Una latina muy parisina  de Elizabeth Betancourt

Una latina muy parisina de Elizabeth Betancourt

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Una latina muy parisina (Amor fugaz Nº1) de Elizabeth Betancourt pdf descargar gratis leer online

Sinopsis

Érase una vez una joven hermosa, vivía en el lejano reino de México y trabajaba día y noche. En el amor ella no creía, pero en secreto soñaba, con que algún día un príncipe al mundo del placer prohibido se la llevaría.
Marisol se llamaba ella, la experta en moda le decían. Con sudor y amor logró, una invitación especial que ni en sueños imaginaría, a Paris la invitaban, la magia de Francia, a gritos la llamaba.
Sus hadas madrinas la alentaban: —“Ve a cazar a un príncipe francés y ten mil churumbeles con él” —Le decían.
Lo que la pobre Marisol no sabía, es que en vez de cazar un príncipe, con un sapo se encontraría.
André Leduc odiaba al amor, las mujeres eran brujas y de sus hechizos se cuidaba, libertino era y del sexo disfrutaba. ¿Qué pasaría con ese disoluto si en su camino se cruzaba, una latina alocada?

Capítulo 1

¡No se lo podía creer! Y decía su abuela que la vida era un escenario de sucesos dramáticos con un final aún más dramático donde la muerte se te lleva y te das cuenta de que no has hecho nada en la vida, que no has logrado realizar ni la mitad de tus sueños… ¡Qué equivocada estaba! Sin embargo, Marisol no la culpaba en absoluto, la comprendía. Había luchado por todo con uñas y dientes, la había criado sola y le había dado la educación que tan costosa le salía a uno en Ciudad de México. La sociedad era exigente, para ser respetado y vivir dignamente uno debía estudiar, formarse, conocer idiomas, tener un buen trabajo que le garantizará una futura estabilidad económica…
Lo malo era que conseguir todo eso en un país relativamente pobre que presenta muy pocas opciones y oportunidades en comparación con otros países y territorios más desarrollados, resultaba una tarea complicada, incluso en algunos casos, imposible… Y eso que vivía en una de las zonas de México con más alto desarrollo humano y con una excelente calidad en servicios y administración, por no hablar que el PIB de su ciudad había aumentado considerablemente en los últimos años…
A pesar de ello, su querida abuela había pasado por enormes dificultades hasta criarla como dios manda y convertirla en lo que era hoy en día: Una asesora de imagen personal exitosa que con solo veintiocho años había llegado a la cúspide de su carrera, lo demostraba esa invitación de trabajo con contrato de un año que estaba sobre su mesa de trabajo, brillando de una manera apetecible, su color plateado indicaba un estatus por el que había estudiado muchísimo, tantas noches sin dormir habían valido la pena, los sueños se cumplían, los esfuerzos de su abuela y los suyos, por fin daban frutos…
¡Paris! Ni en mis mejores sueños habría creído que es posible ir y vivir allí haciendo lo que más me gusta, la moda se dijo a sí misma mientras procuraba controlar su fuerte emoción y no gritar de alegría en la oficina, aquello no causaría muy buena impresión a sus superiores que eran más snobs que la realeza británica.
Nunca había encajado bien en “Máximo Moda”. A ella le gustaba reír, bromear, emocionarse por las cosas. Amaba a la moda, pero no censuraba a nadie por sus gustos, de hecho, se inspiraba por todo lo que la rodeaba, creaba looks en su cabeza observando a las personas humildes que caminaban por las calles absortos en su día a día.
Se sentía orgullosa de su cultura y de su país, tan rica en todos los aspectos, tan apasionante que llegaban miles de extranjeros para estudiar aquella historia tan antigua y llena de enseñanzas.
En “Máximo Moda”, se despreciaba todo lo nacional, pretendían parecer gringos o quién sabe… Pero, rechazaban su historia, rechazaban a los antepasados que tanto enriquecían aquel país cuya gastronomía estaba en todas las listas mundiales de mejor comida.
Marisol opinaba que no había nada mejor ni más placentero que comerse un buen tamal mientras escuchaba alguna canción ranchera junto a su abuela que adoraba bailar y cantar, la muy pesimista tenía más ritmo y talento que La Panchita.
A pesar de todo el amor que profesaba hacía su México lindo y colorido, ir a Paris era su mayor sueño desde que tenía once años. Ver todas esas construcciones artísticas y caminar por las calles en las que habían estado algunos de los artistas más destacados de la historia de la humanidad, era un gran privilegio, una inspiración que no muchas personas tenían oportunidad de sentir.
Miró otra por enésima vez aquella invitación, era tan elegante y refinada con su brillo dorado y sus letras cursivas en color negro que demostraba otro calibre de profesionalidad en aquel duro sector en el que no siempre se triunfaba y en el cual muchas veces, el éxito era sinónimo de muchos otros sacrificios que nadie imaginaba. La gente creía que el mundo de la moda era de color rosa, estaban muy equivocados, estando dentro de aquel mundo, la perspectiva cambiaba.
No todo era rosa, pero a Marisol le encantaba su trabajo, llevaba años viviendo por y para trabajar, puede que no fuera lo correcto, pero era lo único que la hacía sentir que tenía el control de su vida.
Su abuela todavía no lo sabía, debía darle la buena noticia ante sus amigas, sí, eso le encantaría porque lo que más le fascinaba a Doña María Guadalupe Hernández Hernández, era fastidiar y dar envidia a sus amigas con su inteligente y bella nieta, le encantaba tirarse flores a sí misma. Sí, después de sus telenovelas y la comida, esa era su actividad favorita, también era chismosa, en el barrio la habían apodado: “Doña Camión Atmosférico”, ya que sacaba afuera toda la mierda del barrio.
Marisol sonrió al recordar como la semana pasada su peculiar abuelita había descubierto que el vecino de enfrente robaba las galletas de Doña Carmen, otra chismosa y la mejor amiga desde hacía ya treinta años de su abuela, eran como uña y carne, inseparables y tan parecidas que algunos pensaban que eran hermanas.
Doña Carmen formaba una parte fundamental de sus vidas. Era la dueña de una pequeña pastelería decorada en colores lilas y tantas flores que, en vez de pastelería, llegaba a asemejarse a un jardincito.
Marisol había crecido en esa pequeña pastelería en la que cada uno de sus cumpleaños fueron, celebrados, a lo grande. Mimada y bien cuidada por aquellas dos mujeres inteligentes, luchadoras y bastante alocadas. La edad no había logrado hacer mella en sus almas fiesteras y ambas solían protagonizar cada fiesta que se llegaba a celebrar en aquel pequeño barrio mexicano en el que todos eran como una familia, pues se conocían de toda la vida. Personas humildes y trabajadoras que sonreían a la vida porque llorar las penas era de débiles y no solucionaba nada. Con esa educación y modo de pensar había crecido Marisol, por eso era ambiciosa y luchaba por lo que quería con una fuerza de voluntad que asombraba a las personas que llegaban a conocerla.
La joven asesora de imagen suspiró viendo la vista panorámica a través de los enormes ventanales de su despacho que llegaban desde el suelo hasta la altura de los techos. Se podía contemplar toda la ciudad y su esplendor.
Cuando había empezado a trabajar en Máximo Moda había creído que estaba en lo más alto en aquella esfera, pues esa era la empresa de moda más prestigiosa de la capital de México.
Ahora, tras tantas clientas entre las que había mujeres extranjeras muy adineradas, empezaba a aspirar a más. Por supuesto, agradecía todo lo conseguido hasta ahora, pero era ambiciosa y le gustaba evolucionar.
Entre sus éxitos más grandes se encontraba el vestuario para Latin Grammy de la hermosa cantante francesa Camille Lacroze, gracias a ella había recibido esa invitación para trabajar en Paris en una de las marcas y empresas más famosas y prestigiosas a nivel mundial. ¡Aquello era una locura! Se había inspirado en los manteles que usaba su abuela en la casa para el look de la cantante, jamás se habría imaginado que llegaría a ser tan exitoso, pero combinar la tradición mexicana con la moda contemporánea había resultado una decisión más que acertada.
—Otra vez holgazaneando… No sé ni cómo has logrado un ascenso laboral si no vales para nada, esos estúpidos franceses se darán cuenta cuando arruines su empresa.
Una voz femenina, ligeramente chillona y muy molesta la sacó de sus cavilaciones. Marisol se giró para observar a su pesadilla, alegrándose de corazón de que por fin perdería de vista a esa bruja odiosa que solo intentaba amargarla.
—Parece que respiras para molestarme Teresa, ¿no tienes nada importante que hacer?
—Vaya con la mosquita… Parece que ya se te está soltando la lengua, claro, como te vas a Europa ya te crees lo más, pero, ¿sabes qué?
—No, ilumínamerespondió Marisol con un tono sarcástico.
—Aunque la mona se vista de seda, mona se queda —contestó su compañera llena de veneno.
—Bueno, bueno… Ya vale de frases cliché, tengo mucho trabajo y no me gusta perder el tiempo. Si te dedicarás a tu trabajo en vez de incordiar, tal vez tendrías la oportunidad de ascender en tu carrera también.
—¿A quién te has tirado? —preguntó aquella loca de repente, dejando a Marisol atónita.
—¿Perdona? —Preguntó mientras sentía la rabia recorrer su cuerpo.
—Nadie consigue tanto en tan poco tiempo. Llevo aquí años y realizo el mismo trabajo que tú, hasta me acosté con el señor Rodríguez y ese español que se dedica a las relaciones internaciones de Máximo Moda y nada.
Marisol la miró sin poder creer lo que oía.
—No trabajas lo mismo que yo, he llegado a dormirme en este escritorio, mientras tú siempre que puedes faltas al trabajo. El mes pasado te dolía el dedo y no viniste una semana, me pareció horrible que nuestro jefe no dijera nada al respecto, pero ahora me cuadran muchas cosas…
Acostarse con tus superiores o con gente muy influyente no siempre es la puerta hacía el éxito Teresa, a la larga una consigue mucho más con sus propios esfuerzos. No te juzgo, pero me entristece que alguien tan capaz como tú, se rebaje de esa forma. Tu único impedimento es tu pereza. ¿Con el señor Rodríguez? ¡Tiene sesenta años!
Teresa chasqueó la lengua y contestó con una frialdad horripilante.
—Así es la vida, nadie consigue un nivel de vida alto con un trabajo honrado, tú has tenido suerte, pero verás en Francia que las cosas no son así, que el mundo no es como lo ves. Esos franceses te van a machacar, eres tan inocente que hasta se me han quitado las ganas de molestarte.
Acto seguido, la mujer se dio la vuelta saliendo del despacho de Marisol que se había quedado en shock. Sabía que ella no era precisamente buena, pero conocer su modo de ver el mundo, la entristecía de sobremanera.
En ese momento su móvil sonó y ella de forma mecánica, contestó, estaba todavía patidifusa, pero logró pronunciar en un susurro lo suficientemente alto como para ser audible: ¿Si?
—Niña, ya son las cinco de la tarde y es el cumpleaños de Cuca, te espera impaciente, esos jefes tuyos como siempre te exprimen a tope como si no tuvieras vida afuera de este maldito trabajo —hablaba sin parar Carmen impresionando a Marisol, la mujer poseía unos pulmones prodigiosos y una energía envidiable, no paraba quieta y con su metro cincuenta podía provocar auténticos desastres, un tornado de mujer.
—Ya lo sé Carmen, salgo en unos minutos, te prometo que llegaré a la pastelería a tiempo.
—Más te vale niña, ya sabes que eres su ejemplo a seguir y que te admira más que a nadie.
—Lo sé Carmen, yo también la adoro y también deseo llegar a casa cuanto antes.
—¿Y eso? Nunca te das prisa por volver, respiras para trabajar, yo lo sé muy bien, tu pobre abuela no para de quejarse —dijo Carmen, empezando a emplear su tono dramático, ese que era digno de una obra de Shakespeare.
—No empieces Carmen…—contestó Marisol poniendo los ojos en blanco, menos mal que no la había llamado su abuela, esa era de peor calaña.
—Bueno… vale, pero no llegues ni cinco minutos tarde o de lo contrario vamos con mi amiga a esa basura de empresa y te sacamos a rastras.
—Te creo, tranquila llegaré a tiempo, tengo una sorpresa para todos ustedes, ya verás Carmen guapa que tendremos dos motivos de celebración.
—¡No me digas que al fin has encontrado el príncipe azul! —exclamó la mujer haciendo reír a Marisol. El mayor deseo de Carmen y de su abuela era que ya se casará y tuviera hijos, sencillamente no comprendían que no se sentía aun preparada.

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