría por segunda vez; su cuerpo estaba completamente rendido ante el suyo. Casandra no paró. Siguió penetrándola, hasta que llegó la hora de que alcanzara el orgasmo. Con el cuello en tensión y los ojos encendidos, siguió poseyéndola. Casandra soltó un sonido gutural que parecía una combinación entre su nombre y un grito de guerra y se estremeció sobre ella; sus ojos oscuros y brillantes contrastaban con la oscuridad de la habitación. Nunca apartó los ojos de los suyos cuando se corrió.

  3. CAPÍTULO 2
    Todo estaba seguro, silencioso y oscuro. Demasiado tranquilo y demasiado oscuro. Y el silencio fue lo más aterrador. Valentina sabía que el silencio no era nada bueno en absoluto en una casa donde había niños. Cualquier madre responsable sabía que el silencio pronosticaba el desastre… Madre responsable…
    Valentina se despertó y se incorporó de golpe cuando recordó que esa no era su habitación, no era su cama y no era su casa. De ahí era la razón del silencio.
    —¿Valentina? ¿Estás bien?
    Preguntó Casandra a su lado, encendiendo la luz de la mesilla. Valentina seguía desnuda en su cama.
    >>— ¿Has tenido una pesadilla?
    —¿Qué hora es?
    Conseguido preguntar mientras luchaba por aclarar su cerebro.
    —La una.
    Sintió la mano de Casandra en su hombro, pero Valentina se apartó.
    —¡Me tenía que haber ido a casa más temprano! ¡Te dije que no me iba a quedar a dormir!
    —Joder, Valentina, ¿Cuál es el problema? Es la una de la madrugada, maldita sea. Estás agotada. ¿No puedes quedarte sin más? ¿Por qué no duermes aquí?
    —Porque no puedo, tengo dos niños pequeños en casa ¿A caso lo has olvidado?
    Valentina saltó fuera de la cama y comenzó a buscar su ropa.
    —¡Por supuesto que no lo he olvidado! Ellos siempre serán la prioridad, yo solo puedo traerte a casa, follarte como salvaje, pero no podrás pasar conmigo el resto de la noche.
    Valentina se detuvo a mitad en su camino por abrocharse la blusa. Miró a Casandra, ella también se había levantado y estaba colocándose la bata de seda color gris. Parecía dolida y sonaba bastante ofendida. Y encima Valentina se sintió una cretina cruel aparte de encontrarse hecha una mierda emocionalmente.
    —¿Por qué me haces esto? Sabes que tengo una responsabilidad con los niños. No seas injusta.
    Valentina se sentía la peor persona del mundo. No tendría por qué elegir entre Casandra y los niños. No era justo.
    —¿Injusta?
    Casandra apretó los labios, Valentina intentó tranquilizarse.
    —¿Qué es lo que sucede?
    Preguntó Valentina con calma.
    >>—Te he notado rara estos últimos días…
    Ciertamente, no tenían grandes conversaciones como otras parejas podrían llegar a tenerlas. En las pocas veces que ella le había llamado por teléfono, cuando Valentina le contaba sobre alguna travesura de los niños o algo personal, Casandra siempre la escuchaba, de eso no podía quejarse. Pero no compartía nada personal de vuelta.
    —No tengo nada.
    Aseguró Casandra secamente. Valentina no sabía muy bien que decir ante esa situación.
    —Los mellizos son mi obligación, Casandra.
    —Soy muy consciente de ello.
    Nuevamente, utilizó ese tono de voz frío que Valentina conocía bastante bien. Valentina apretó los labios, de repente estaba tan agotada.
    —Jud tuvo fiebre la otra noche y estoy preocupada, aún sigue tomando antibióticos y aunque el pediatra dijo que solo era una leve infección no puedo dejar de preocuparme, necesito estar ahí.
    Era injusto que tuviera que estarse justificando, pero también comprendía que era injusto para Casandra tener que soportar las circunstancias de Valentina. Pero era así de simple. Valentina tenía dos niños. Si Casandra no estaba conforme con ello, bien hubiera hecho en encontrar una novia que no tuviera semejante responsabilidad. Nuevamente, era como si el mar de diferencias entre ellas se extendiera entre ambas.
    —Comprendo.
    Dijo Casandra sin mirarla a la cara y eso le dolió.
    >>— Iré a cambiarme y te llevare a casa.
    —Casandra…
    Intentó detenerla al verla dirigirse al cuarto de baño.
    —Termina de vestirte.
    Dijo Casandra sin detenerse y sin mirarla. <> ¿Tenía Valentina que despulparse por ser la tutora de dos niños? No era como si lo hubiera ocultado e incluso, Casandra había hecho el trato de sus acciones por un apartamento para todos ellos. Algo fantástico e impensable. Y cada vez a Valentina le costaba más trabajo imaginarlo. Ignorando el dolor de su pecho. Terminó de vestirse, sus zapatos estaban en la entrada. Casandra aún no salía del cuarto de baño, incluso hasta le pareció escuchar la ducha. Sin hacer ruido, salió de la habitación, en el living tomó su bolsa y se colocó los zapatos. Mientras se dirigía a la puerta, Valentina no podía dejar de pensar que ahora todo esto le parecía un error. Lo estaba estropeado todo. Pero no dio marcha atrás.
    Una vez en la puerta principal, corrió al ascensor y apretó el botón. Mientras esperaba, llamó para pedir un taxi. Mientras bajaba comprobó que llevaba el dinero para el taxi. Cuando salió al vestíbulo, el portero la saludó.
    —¿Puedo ayudarla en algo, señorita?
    —Ya pedí un taxi, muchas gracias.
    Hasta para sus propios oídos Valentina su voz sonaba demasiado decepcionada. Pero el portero solamente le brindo una cálida sonrisa. El taxi no tardó nada en llegar, el portero amablemente le abrió la puerta, y hasta insistió en acompañarla al vehículo, abriéndole la puerta del auto amablemente.  Valentina le agradeció y le sonrió. Después de eso le dio la dirección al taxista y miró por la ventana. La vista del elegante vestíbulo del edificio era nítida por la noche, era un elegante edificio, que llamaba demasiado la atención, pero ahora mismo lo que más llamó su atención, fue la mujer con ropa deportiva que salió del ascensor.
    Casandra se detuvo a mitad de camino en el vestíbulo con la mirada fija al taxi que se marchaba. Fue solo un segundo, pero Valentina pudo ver la frustración y la mirada herida en su hermoso rostro sin maquillaje. Por un segundo tuvo la sensación que ese último instante tal vez era el final de todo. Cerró los ojos y giró la cabeza.
    Era difícil.
    Era una locura.
    Pero tal vez era lo mejor.

  4. CAPITULO 3
    —Y entonces el perro gruñendo y enojado mordió en el trasero al hombre malo en el cual se golpeó con la pared y le salió mucha, mucha sangre.
    Valentina enarcó una ceja ante la narración con lujo de detalles por parte su amada, inocente y angelical niña rubia. Aunque parecía realmente emocionada con esa escena de violencia.

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