SEXO Y VINO de ERINA ALCALÁ

SEXO Y VINO de ERINA ALCALÁ

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Valeria Peláez, era una chica inteligente de Puerto Real. Había acabado Dirección de Empresas en la Universidad de Cádiz y se había incorporado a trabajar con su padre en la bodega familiar, donde hacía todo tipo de vinos. Con una gran cantidad de viñedos. Pero al cabo del año su bonita vida, dio un giro radical. Su madre murió en la pandemia, su hermano, ya vago de por sí, solo quería dinero y su padre también enfermó y se reunió con su madre en menos de un año. Su novio Rafa que vivía en casa con ella desde que terminaron la universidad, al ver ese desmoronamiento familiar, salió huyendo. Eso la quería -se dijo, hundida y por los suelos. Al morir su padre, ya solo le quedaban las tierras, la bodega que tanto amaba y su hermano, el estafador más grande que no pedía sino dinero y quería su parte. Ella no tuvo para pagarle, así que vendieron la bodega y la casa y sin decirla nada a su hermano, se fue a Dallas. Casada por poderes con Jeremy Powell dueño de una bodega, solo como ella y con el que en sus malos momentos chateaba con él. Se derrumbaba. Pero más de se derrumbó cuando al llegar a Dallas, su marido no era sino el primo de su marido. Le había estafado medio millón de dólares y le dejó una bodega abandonada, y un marido en coma debido a un accidente. No fue todo lo que le pasó en la vida. En menos de un año también su marido quiso divorciarse y con su dinero y el que le correspondía se fue a San Francisco, sin querer saber nada ni de sexo, ni de hombres ni de vinos… Pero la vida le tendría preparada una sorpresa a la que no pudo resistirse….


CAPÍTULO UNO
Valeria Peláez, estaba harta de su hermano menor.
Llevaba cinco años horribles de su vida desde que salió de la Universidad. Estudió Dirección de Empresas y todo lo relacionado con la viticultura, ya que sus padres habían sido dueños de unas tierras y una bodega de vinos, a las afueras de Puerto Real, un pueblo de Cádiz, donde habían criado vinos: manzanilla, olorosos, finos, moscatel entre otros…
Pero ya estaba demasiado estresada, estaba llegando a su límite y solo una escapatoria.
Todo empezó, con la muerte de su madre debido a la pandemia, después su perro Mico, de treces años, ya que ella tuvo una crisis nerviosa y se sentía culpable de las crisis de ansiedad y pánico que le daban, ya que su padre estaba enfermo, su hermano era un viva la vida, que solo quería la parte de la producción que le correspondía y que se gastaba en menos que canta un gallo.
Su perro murió, y ella sabía que había muerto de pena, de verla vomitar cada mañana y tener que seguir adelante con su vida, sin poder tirar de su cuerpo, hacerse cargo de su padre y de la bodega, el pequeño cortijo y la casa de Puerto Real…
Tuvo que sacrificarlo, a su pequeño y estuvo un año llorando.
La tercera fase fue el chico con el que salía desde que estaban en la universidad. Vivía en su casa con ella, su padre y su hermano cuando murió su madre. Había aprobado unas oposiciones a telefónica y vivía de ella. Y sus humillaciones eran al final puro maltrato psicológico. Su suerte fue que se enamoró de otra.
No sabía que le quedaba más por pasar porque, además, tenía que trabajar, llorar, vomitar, soportar la presión de ese hermano vago que tenía y visitar al psicólogo que no servía salvo llevarse los 50 euro que le pagaba mensualmente y le hacia las sesiones online.
No podía pasarle nada más. Cuando su novio Rafa se fue de casa, al menos tuvo un poco de paz emocional. Creyó que era lo último, pero mejoró, no era el chico de su vida, aunque su autoestima estaba por los suelos.
Al menos solo tenía que soportar a su hermano y el dinero. Las cosechas a pesar de todo eran buenas. Pero lo que ella nuca esperó es que su padre muriera a consecuencia de la tercera vacuna contra el COVID.
Ahí ya tocó fondo. Estaba sola para todo.
Su hermano quería vender todo y quería su parte, o que se la comprara su hermana, o venderlo todo.
Y ella estaba harta, le dijo que venderían, no podía más. Ya vería qué hacía con su vida.
Dani, lo vamos a vender todo, pero te doy mi parte de la casa y te quiero fuera de mi vida, si apareces, aunque seas mi hermano te pongo una orden de alejamiento y te meto en la cárcel. Hasta aquí he llegado.
-No te preocupes, me voy para Málaga, a Marbella.
Pero ella sabía que en cuanto se gastara el dinero volvería, así que tenía que volar ella también. Y que nadie supiera dónde iba. Nadie.
En ese tiempo en que su novio salió de casa, por las noches chateaba, en chat americano, sabía inglés y buscó uno en Dallas, que era tierra vinícola y al menos podía charlar sobre vinos, con lo que le gustaba y tenía que vender todo, que fue lo que hizo.
Chateo con un chico guapo, hablaban por Skype, Jeremy se llamaba. Que estaba solo como ella. Habían muerto sus padres y se había quedado solo en la bodega, pequeña le dijo y producían los mismos vinos que ella.
Dos años llevaban chateando cuando le dijo un día que estaba enamorado de ella y ella también de él, que su bodega necesitaba reformas, pero que él no tenía mucho dinero de sus padres, pero sí las tierras y demás, y que podían pedir un préstamo y casarse y tener su propia bodega. Le, enseñó fotos y como tonta, le envió algún dinero, medio millón de dólares y se casaron por poderes.
Iba contenta a Dallas. Cuando llegara a Dallas él la esperaría en el aeropuerto e irían a la Bodega Powell.
Vendió su casa. Y menos mal que de todo lo que vendió le envió solo medio millón, para que fuese arreglando todo.
-¿Cómo iba a esperar ella que, tras dos años, todo cuanto había pasado, llorado a él contándole sus últimos cinco años, si su hermano no la robara, la robara su marido?
Pero es que cuando llegó a Dallas no había nadie. Y preguntó por la Bodega Powell a un taxista en el aeropuerto media hora más tarde, harta de esperar y llamar a un móvil que no contestaba.
-¡Menos mal que existía la bodega! Nadie le contestaba al teléfono. Tuvo un miedo horrible, estaba cansada, tocada y hundida, en un país extranjero y con un mal presentimiento que mataría a todos los hombres.
Y solo tenía un cansancio extremo, ganas de llorar mil años seguidos, la mitad de su dinero que ya algo al menos era y al cambio más. Y 28 años recién cumplidos en los que nadie se acordó de felicitarla.
Después de horas de vuelo y que nadie la esperara en el aeropuerto había tomado un taxi.
Llegó a una especie de casa con viñedos alrededor, vieja, secas las vides y un tablero roto en la puerta de entrada.
El taxi la dejó en la puerta, y salió una señora, con un delantal blanco.
Lo que le faltaba.
-¡Hola! ¿quién es?-le dijo la mujer.
-Soy la señora de Jeremy Powell.
-¿Cómo?
-Por Dios, ¿es el rancho Powell?
-Sí, este es.
-La mitad es mío.
-¿Suyo?
-Sí, tome.
Y le dio el certificado, al menos había cambiado el dinero por el viñedo si es que podía llamársele viñedo.
-¡Dios mío!¿qué ha hecho este niño ahora?
-¡Qué niño!
-Luke, el primo de Jeremy.
-¿Cómo es?
Y la señora sacó un móvil que parecía sacado de los primeros móviles con cámaras. Ese no es Jeremy mi hija, ese es su primo, un rufián.
-¿Y cómo o tengo la mitad del viñedo?
-Porque tenía un poder que le cumplía ayer.
-Madre mía. Esto debe ser ya lo último.
-¿De dónde vienes mi hija?
-De España. Le he dado un buen dinero.
-Mal asunto, anda pasa. Ya hablamos de todo.
El taxista sacó las maletas y ella le pagó y entró con ellas en casa pequeña y desvencijada.
Se le cayó el alma al suelo cuando entró.
Las sillas viejas, el polvo, la cocina…
-¿Quién cuida esto?
-Mi marido, pero bebe y siempre está en la ciudad.- Y lo dijo como si fuese normal.
-¿Y quién limpia?
-Es que no me da tiempo.
-¿En todo el día?
-No nos paga nadie. Nos daba algo de dinero el señorito Luke, pero como se ha ido para siempre…
-¿A dónde se ha ido ese sinvergüenza con mi dinero?
-A Nueva York. Cualquiera sabe si es cierto.
-Muy bien. ¿Y existe Jeremy?
-Sí señorita- la mujer se veía asustada.
-¿Edad?
-28 años- como ella.
-¿Dónde está?
-Venga por aquí.
Y entró en una sala que tenía una ventana que daba a la calle. Con una cortina rota.
Se acercó, llevaba barba de dos meses sin arreglar. Acostado en la cama, inmóvil, sucio y sin lavar.
-¿Cuándo viene su marido?
-Siempre viene de noche.
-Vale, ¿qué tiene Jeremy?
-Está en coma.
-¿Desde cuándo?
-Hace dos meses.
-¿Qué le pasó?
-Un accidente. Venía de Italia. Sus padres fueron a por él al aeropuerto. Murieron, y él quedó así. Su primo se ha llevado todo el dinero.
-¿Y qué ha dicho el médico?
-No sé señorita, si yo no sé leer.
-Pero esto qué es. ¿Silla de ruedas? ¿Rehabilitación?
-No señorita. Yo no sé nada.
-Vale, prepare las maletas, su marido y usted se van en cuanto su marido, venga. Fuera de mi propiedad.
-Pero señorita…
-Señora y he dicho que fuera de mi propiedad.
-Ya se lo decía, que nos iban a echar- iba murmurando.
Y la mujer se fue llorado arriba a hacer dos maletas viejas y se sentó en la puerta.
-Ni cena ni nada y estaba muerta.
Gracias que la ciudad estaba a siete millas, y llamó a información para pedir comida.
-Dos sopas y un filete una tortilla y yogures.
Ya se ocuparía al día siguiente. De ver qué había.
Mientras, dejó sus maletas en la sala de Jeremy.
Y buscó un barreño, lo llenó de agua caliente, al menos había.
Lo desvistió.
Era un hombre alto fuerte y guapo.
No quiso no ver su miembro, no estaba para eso.
Lo lavó bien, con lo poco que quedaba y lo peinó, no había ni una maldita cuchilla de afeitar.
Al menos estaba limpio, intentó encontrar unas sábanas más negruzcas que otra cosa, pero al menos limpias y como pudo se las cambió.
La cama era bastante grande, eso sí
Y cuando vino la cena, ya había venido el marido de la señora y los echó a patadas. Avisando de llamar a la policía si aparecían por allí.
Y se quedó sola.
Le dio de comer a Jeremy como pudo y ella tomó algo.
Se dio una ducha y se acostó con él. Mañana sería otro día.
Al día siguiente, cuando se despertó, buscó si había un coche. Uno viejo en el garaje, abierto. Aquello era para morirse.
Al menos andaba. Lo cogió y paró en la primera tienda y compró comida. Preguntó por un matrimonio para trabajar en un viñedo, y la chica del comercio le dijo que habían venido el día anterior, una pareja joven buscando lo mismo.
-¿Te han dejado teléfono?
-Sí, señorita, tome.
Y mientras le cobraba y echaba en las bolsas la comida necesaria para unos días y no dejar solo a Jeremy los llamó.
Les dijo la ubicación de la bodega.
-¡Está bien!, estamos en Dallas en un par de horas, vamos.
-Me llamo Valeria Peláez.
-No se asusten cuando entren.
-No, rio el chico que parecía joven.
Llegó a casa y le calentó leche y se la dio con una pajita.
Al menos tragaba, en coma del todo no estaba.
En cuanto vinieran la pareja iba a llevarlo al hospital, lo afeitó y le cortó el pelo como pudo, lo vistió y le echó colonia.
Y en eso apareció la pareja joven.
-Pasen, no les ofrezco ni café en vista de cómo me he encontrado esto.
Los pasó a la sala de Jeremy.
Y luego al salón. Ellos miraron asombrados.
-Pero… ¿qué ha pasado aquí?
-Eso quisiera yo saber.
La pareja se llamaba Jacob y Ana.
Y les contó su historia.
-Necesito poner esto en marcha y a mi marido también. He visto lo que se paga y eso puedo pagarles, tengo que poner en marcha la casa, la bodega, no sé ni cómo estará y han dejado de regar las vides, he visto que tiene riego por goteo, pero están secas.
-Nos quedamos.
-¿En serio?
Y ella casi llora.
-Nos quedamos con usted.
-Hay una casita pequeña, seguro que será para ustedes, aunque los que estaban, habían ocupado esta.
-Veamos las llaves.
-Ana limpiará la casa nuestra y yo echaré un vistazo a todo.
-Jacob…
-Dígame señorita Valeria.
-Menos la casa grande, dime lo que hace falta. Creo que hay folios y un lápiz por aquí.
-Tengo, no se preocupe.
-¿Han desayunado?
-Sí, hemos desayunado.
-Este es un manojo de llaves y otro
-Buscaremos a ver de qué son.
Y encontró el de la casita, Ana y ella abrieron.
-Señora, voy a la ciudad. A comprar lo necesario para la casita y a por lo que tenemos en el hostal y pago.
-Vale Ana.
-¿Qué es mejor?, que pague a un médico o que llame a una ambulancia.
-Vamos a ver si tiene seguro de salud.
-Tiene este. Llame a una ambulancia y esto lo presenta en la recepción.
-Gracias, voy a llamar.
-De este hospital.
-Gracias Ana.
-Primero arreglaré la casita. Si usted se ocupa de Jeremy. Voy a pintarla.
-¿Cómo está?
-Bueno, bien, no ha sido usada, tiene polvo, pero me gusta pintarla. Tiene tres dormitorios arriba, una salita, el salón, cocina, patio. Para nosotros muy bien. Está mejor que la casa. Tardaré un par de días o tres.
-Nos damos los teléfonos. De todas maneras, Jacob tiene que mirar bien todo.
-Muy bien.
-Voy a llamar a la ambulancia y te llamo y te digo lo que sea, cuida viene esto.
-No se preocupe.
-Si necesita la casa sabanas o algo, me haces una lista, y te pago.
-Vale señorita Valeria.
-Voy a llamar.
CAPÍTULO DOS
Y en una hora estaba en un hospital de Dallas con su supuesto marido. Bueno, su marido de verdad.
Después de un buen reconocimiento que duró casi todo el día, lo dejaron dos días en el hospital.
Al menos le dieron buenas noticias. Despertaría un día u otro, no era un coma inducido y comía, lo único que debía tener una sonda puesta y suero mientras despertaba para no deshidratarse.
Llamó a Ana y le dijo que debía preparar una habitación en la casita hasta que arreglara la casa más grande. No podía tenerlo allí.
-No se preocupe, Jacob ha mirado y no está en condiciones.
-¿Tienes sábanas?
-No señorita.
-Voy a comprar en un bazar unas cuantas cosas y las envío. Ya cuando tenga la casa, compraré.
-Vale, necesitas algo más.


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